26/5/17

El negocio de los bebés robados movió cantidades millonarias... pudieron ser hasta 300.000 los bebés robados

"Una delegación de ocho europarlamentarios ha visitado durante dos días España para investigar los casos de bebés robados que comenzaron en el franquismo y se extendieron hasta los años 90. Enrique Vila, abogado y presidente de la asociación S.O.S. Raíces Adoptados, ha sido citado por esta comisión como víctima y experto jurídico.

 A día de hoy desconoce quién fue su madre biológica, pero sus años de investigaciones le confirman que en este país existió un sistema de adopciones ilegales que se convirtió en negocio. “Me he dado cuenta de la cantidad de millones que se ha movido dentro de la Iglesia y, si sale todo, sería un escándalo de una magnitud brutal.

 No pueden reconocerlo”, afirma la víctima. Sus años de indagaciones le han llevado a calcular que en el país hay unos 300.000 hijos falsos, es decir, personas a las que se inscribió como hijos biológicos de unos padres que no eran los suyos.

La delegación de la Eurocámara se ha reunido con representantes del Ministerio de Justicia, de la Fiscalía, la Conferencia Episcopal Española (CEE) y algunas víctimas. A falta de redactar un informe no vinculante con recomendaciones para las autoridades españolas, las primeras conclusiones han sido que hay una “falta enorme de confianza” de los ciudadanos en que el Gobierno les facilite el esclarecimiento de los hechos.

 Vila, en declaraciones a este medio, se reconoce “muy crítico” con el Ejecutivo y la Fiscalía por su inacción y la escasez de investigaciones, pero sobre todo arremete contra la jerarquía eclesiástica. “Las víctimas a las que represento no encontramos a nuestros padres por el oscurantismo de la Iglesia Católica”, explica. 

El abogado ha llegado a mandar docenas de cartas a la Santa Sede y a la Conferencia Episcopal, pero no ha recibido contestación. “Me parece muy grave porque el Papa Francisco sí que se ha reunido con las víctimas de bebés robados en Argentina”, indica.

Tanto Vila como la eurodiputada de IU, Marina Albiol, encargada de impulsar esta comisión de investigación, han recordado que durante “la represión de la dictadura franquista”  se entregó a los hijos de presas republicanas a familias afines al réginen. Hubo “claramente una política de limpieza étnica con las mujeres de izquierdas”, sostiene el abogado. 

Sin embargo, en los años venideros pesaron más “la Iglesia, la falsa moral y las ganas de ganar dinero” en una práctica que fue “más fácil” en España porque “Franco protegía a la Iglesia Católica”, pero que también ha tenido lugar en países con democracias como Irlanda, explica. 

A día de hoy, la asociación S.O.S. Bebés Robados se encarga de informar a las personas afectadas y brindarles apoyos legales para denunciar los casos. Una de las víctimas es María Dolores Ozaez que, junto a sus cuatros hermanos, busca a un quinto hermano que nunca conoció. 

El 2 de noviembre de 1959, en la Maternidad de la calle madrileña de O’Donell, su madre dio a luz a un bebé “grande, blanco, rubio, muy guapo” que nació llorando, según les contó ella. Lo dejaron a lo pies de su cama, enrollado en una toalla.

 Al poco rato, una monja se lo llevó y pasadas las horas le dijeron que había fallecido. “La llevaron a otra habitación y le enseñaron un niño muerto que vio de lejos. Creo que es ese bebé congelado que le enseñaron a tantas otras. Mi padre no sospechó nada, pero a mi madre le quedó la duda”, relata María Dolores. Muchos años después la familia denunció, pero la  causa fue archivada. A día de hoy trabajan por reactivarla.

Otro de los casos es el de Mercedes Villalobos, quien se enteró a los 49 años de que había sido adoptada. Debido a sus problemas auditivos, su marido atiende al otro lado del teléfono. “Ella se enteró porque tiene Parkinson y unos estudios determinaron que tenía un gen hereditario”, explica Francisco Fernández. 

Su padre, enfermo de cáncer y apunto de morir, le dijo que tenía algo que comunicarle que sería muy relevante para el conocimiento de su enfermedad. “Yo estaba presente. Con lágrimas en los ojos, su padre no podía decírselo. Ella le dijo: ‘Mira papá, eso tan importante que tienes que decirme es que soy adaptada’. Él se lo confirmó”, cuenta.

Tras la muerte de los padres de Mercedes, el matrimonio comenzó a investigar. Una tía tenía escondida toda la documentación. Había dos partidas de nacimiento – una en Osuna y otra en Málaga–, dos registros diferentes y documentos de hasta tres bautizos diferentes en la Casa Cuna de Málaga. También supieron, a través de una asistenta que trabajaba en casa de los padres, que la madre no biológica de Mercedes acudió al Hospital Civil de Málaga para fingir un parto.

 Además, Francisco pudo hablar con el doctor que atendió a sus suegra antes de que éste falleciera. Tenía 92 años y le dijo que no estaba “interesado” en remover asuntos del pasado. “Sospechamos que pagaron dinero, porque hemos encontrado cuentas, pero no podemos afirmarlo”.

Mari Cruz, portavoz de la Asociación S.O.S. Bebés Robados Madrid, busca a su hijo. Ella dio a luz un bebé sietemesino el 18 de agosto de 1980 en el Hospital 12 de Octubre de Madrid. Después le dieron el alta, el niño se quedó en la incubadora, pero se encontraba bien. Al día siguiente, cuando acudieron a verlo, no estaba donde siempre. “La doctora nos dijo que había fallecido. Fue un palo tremendo. Teníamos 21 años mi marido y yo. 

Estábamos llorando cuando nos pidió que siguiésemos trayendo la leche materna al hospital”, rememora. Ambos pidieron a la médica que le entregasen el cuerpo del bebé, pero ella les dijo que necesitaban 200.000 pesetas para enterrarlo y que, si no tenían ese dinero, el centro se haría cargo. “Nosotros no teníamos ni una peseta y ahí nos pilló. Nos quedamos muy mal y al cabo de un tiempo empezamos a ver que había cosas que no cuadraban”.

Mari Cruz y la otras víctimas no supieron hasta 2010 que había otras muchas personas en su misma situación. El silencio lo rompieron entonces unas 300 familias, que pidieron a la Fiscalía General del Estado la investigación del robo de bebés en hospitales españoles en los años 60, 70 y 80. A día de hoy, estas personas carecen de apoyo del Estado para hacer frente a los costes judiciales. 

Sus reclamos más importantes, hasta ahora desatendidos, son la creación de una Fiscalía específica que atienda sus casos en todo el país y de un banco de ADN que sirva para encontrar a sus familiares, una idea que consiguieron poner en marcha las Abuelas de Mayo en Argentina tras años de protesta. De momento, afrontan ellos mismos los costes de los procesos judiciales y de las pruebas genéticas."                   (María F. Sánchez, Cuarto Poder, 24/05/17)

25/5/17

Los jóvenes judíos norteamericanos que luchan contra la ocupación israelí

"La noche del pasado 20 de mayo, soldados israelíes destruyeron el Campo de la Libertad Summud, en las colinas del sur de Hebrón, erigido por cerca de 300 activistas palestinos, israelíes y judíos norteamericanos unos días antes. 

Se trataba de una acción simbólica para denunciar la ocupación de los territorios palestinos, donde hasta 1998 se encontraba Sarura, un antiguo pueblo palestino despoblado tras varios años de acoso por parte de los colonos y soldados israelíes. Durante el desalojo del campamento los soldados agredieron a varios  activistas, pero no hubo detenciones. 

Desde la cuenta de Twitter de la organización norteamericana IfNotNow relataban al minuto lo que iba sucediendo: “si nos agreden así siendo judíos, imaginad lo que le pasa cada día a los palestinos. La ocupación no es mi judaísmo”, explicaban pasada la medianoche.

Las acciones de este colectivo norteamericano formado por jóvenes judíos contrarios a la ocupación ha hecho saltar las alarmas de los defensores a ultranza de las políticas israelíes. Y ya van dos veces en dos meses que están dando mucho que hablar. IfNotNow congregó el pasado 25 de marzo a cerca de un millar de jóvenes judíos ante el edificio donde se celebraba la conferencia anual del poderoso lobby pro-israelí AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Entre Estados Unidos e Israel) en Washington. 

Tras una pancarta con el lema “Los judíos no serán libres mientras que los palestinos no lo sean también. Abajo el AIPAC, abajo la ocupación” y el hashtag #JewishResistance (resistencia judía), los jóvenes cantaban, bailaban y se encadenaban a las puertas del Walter E. Washington Convention Center.  Otros manifestantes incluso lograron entrar y desplegar una pancarta ante los asistentes al congreso pro-israelí más importante del mundo.

IfNotNow lleva desde 2014 alzando su voz para demostrar que ser judío no implica apoyar las políticas de los sucesivos gobiernos israelíes. Fue durante la Operación Margen Protector (el eufemismo que usó el gobierno israelí para referirse al ataque contra Gaza que se saldó con más de 2.300 palestinos muertos, entre ellos medio millar de niños), cuando jóvenes judíos de los Estados Unidos empezaron a coordinarse para dar una respuesta conjunta ante la masacre y exigir el final de la ocupación sistemática de los territorios palestinos. 

Los líderes de las comunidades judías norteamericanas, que siempre han apoyado incondicionalmente las políticas de Israel, ven ahora cuestionado su papel. Ellos son el centro de las críticas de los jóvenes de IfNotNow, tal y como avanzan en la portada de su página web: “Hoy en día, la comunidad judía se enfrenta a una elección.

 ¿Vamos a dejar nuestra tradición en manos de líderes fuera de contacto, o pelearemos por una comunidad judía vibrante y liberada que apoye la libertad y la dignidad de todos los israelíes y palestinos?”

Tamara y  Sarah son dos jóvenes judías norteamericanas residentes en Nueva York. Nos citamos en una cafetería de Manhattan, cerca de la New York University (NYU), en un barrio plagado de restaurantes y cafeterías repletas de jóvenes donde residen y hacen su vida miles de estudiantes de todo el mundo. No quieren fotografiarse ni hablar en nombre de la organización, tan solo explicar porqué se unieron a IfNotNow.

“Crecimos en una comunidad donde estamos siempre alerta, a la defensiva. Fui a Israel muchas veces, crecí en un contexto muy sionista. En la universidad empecé a tener conversaciones con gente que opinaba diferente sobre Israel, empecé a leer a mucha gente también de Israel que es muy crítica con su gobierno. Volví a Israel y vi que lo que pasaba, que todo lo que no me creía, era real. No puedo seguir callada. Esto no puede seguir así.” 

La ocupación de las tierras palestinas es el eje central de las campañas de IfNotNow. Las activistas no se sienten representadas por los portavoces de las comunidades judías en su país: “Nuestros líderes no pueden hablar por nosotros, especialmente por los jóvenes. Ellos afirman que la seguridad de los judíos pasa por la ocupación. 

Nosotros pensamos justo lo contrario. Estamos tratando de preguntar a la cara de toda la comunidad judía de EEUU de qué lado están: de la ocupación o de la libertad y dignidad de todas las personas. Hay que hablarlo. También porqué todas las instituciones están apoyando la ocupación. Pero primero debemos preguntar a los miembros de nuestra comunidad. La ocupación es nuestra causa central. Es nuestra estrategia poner este tema sobre la mesa. 

Estamos hablando de la vida cotidiana de las personas, y cada día que pasa es un día más de opresión. Podríamos discutir de muchas cosas sobre el conflicto, pero ahora hay que empezar por esto. Hay que parar la ocupación. Los líderes deben afrontar estos temas, es lo que tratamos de visibilizar. Es un movimiento para cambiar corazones y mentes.”

Esa era la intención de su espectacular acción en Washington dos meses atrás: “AIPAC trata de decir que todos los judíos debemos aprobar las políticas de Israel, de quien también depende nuestra seguridad en EEUU. 

Tratan de hablar en nombre de todos los judíos. Por eso fuimos a protestar, porque no nos representan”. Ambas activistas habían participado en la protesta, pero no se conocían hasta el día de esta entrevista. Una de ellas se encadenó a las puertas del edificio. La otra permanecía en el exterior junto con los otros cientos de manifestantes. 

 Hasta ahora no habían entablado conversación. Se sienten orgullosas de ser judías. Reivindican su identidad y se sienten con el deber de actuar ante las injusticias, tal y como su fe les ha enseñado. Antes de la protesta contra AIPAC rezaron. Durante la protesta, cantaron varias canciones judías.

 Los discursos racistas de Trump han reforzado sus razones: “Islamofobia, racismo y antisemitismo están totalmente conectados”, afirman. Por eso organizaron en noviembre de 2016 el “Jewish Day of Resistance” (Día judío de la resistencia) contra las políticas del nuevo presidente, y que consistió en distintas acciones de protesta en más de 30 ciudades estadounidenses al mismo tiempo. 

Muchas de estas protestas señalaron a un importante asesor de Trump, Stephen Bannon, ex director de la web ultraderechista Breitbart News, famosa también por sus habituales ‘fake news’ (noticias falsas) y considerado ideólogo de la ‘Alt-Right’ norteamericana, es decir, la autoproclamada ‘derecha alternativa’, que es como se hace llamar la ultraderecha estadounidense. Bannon fue nombrado miembro del Consejo de Seguridad Nacional por el Presidente a finales de enero y cesado a principios de abril.

 “En Washington, igual que en Europa, muchos antiguos antisemitas como Bannon, que escribieron contra los judíos hace años, hoy apoyan abiertamente a Israel y han cambiado su target. Ahora el enemigo es el Islam. A lo largo de los años los judíos hemos estado en todas las luchas por los derechos civiles. Ahora también debemos estar”, concluyen las activistas de IfNotNow mientras nos despedimos a las puertas de la cafetería justo cuando bajan las persianas."               (La Marea, 24/05/17)

23/5/17

En esta comisaría, las torturas iban desde la ingesta purgante cristales de sal, exomita o sulfato de magnesio, con el fin de sonsacarles información, hasta colgarles de los pies, electricidad, apalearles hasta casi la muerte...

"Canarias está impregnada de escenarios donde la represión Franquista dejó huella para siempre. Sin embargo, muchos de estos lugares, con el paso de los años se han ido transformando y han caído en el olvido las historias que allí se vivieron. Es el caso de la antigua comisaría de la calle Luis Antúnez (en Las Alcaravaneras), donde está ahora el colegio de La Salle. 

 Asociaciones de la memoria histórica recuerdan que este edificio fue en el pasado “un punto de detención y torturas”, por lo que piden que en él se coloque una placa en la que se conmemore a las víctimas.

El portavoz de la Plataforma de Fusilados de San Lorenzo, Francisco González, que ha publicado dos libros relacionados con el franquismo en Canarias (basados en relatos y testimonios de familiares de víctimas de la represión) señala que este homenaje servirá para que “la historia nunca se vuelva a repetir”. Explica que en esta comisaría, como ya han testificado otros historiadores, se llevaron a l os 27 de Agaete, hombres de los que nunca se conoció su paradero.

González, como también relata en su último libro, recuerda que al Valle de Agaete se le empezó a conocer como El Valle de las Viudas, ya que después de que en la madrugada del 4 de abril de 1937 fueran sacados de sus casas e introducidos en unas guaguas, no se supo nunca nada más de ellos. Las mujeres de estos jornaleros y comerciantes iniciaron su búsqueda por toda la Isla.

 Y es que, cuando fueron a preguntar por ellos a la comisaría de la calle Antúnez, les dijeron que habían sido puestos en libertad. Sin embargo, “Lo más seguro que es los hayan arrojado por la Sima de Jinámar, según cuentan algunos testimonios recogidos”, señala.

“Una de las víctimas es César Expósito, de sólo 34 años, carnicero de profesión y que pertenecía a la Sociedad de Oficios Varios de Agaete, su hija de ocho años vio cómo se llevaban a su padre”, relata González. No obstante, menciona otros nombres como Antonio Álamo Godoy, José Álamo Sosa, Antonio Dámaso Álamo, Gregorio Dámaso Álamo, Jose Diepa Jiménez… entre otros. Todos jornaleros humildes, pero faltan otras personas que también fueron conducidas a este lugar a la fuerza para extraerles información.

El portavoz de la Plataforma de Familiares de Fusilados de San Lorenzo explica que, en esta comisaría, las torturas iban desde la ingesta purgante cristales de sal, exomita o sulfato de magnesio, con el fin de sonsacarles información, hasta otras más fuertes. “Colgarles de los pies, electricidad, apalearles hasta casi la muerte..." son otras de las técnicas que cuenta.

También menciona la historia de Agustín Cabrera, presidente de la Fereracion Obrera, "que fue ahorcado en esta comisaría, llamada de Investigación y Vigilancia en ese entonces".

Los interrogatorios podían durar días. "Allí llevaron también a muchas mujeres a fin de que dieran información". Cuenta que a cada persona que entraba se le asignaba un número y a muchos de ellos luego los llevaban a "la Sima de Jinámar, a la Marfea, a los Pozos de Tenoya y Arucas… sitios de exterminio", "había incluso quien moría durante las torturas".

La Plataforma de Familiares Fusilados de San Lorenzo y el Foro Canario Víctimas del Franquismo comenzarán a recoger firmas en los próximos días en change.org, además de distintas campañas por redes sociales y movilizaciones, a fin de que se ponga una placa en este edifio y se recuerde lo que ocurrió.

Esta no es la única lucha que abandera González por la Memoria Histórica, también es nieto de un sindicalista asesinado por las fuerzas franquistas y que está enterrado en la fosa común de Vegueta y lucha para que esta se exhume, por lo que integra también un comité popular por esta causa. A su vez, promueve la exhumación de la Sima de Jinámar, una causa con la que se ha comprometido el Cabildo de Gran Canaria, pues un arqueólogo bajará a examinar su estado y estudiar la posibilidad.

No obstante, asegura que estos no son los únicos puntos donde se llevaron a cabo “crímenes franquistas”, también hubo otros puntos de tortura en Arucas, Tamaraceite… y en el local del Círculo de Arenales, una casa antigua de la calle León y Castillo. Se trataba de un circulo de los obreros pero convertido en un lugar de detención y tortura. “Ahí llevaron a mucha gente de La Isleta y ahí fueron torturados y asesinados después por lo que más adelante pediremos que se conmemore este lugar también”, afirma."                   (eldiario.es, 20/05/17)

22/5/17

Recoge las coplas que cantaba Benigna Puerta que fue detenida y fusilada en 1939 en avanzado estado de gestación

"(...) “En Tarancón hubo 4 espacios de detención, en 1939, por qué aquí en el Museo de Emiliano Lozano, pues sencillamente porque estuvo aquí preso, el pintor, cuyo único delito que cometió Emiliano como tantos otros fue ser concejal de Izquierda Republicana del Ayuntamiento de Tarancón“.

 Algo que según Máximo Molina, “todo eso hay que decirlo alto y fuerte porque toda esa gente que mataron no era gente que hubiera cometido ningún delito y hay que quitar esa pátina de criminalización de la propaganda franquista”.  (...)

Recuerda el presidente de la Asociación que  en Casa Parada “ cuando se cerraron los campos de concentración vienen aquí a la Casa Parada muchos presos y desde aquí, desde la Casa Capacha y la prisión de partido en enero de 1940 parten hacia la prisión de Uclés,”  (...)

Recoge documentado, el” primer consejo de guerra que se hace aquí en Tarancón,” así como “coplas que cantaba Benigna Puerta que fue detenida y fusilada en 1939 en avanzado estado de gestación”. Puede verse   también dibujos “de Emiliano Lozano que compartió banquillo con Benigna Puerta y con todos los fusilados”. 

Recogen  en los paneles cómo a” pesar de todo ello la gente seguía pintando dentro de las cárceles”, así, recuerda Molina,  “Emiliano Lozano pintó el retrato de Zurilla un hombre que también pintaba”. Por lo  que se ver documentadas “historias que pasaron en ese mismo espacio de la Casa Parada”.
En esta nuestra de Casa Parada, se habla de la justicia de Franco, “como se inventa un supuesto complot para liberar las prisiones de Tarancón en el año 1939 con la connivencia de un soldado fascista se monta un complot tal, que lleva a la cárcel a un montón de personas que ya habían estado encarcelados y habían sido liberados e incluso se intenta juzgar a personas que ya estaban encarceladas cuando los supuestos hechos ocurrieron como es el caso de Pedro Cantarero que fue alcalde de Tarancón en guerra“, recuerda Molina que también hace público que “ en ese episodio se encarcelan también a menores de edad, todo esto se salda con varios asesinatos”, asegura.
Interesado si con estos datos hechos públicos se conoce todos los hechos, tiene claro que  “no se sabe todo lo que ocurrió sino una pequeña parte de lo que hemos seleccionado y seguimos trabajando investigando porque no sabemos cuanta gente murió aquí en la provincia de Cuenca“.  (...)

La muestra “Habla el Silencio”, se completa en  el Museo de Arte Contemporáneo e inicia el recorrido histórica con  documentos de 1919, “en Tarancón se produce una huelga, una protesta popular, que finaliza con 11 obreros asesinados, nadie se sentó en los banquillos para nada especialmente importante, nadie ni la guardia civil, ni ninguno de la gente que empezó el tiroteo recibió castigo“-  Por “ello debe hablar el silencio” dice Máximo Molina. (...)"             (entarancon.es, 18/05/17)

19/5/17

¿Qué hacer con el Valle de los Caídos? Mantenerlo y explicarlo. Representa la espada y la cruz unidas por el pacto de sangre forjado en la guerra y consolidado por los largos años de victoria, es un pasado de muerte, tortura y humillación

 "Hace unos años, en este mismo espacio, expliqué las razones por las que no soy partidaria de sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Pensaba entonces, y sigo pensando ahora, que la memoria no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro.

 Y los españoles del futuro tienen derecho a que preservemos su patrimonio, a enjuiciar la figura del dictador en función también de la imagen que él quiso legar a la posteridad. Nuestros nietos deben contemplar ese mausoleo, aprender que lo levantaron trabajadores esclavos cuya explotación enriqueció a empresas privadas que dominarían la economía nacional durante décadas, conocer el dinero que costó mientras sus antepasados se morían literalmente de hambre o de enfermedades, erradicadas antes de la guerra, que sólo resucitaron y prosperaron gracias a su espantosa miseria. 

Esa es la clave de mi postura.  

(...)  el Valle de los Caídos debe convertirse en un lugar de memoria consagrado a la figura y la obra del Caudillo. Esto no sólo no implica un homenaje sino que, a imagen y semejanza de la preservación de los campos de exterminio nazis, representa todo lo contrario.

 Pero si no se clausura el monasterio, si no se desacraliza la basílica, si no se instala una exposición informativa permanente, dará igual que los restos de Franco estén allí o en cualquier otro lugar."            (Almudena Grandes, El País, 15/05/17)


"(...) El Valle de los Caídos fue inaugurado el 1 de abril de 1959, vigésimo aniversario de la Victoria. En esas casi dos décadas de construcción, trabajaron en total unos veinte mil hombres, muchos de ellos, sobre todo hasta 1950, "rojos" cautivos de guerra y prisioneros políticos, explotados por las empresas que obtuvieron las diferentes contratas de construcción, Banús, Agromán y Huarte.

El 7 de marzo de 1959, a punto ya de inaugurarse el Valle de los Caídos, Franco escribió a Pilar y Miguel Primo de Rivera para ofrecerles la nueva basílica "como el lugar más adecuado para que en ella reciban sepultura los restos de vuestro hermano José Antonio, en el lugar preferente que le corresponde entre nuestros gloriosos Caídos". 

 En la mañana del 30 de marzo, miembros de la Vieja Guardia de Falange y de la Guardia de Franco se turnaron en el traslado del féretro desde El Escorial al Valle de los Caídos. Lo depositaron al pie del altar mayor de la cripta, bajo una losa de granito con la inscripción "José Antonio". Era el lugar para su "eterno reposo", como lo tituló el reportaje del No-Do.

 El 23 de noviembre de 1975 el cortejo fúnebre de Franco llegó a la basílica del Valle de los Caídos. La multitud congregada en la explanada exterior entonó el Cara al Sol, el Oriamendiy el himno de la Legión, con la presencia destacada de grupos de excombatientes, que iban a ser recibidos por el nuevo Rey en su primera recepción oficial.

 En el interior del templo, detrás del altar mayor, esperaba la fosa abierta junto a la tumba de José Antonio Primo de Rivera. A las dos y cuarto de la tarde una losa de granito de mil quinientos kilos cubrió el sepulcro. (...)

Hay tres cosas urgentes que deberían hacerse, más allá de los usos que de todo eso se hace desde la política presente:

1. Mantenerlo y explicarlo como paradigma de la simbiosis entre religión y política, entre la Iglesia católica y la dictadura de Franco.

 Y debe recordarse, en folletos y en una introducción clara y contundente a la entrada, que, acabada ya la guerra, mientras se construyó ese monumento, "símbolo de paz", Franco presidió una dictadura que ejecutó a no menos de cincuenta mil personas y dejó morir en las cárceles a varios miles más de hambre y enfermedad, convirtiendo la violencia en una parte integral de la formación de su Estado. 

Y recordaría, en el recinto ideal para recordarlo, que la Iglesia católica, recuperados sus privilegios y su monopolio religioso tras la guerra, se mostró gozosa, inquisitorial, omnipresente y todopoderosa al lado de su Caudillo.

 2. Franco ideó el monumento, y así se hizo, para inmortalizar su victoria en la Guerra Civil y honrar sólo a los muertos de su bando, aunque se montara después la farsa de trasladar también allí los restos de miles de "rojos" muertos o asesinados durante esa guerra. Esos restos, robados de cementerios y fosas comunes, deben ser devueltos a sus familias, a quienes se debe una reparación política, judicial y moral.   (...)

3. El Valle de los Caídos representa la espada y la cruz unidas por el pacto de sangre forjado en la guerra y consolidado por los largos años de victoria. 

Hay que desacralizarlo, convertirlo en un lugar de la memoria de los crímenes del franquismo, explicado con rigor y separado de cualquier acto de apología de la dictadura. 

Y Franco, que lo construyó a mayor gloria de él y de su victoria levantada sobre el crimen y la exclusión de los vencidos, debería quedar allí, para que todo el mundo lo recordara  (...)

Para que los actuales políticos del Partido Popular no se sigan riendo de las víctimas, los historiadores que lo hemos investigado tenemos que difundirlo, comunicarlo, sentar las bases para una nueva educación de las generaciones presentes y futuras que no vivieron aquella historia. Da igual sacar a Franco de su Valle si no va acompañado de esa transformación profunda en la educación y en la enseñanza de la historia. 

Es lo que se ha hecho en muchos países del mundo con los lugares que simbolizan el crimen, la tortura y el genocidio. No borremos sus huellas. La peculiaridad de la historia de España es que Franco murió en la cama, 30 años después que los principales dirigentes fascistas. Pero compartió con ellos crímenes, ideas, historia y comportamientos. Que no se siga blanqueando ese pasado de muerte, tortura y humillación."                 (Julíán Casanova, CTXT, 16/05/17)

18/5/17

Palizas y calabozos en la antigua Aduana de Málaga

"En una de las cuatro ocasiones en la que Manuel Ruiz Benítez (Málaga, 1940) fue detenido, interrogado y encarcelado por la policía secreta franquista, la Brigada Político-Social, que tenía su sede en unas dependencias de la Aduana, le introdujeron en un cuartucho acolchado, con numerosas porras colgadas en una pizarra. «Estaba acolchado para que no se oyeran los gritos ni los golpes, querían meterme miedo. A algunos les habían puesto hasta electricidad en los testículos»,explica.

Aunque a Manuel no le quedan huellas de las palizas que recibió en este edificio, que hoy alberga el flamante Museo de Málaga, subraya: «Yo no perdono ni olvido».

En su casa conserva un documento de la Junta de Andalucía que le reconoce como luchador por la libertad y la democracia, en su condición de antiguo preso franquista. Este histórico dirigente comunista estuvo preso cuatro años y medio en las cárceles de Málaga, Jaén y Carabanchel por sus ideas políticas.

Por eso, y en nombre de otros muchos compañeros que pasaron por la antigua comisaría que daba a la Travesía del Pintor Nogales, reclama a la Junta de Andalucía que la Aduana sea declarada Lugar de Memoria Histórica, como ya lo han sido la antigua prisión provincial, el Peñón del Cuervo y desde hace unos días, la antigua cárcel de mujeres y el Cementerio de San Rafael.

El que fuera considerado a finales de los 60 por la propia policía franquista el líder del PCE en Málaga, ligado al partido desde 1957, reorganizador de las Juventudes Comunistas y uno de los fundadores de CCOO en Málaga, en 2008 publicó el libro A la sombra de los recuerdos. 'Memorias de un perchelero', en el que, entre otras muchas experiencias, recordaba su paso por los calabozos de la policía secreta en la comisaría de la Aduana.

«Tras un mostradorcillo había un pasillo con ocho o nueve calabozos para ocho o diez personas y en cada uno un agujero para asomar la cabeza y que te dieran la comida; la porquería de esos calabozos no te la puedes imaginar», destaca. Además, había que pedir permiso para ir al servicio, acompañado, pues no había en las celdas. «Pero si en un día ibas dos veces, te decían que te lo hicieras encima».

«En todas las ocasiones en las que me detuvieron en la Aduana me pegaron, usaban las manos y las porras», cuenta. La intervención de su abogado, el exalcalde Francisco García Grana, que era llamado con urgencia por la familia de Manuel, logró frenar en varias ocasiones estas prácticas, cuenta.

Manuel Ruiz Benítez recuerda que, ya desde que participó en la plataforma ciudadana La Aduana para Málaga, «insistía en que había que limpiar esto con agua de azahar» y recordar la represión franquista. Además, con motivo de la inauguración del Museo de Málaga escribió a la actual consejera de Cultura, Rosa Aguilar, para transmitirle esta propuesta.

«Yo no quiero protagonismo, los jóvenes deben saber que aquí hubo una represión. Sería de justicia», recalca, al tiempo que recuerda que en Portugal, una placa recuerda la sede de la policía secreta durante la dictadura de Oliveira Salazar. Lo mismo pide para la Aduana."        (La Opinión de Málaga, 17/05/17)

"Los asesinatos crecerán enormemente... 61 trabajadores el año pasado. Y 61 es más de un trabajador asesinado por semana. "Murió más gente en conflictos de tierra que en todas las guerras en las que Brasil se involucró"

""Murió más gente en conflictos de tierra que en todas las guerras en las que Brasil se involucró". La afirmación es del profesor de Geografía Agraria de la USP (Universidad de São Paulo), Ariovaldo Umbelino, quien participó como conferenciante en el seminario "El aumento de la miseria en Brasil", en el último día de la 2ª Feria Nacional de Reforma Agraria, en São Paulo (SP). (...)

Las proyecciones de Umbelino para los próximos años son desoladoras para la gente del campo. La previsión es que los conflictos y la violencia aumenten cada vez más, como sugieren los datos del Cuaderno de Conflictos en el Campo de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). 

"Los asesinatos crecerán enormemente, ya pasaron de alrededor de 26 o 27 trabajadores asesinados en 2005, a 61 trabajadores el año pasado. Y 61 es más de un trabajador asesinado por semana, y ustedes no se enteran de nada, porque la televisión brasileña no lo divulga", comenta el.

Durante el seminario fueron leídos los nombres de campesinos asesinados en estos últimos días, en Pará: Kátia Matins y Eduardo Soares Costa. Los dos crímenes ocurrieron en menos de 24 horas.

Para el coordinador nacional del MST, Delwek Matheus, los datos refuerzan la importancia de hacer la reflexión sobre la reforma agraria popular como una lucha de toda la sociedad contra la lógica capitalista del agro negocio.

 "La reforma agraria no es una cuestión solo de los campesinos, sino un proyecto brasileño de sociedad. Ella tiene que tener ese carácter popular de lucha de clase. Porque la clase trabajadora como un todo depende de un cambio estructural en Brasil. Uno de ellos sería la reforma agraria, en esa perspectiva de distribuir medios de producción, riqueza, oportunidades para población brasileña", explica el.

Matheus criticó además el modelo adoptado por el gobierno brasileño, en los años 1980 y 1990, época en que la globalización ganaba alcance y proyección, que fue el "nacimiento" del agro negocio, que organiza la agricultura a su modo, excluye al campesinado del proceso productivo y practica una agricultura no sustentable: 

"El agro negocio organiza la agricultura sin necesidad del campesino. Su agricultura de 'precisión', no depende de mano de obra del campesino, el uso de transgénicos, la fumigación aérea de venenos. Eso genera un grado de empobrecimiento de la clase trabajadora que depende del campo", afirma el. (...)"               (Brasil de Fato, 13/05/17)

17/5/17

El campo de concentración del Mogote (Tetuán) fue construido según el modelo de los “konzentrationslager” nazis. Debido al calor, los trabajos forzados, las torturas, la falta de alimentación y los fusilamientos arbitrarios, se convirtió en un verdadero infierno donde los presos morían en masa

"El libro ´Camino hacia la tierra olvidada´ señala que en la actualidad la zona del norte de Marruecos alberga más de 250 asesinados por el golpe militar y la posterior represión que duró hasta el año 1945. Un noventa por ciento de las víctimas corresponden a españoles residentes en la época. El resto, son población local de origen árabe que murieron defendiendo los principios de aquella Segunda República que comenzaba a desmoronarse.

La obra se convierte en una de las primeras monografías del conflicto dentro del Protectorado Español de Marruecos, del que solo se habían realizado trabajos parciales. El libro “aporta testimonios de testigos directos de los hechos hasta ahora desconocidos, como por ejemplo el de Francisco Lara Campoy, un republicano exiliado en Francia que pasó por el campo de concentración del Mogote en Tetuán, uno de los primeros en abrirse al inicio de la guerra o una serie de documentos inéditos, como por ejemplo varios del Alto Comisariado de España en Marruecos (máxima autoridad colonial), que se encuentran depositados en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares, y que arrojan luz sobre zonas oscuras de la historia del Protectorado y sobre quienes vivieron y trabajaron en él”.

El inicio del golpe durante la tarde del 17 de julio

Ramos destaca la importancia que tuvo esta zona estratégica del Norte de África en el inicio del enfrentamiento civil, ya que fue precisamente allí donde el 17 de julio de 1936 comenzó el golpe de estado contra la República. “Allí se encontraban destacadas tropas experimentadas del ejército español, cuyo control era esencial para los conspiradores golpistas. 

Aparte, era un lugar apartado, lejos del control del gobierno de Madrid y bajo jurisdicción fundamentalmente militar, donde la autoridad civil era muy débil, y por lo tanto un terreno donde los golpistas podían conspirar con casi total impunidad”. Fue tal la importancia que tenía para el futuro dictador Francisco Franco aquel enclave en Marruecos que siempre lo denominó como el “sillar de la victoria”, apuntan los investigadores.  (...)

Feria señala que “los papeles son interesantísimos y sirve para derrumbar muchos mitos construidos desde 1939 alrededor del golpe de estado y del papel de sus promotores”. Entre los documentos más destacados señala las cartas de Alto Comisario Juan Beigbeder. “Muchos lectores lo recuerdan como personaje de la teleserie ‘El tiempo entre costuras’ que desmienten su carácter aliadófilo y demuestran su cercanía al III Reich. Y todavía queda en dicho archivo numerosa documentación pendiente de estudio”, señala Ramos.

Más de 250 asesinados en las fosas de Larache y Tetuán

El investigación de Ramos y Feria revela como en la zona de Larache y Tetuán están de momento las únicas fosas localizadas en el antiguo Protectorado Español en Marruecos, aunque en estas fosas no sólo fueron enterrados los fusilados de dichas localidades, sino también de otros lugares del protectorado como Xauen, municipio de gran afluencia turística en Marruecos y Alcazarquivir e incluso de Ceuta.

Los autores han tomado como base los datos ofrecidos por el investigador Francisco Sánchez Montoya, hasta ahora el único historiador en ofrecer cifras concretas y un listado de fallecidos. Los datos aportados concluyen que “las víctimas fueron incluso superiores a las adelantadas por el citado autor, ya que hemos encontrado los nombres y apellidos de más de 250 asesinados durante la Guerra Civil y la posguerra en el territorio del Protectorado (sin incluir Ceuta y Melilla)”.

El 90% de las víctimas fueron españolas, el resto musulmanes que o bien pertenecían a logias masónicas o se opusieron al golpe de estado y defendieron la II República. También hay que señalar que se resistieron al reclutamiento muchos jóvenes de clases populares, que provocaron la ira de las tropas golpistas formadas por marroquíes. 

Reina apunta que “entre las víctimas españolas aparecen numerosos apellidos judíos realizándose sobre todo los fusilamientos contra judíos militantes de partidos de izquierda, masones o personalidades comprometidas con el gobierno republicano”.

 Aún quedan fosas comunes de las que se no se saben ni el nombre ni los apellidos de las víctimas. Ramos sentencia que la única información que existe es un listado de municipios donde se sabe que hubo fusilamientos. Se trata de Arcila, Xauen, Alcazarquivir, Rincón, Alhucemas, Nador, Castillejos, Río Martín, Bab Tazza o Targuist.

El antiguo campo de concentración del Mogote, situado en las afueras de Tetuán fue, junto con el campo de Zeluán (cerca de Melilla) el primero de los que organiza el bando golpista. Este centro de hacinamiento fue construido según el modelo de los “konzentrationslager” nazis, debido al calor, los trabajos forzados, las torturas, la falta de alimentación y los fusilamientos arbitrarios, se convirtió en un verdadero infierno donde los presos morían en masa. “Hoy en el lugar no queda nada. Ni restos visibles, ni una señal que informe de lo que allí ocurrió”, afirma Feria.

El caso de Francisco Lara Campoy

El caso de Francisco Lara Campoy, fallecido en el año 2009, no es un testimonio más. Para los investigadores resultó un aporte fundamental a los documentos prácticamente inexistentes de la actividad del campo de concentración del Mogote, donde estuvo preso con apenas veinte años.

Lara Campoy consiguió durante su juventud entrar como aprendiz en el aeródromo de Sania Ramel, en Tetuán. Más tarde pasaría a la compañía de autobuses de La Valenciana donde le sorprendería el golpe militar.

Campoy recordaba a sus 94 años que “en el Centro Obrero Español de Tetuán seguíamos con interés los acontecimientos que habían soliviantado la vida tetuaní, que se sucedían a velocidad de vértigo. El 17 de Julio de 1936, uno de los dirigentes de dicho Centro, Sr. Ballesteros, reunió a los jóvenes que nos encontrábamos en el Centro, pidiendo voluntarios para vigilar en Tetuán los movimientos de tropas”. Los jóvenes del Protectorado sabían que algo estaba a punto de ocurrir.

Sin tener cumplido los veinte años de edad, Francisco estaba en aquel centro Obrero bajo la mirada de moros regulares que detuvieron a las personas que se encontraban en aquel espacio social.

Sus vivencias ya detenido retratan episodios aterradores. “Recuerdo que por las noches pasaban lista y al oír cada cual su nombre tenía que decir presente. Una noche el sargento que pasaba lista me dijo ¡bueno, tú no te vayas, que tengo que verte después! Cuando ya todos se habían acostado, se presentó diciéndome coge una manta y andando, me trasladaron a otro cuartel, para luego trasladarme al campo de concentración de El Mogote”.

Había pasado más de un mes desde el inicio de la guerra cuando Francisco llegó al primitivo campo de concentración de Tetuán. “Los falangistas de Tetuán venían todos los días de madrugada con una camioneta y una lista de nombres, que se llevaban y los mataban en cualquier lugar. Los cadáveres los cargaban en unas camionetas y los trasladaban al cementerio en plena alcazaba marroquí”.

Era tal el espanto de aquel espectáculo que provocó incluso protestas de la población marroquí, corriendo el rumor de que el Jalifa, representante del Sultán de Marruecos en el protectorado, intervino ante las autoridades militares para que aquellos hechos no se repitieran. “No cabe duda que aquello debió influir para que, meses después desmontaran el campo de concentración y nos trasladaran a un penal llamado García Aldave, en Ceuta, pues en el Hacho, siniestra fortaleza, no cabían ya más detenidos”, aclaraba Francisco.

Campoy que pasó el resto de su vida en Francia nunca paso ni un solo día sin pensar en aquellos terribles meses donde declara que tenía que cantar el “cara el sol, con el brazo extendido a estilo de falange, mientras los guardias nos vigilaban por detrás, agudizando el oído para sino se cantaba nos dieran un latigazo en la espalda”.

Este joven tuvo que seguir viviendo los horrores de la guerra trasladado a la península donde continuaba la contienda. “Como yo era militar, al obtener la libertad tenía que reintegrarme a mi batallón, que en principio era el de Cazadores de Ceriñola número 42. 
Por tren nos enviaron desde Tetuán a Ceuta y de Ceuta a Algeciras, rumbo a Sevilla y de Sevilla a Plasencia”. La historia de Campoy fue uno los testimonios fundamentales para Ramos y Feria a la hora de esclarecer parte de aquel episodio de la Guerra Civil española en Marruecos."              (María Serrano, Público, 14/05/17)

16/5/17

La Universidad de Vilnius (Lituania) conmemorará a los estudiantes judíos asesinados en el Holocausto... siempre que no hubieran participado en actividades políticas de izquierda o en la militancia anti-nazi



Resistentes judíos del levantamiento del Gueto de Varsovia

“El mundo entero, sabíamos, estaba celebrando el Primero de Mayo ese día y, en todas partes se pronunciaban palabras contundentes e importantes. Pero nunca se había cantado la Internacional  en condiciones tan diferentes, tan trágicas, en un lugar donde toda una nación había y aun estaba siendo exterminada. Las palabras y la canción encontraron eco entre las ruinas carbonizadas y eran, en ese momento, una indicación de que la juventud socialista todavía seguía luchando en el gueto, y que incluso, cara a la muerte, no habían abandonado sus ideales”. Marek Edelman

Un día de abril de 1943, un grupo de combatientes de la resistencia judía lanzó una insurrección armada contra los nazis. Estaban orgullosos de ser socialistas e internacionalistas.
En la víspera de la Pascua de 1943 - diecinueve de abril - un grupo de varios cientos de jóvenes judíos pobremente armados del Gueto de Varsovia comenzaron una de las primeras insurrecciones contra el nazismo en la Europa ocupada.
Para el pequeño grupo de combatientes judíos- en las líricas palabras de un militante - “morir con las armas en las manos es más hermoso que sin ellas” y, aislados del mundo exterior, resistieron durante veintinueve días contra un enemigo mucho mayor, motivados por el deseo de matar a tantos fascistas como pudieran antes de caer ellos. El levantamiento, grabado en la memoria colectiva de los judíos de la posguerra, sigue siendo motivo de orgullo y de reafirmación.
Nadie pone en duda hoy que su heroísmo jugó un papel crucial en la guerra. Pero menos conocido es el hecho que su insurrección, lejos de ser espontánea, fue producto de la planificación y preparación de un grupo relativamente pequeño - y muy joven - de radicales judíos.
El gueto
Pocas semanas después de la invasión nazi de Polonia, el gobernador Hans Frank ordenó a los cuatrocientos mil judíos de Varsovia concentrarse en un gueto. En noviembre de 1940, alrededor de quinientos mil judíos de toda Polonia habían quedado encerrados entre sus muros, separados del mundo exterior y sumido en un completo aislamiento social.

Rodeado por un muro de diez pies de alto, la creación del gueto implicó el desplazamiento de aproximadamente el 30 por ciento de la población de Varsovia al 2,6 por ciento de la ciudad: el área designada no tenía más de dos millas y medio de largo y previamente solo alojaba a unas 160.000 personas.
En el gueto, los judíos fueron obligados a vivir en el hambre y la pobreza. Muchas familias no tenían más que una habitación individual, y la grave falta de alimentos obligó a que unas cien mil personas aproximadamente tuvieran que sobrevivir solo con un plato de sopa al día. El sistema de saneamiento colapsó y no había manera de controlar las enfermedades. Desde marzo de 1942, cinco mil personas morían mensualmente de enfermedad y malnutrición.
La situación era desesperada - y, sin embargo, la respuesta inicial de la dirección de la comunidad judía fue de inacción. Tras la creación del Judenrat  (Consejo Judío) - una organización colaboracionista establecida con la aprobación de los nazis para facilitar la implementación de las políticas anti-judías - algunos habitantes cayeron en una falsa sensación de seguridad.

La actitud que impregnaba el gueto, una interpretación a partir de la historia judía, era que el nazismo no era más que otra forma de persecución de las muchas que el pueblo judío había sufrido y sobrevivido.
Otros - como el militante de Hashomer Hatzair Shmuel Braslaw - comenzaron a reconocer un respeto envidioso por parte de los residentes del gueto hacia los alemanes. “Nuestros jóvenes aprenden a quitarse la gorra cuando se cruzan con los alemanes”, escribió Braslaw en un documento interno, “sonríen con la sonrisa del siervo y obedecen. . . pero en el fondo de su corazón arde un sueño: ser como [los alemanes] - guapos, fuertes y seguros de sí mismos. Poder patear, golpear e insultar, sin miedo al castigo. Despreciar a otros, como los alemanes desprecian a los judíos”.
Contra esta desmoralización, comenzaron a surgir señales de desafío mediante la auto-organización de la izquierda en la comunidad judía. Comunistas, socialistas-sionistas de diferentes tendencias, y socialdemócratas se organizaron en células en el gueto, con el objetivo de transformar la miseria en una organización política importante.

Todos los partidos - el Bund , una organización de masas socialdemócrata que había disfrutado de una gran popularidad antes de la guerra; el grupo marxista-sionista juvenil Hashomer Hatzair ; el partido sionista Poale Sion de Izquierda ; y el Partido Comunista se volcaron en esta estrategia, organizaron células que buscaban revivir las actitudes colectivistas entre una juventud judía emocionalmente paralizada y descontenta.
En aquellos tiempos oscuros, las estructuras de las organizaciones juveniles proporcionaron un anclaje social y psicológico contra el hambre y la depresión. “El día que fui capaz de restablecer contacto con mi grupo”, escribió la joven militante comunista Dora Goldkorn “fue uno de los días más felices de mi vida dura y trágica en el gueto”. Para el proyecto de desarrollar una dirección de la resistencia entre los jóvenes, mantener el ánimo alto era crucial; los actos de amistad, como compartir la comida, eran tan importantes como la distribución de literatura anti-nazi.
En 1942, las distintas organizaciones de jóvenes se sentían lo suficientemente confiadas como para considerar la formación de un “Bloque Antifascista”. Ante la insistencia de los comunistas, se redactó un manifiesto que buscaba unir a la izquierda judía en el gueto de Varsovia, con la esperanza de generalizar esta unidad política a otros guetos.
Llamando a un “frente nacional” contra la ocupación, por la unidad de todas las fuerzas progresistas sobre la base de reivindicaciones comunes y el antifascismo armado, el manifiesto era un eco de los frentes populares de antes de la guerra en su metodología organizativa.
Poale Sion de Izquierda se sumó con entusiasmo, al igual que el Hashomer Hatzair - que volvió a insistir en su fidelidad a la Unión Soviética, a pesar de la oposición del Kremlin al sionismo. El Bund, sin embargo, eran menos fiables, debido a su anticomunismo histórico y su rechazo de una acción armada específicamente judía, porque el partido defendía abiertamente que Polonia era la patria de los judíos polaco y muchos bundistas se negaban a un marco unitario que no fuese polaco-judío.
El periódico del Bloque Antifascista, Der Ruf , tuvo dos ediciones. Sus contenidos se centraron sobre todo en aplaudir la resistencia soviética e instar a los habitantes del gueto a aguantar hasta la inminente liberación a manos del Ejército Rojo.
Los destacamentos de combate del Bloque contaban con militantes pertenecientes a todas las organizaciones del movimiento obrero, pero el eje central de la organización fue Pinkus Kartin . Un convencido comunista en Polonia antes de la guerra y veterano de las brigadas internacionales en España, Kartin era un líder tanto político como militar. Para el historiador Israel Gutman , que militaba en Hashomer Hatzair en su juventud, Kartin “sin duda impresionaba” a los jóvenes cuadros sin experiencia clandestinos.
Fue el arresto y asesinato de Kartin en junio de 1943 lo que dio la señal para actuar al Bloque Antifascista. Su detención provocó una intensa represión contra los Jóvenes Comunistas, que vieron su número diezmado y pasaron a la clandestinidad. Por eso, cuando la Organización Judía de Combate (ZOB) se fundó varios meses más tarde, los comunistas estuvieron ausentes en un primer momento - aunque su línea política fue confirmada y aplicada por Abraham Fiszelson, un líder de Poale Sion de Izquierda, que habían sido amigo y mano derecha de Kartin desde su época en España.
Durante ese período, los dirigentes de la derecha de la comunidad judía formaron un grupo rival, la Unión Militar Judía (ŻZW). Dirigida por el grupo juvenil sionista de derechas Betar y financiado por la alta sociedad, la ŻZW se apoyaba en ex oficiales del ejército que querían luchar una guerra ortodoxa contra los nazis utilizando la disciplina de un ejército regular - a diferencia de la ZOB, que se consideraba la expresión armada del movimiento obrero judío.

Por otra parte, las conexiones de la ŻZW con los nacionalistas polacos, el antisemita gobierno en el exilio polaco y el movimiento de la derecha revisionista-sionista provocaron sospechas entre los dirigentes del ZOB.
Por el contrario, según Israel Gutman, los voluntarios típicos del ŻOB eran “hombres jóvenes de unos veinte años, sionistas, comunistas, socialistas -. idealistas sin experiencia de batalla, sin entrenamiento militar”. Mientras que la propaganda del ŻZW era muy nacionalista, la propaganda y la literatura del ŻOB defendía un internacionalismo antirracista, ofrecía comentarios intelectuales sobre la situación del mundo, y debatía sobre el movimiento obrero.
A pesar de los tiempos oscuros, los miembros del ŻOB pertenecían a una tradición política que aspiraba a un mundo mejor, y trataba de crearlo a través de su lucha.

La resistencia
El ŻOB adoptó como su objetivo una insurrección antinazi. Sin embargo, reconocia que era fundamental conseguir el apoyo mayoritario para la organización en la comunidad en general. Y se decidió que ello implicaba la intimidación y la ejecución de los colaboradores judíos con los ocupantes.
Para los militantes del ŻOB, los colaboradores representaban un ala auxiliar del fascismo que era instrumental a la hora de facilitar la deportación de los judíos polacos. Para demostrar que esa postura no sería aceptada en el gueto, los militantes del ŻOB decidieron ejecutar al policía judío Jacob Lejkin.

Por su “dedicación” en la deportación a Auschwitz de los judíos, Lejkin fue ejecutado de un disparo, y ello provocó el pánico generalizado entre los colaboracionistas en el gueto. Más tarde fue ejecutado Alfred Nossig en febrero de 1943. Józef Szeryński, el ex jefe de la policía del gueto, se suicidó para evitar su propio destino.
Estas acciones aseguraron la centralidad del ŻOB en el movimiento de resistencia, y también animaron a la resistencia más allá de sus filas. Su objetivo era demostrar que se podía desafiar a la colaboración y que hacerlo era un deber moral. Y en un corto período de tiempo habían ganado a muchos habitantes del gueto a esta posición.
Con el paso de los meses, el espectro de la muerte se convirtió en omnipresente. Entre junio y septiembre de 1942, trescientos mil judíos habían sido deportados o asesinados, destruyendo la comunidad judía polaca. En estas circunstancias desesperadas, todo el mundo había perdido a alguien y muchos jóvenes empezaron a no sufrir la ansiedad de tener que proteger a sus familias y se comprometieron con la actividad política militante. En pocas palabras, cuantos más judíos fueron asesinados en los guetos, menos obligaciones personales sentían los supervivientes, y el sentimiento de responsabilidad por las represalias de los nazis disminuyó.
También surgió el menospreció por el auto-afligido martirio de Adam Czerniakow, el líder del Judenrat, que se suicidó en julio de 1942. Para los jóvenes socialistas judíos, como el destacado bundista Marek Edelman, Czerniakow había “hecho de su muerte un asunto privado”, un símbolo de privilegio en contraste con Edelman y sus compañeros de clase trabajadora que esperaban su turno en las listas de deportación. Para ellos, dijo, el sentimiento mayoritario en aquellos tiempos era que el liderazgo político exigía que “se muriese, no en silencio, sino con una explosión”.
El levantamiento
En muchos sentidos, las esperanzas de la izquierda al llamar a una lucha común contra la barbarie nazi había sobrevivido a su propia base a la que iba destinada: la comunidad judía estaba en proceso de ser exterminada. Lo que ahora importaba era la iniciativa de lo propios jóvenes izquierdistas - y la mayoría estuvo a favor de un levantamiento.
En la mañana del lunes 18 de enero, seis meses después de las primeras deportaciones en masa de los judíos de Varsovia (lo que redujo el número de habitantes del gueto de cuatrocientos mil a aproximadamente unos setenta u ochenta mil), los militantes del ŻOB surgieron de la multitud de deportados para atacar a los soldados alemanes, matando a varios de ellos.

Hubo una serie de ataques durante cuatro días, protagonizados por militantes que se infiltraban entre las columnas de mano de obra esclava que marchaban hacia la  Umschlagplatz, salían de las filas a una señal dada, y atacaban a los guardias alemanes. Aunque decenas de combatientes ŻOB cayeron, la confusión creada por los combates permitieron a algunos escapar - y demostraron que en el gueto también podían caer los nazis.
En abril de 1943, había una conciencia general de que el gueto iba a ser exterminado por completo. Se planeó una insurrección armada general ante la siguiente provocación nazi. El 19 de abril, cinco mil soldados dirigidos por el general de las SS Jürgen Stroop entraron en el gueto para eliminar a sus últimos habitantes; en respuesta, aproximadamente unos 220 voluntarios del ŻOB comenzaron su ataque, desde los sótanos, los pisos y los techos, cada uno armado con una sola pistola y varios cócteles molotov.
La revuelta provocó el caos, pillando a los nazis por sorpresa y matando a muchos soldados de la Wehrmacht y las SS. En respuesta, el ejército alemán, humillado por las bajas que había sufrido a manos de unos prisioneros que creían derrotados hacía mucho tiempo, inició una política de abrasar sistemáticamente a los combatientes. Parafraseando a un militante del ŻOB, fueron las llamas - no los fascistas – las que derrotaron a los combatientes.

 Los combates cuerpo a cuerpo se prolongaron durante días, y a finales de abril el mando coordinado del ŻOB se derrumbó, el conflicto en gran parte quedó limitado al ataque con lanzallamas de los alemanes contra pequeños grupos de judíos armados escondidos en bunkers para tratar de escapar.
Según los relatos, la bandera roja y la bandera azul y blanca del movimiento sionista ondearon sobre los edificios incautados por el ŻOB. El luchador más joven muerto fue un activista bundista de trece años de edad. Aunque sin experiencia como fuerza de combate, un documento interno anónimo del Bund, que llegó a Londres en junio de 1943, hizo hincapié en la unidad política “ejemplar” y la “fraternidad” entre los grupos de izquierda en el combate.

El inquebrantable compromiso con el que los jóvenes combatientes del ZOB se aferraron a sus sueños de socialismo se ejemplificó en un conmovedor acto del 1 de Mayo celebrado en medio de las ruinas del gueto.
En él participó Marek Edelman, que lo refleja así en sus memorias:
“El mundo entero, sabíamos, estaba celebrando el Primero de Mayo ese día y, en todas partes se pronunciaban palabras contundentes e importantes. Pero nunca se había cantado la Internacional  en condiciones tan diferentes, tan trágicas, en un lugar donde toda una nación había y aun estaba siendo exterminada. Las palabras y la canción encontraron eco entre las ruinas carbonizadas y eran, en ese momento, una indicación de que la juventud socialista todavía seguía luchando en el gueto, y que incluso, cara a la muerte, no habían abandonado sus ideales”.
El último grupo de dirigentes del ŻOB se suicidaron juntos el 8 de mayo, rodeados por el ejército nazi, en su base de Mila 18. A mediados de mayo, el gueto había sido arrasado, y la gran sinagoga de Varsovia fue personalmente volada por el general Stroop el 16 de mayo para celebrar el final de la resistencia judía. Sólo cuarenta combatientes del ŻOB habían escapado hacia el lado “ario” de Varsovia, donde varios más cayeron antes del fin de la guerra en el posterior levantamiento de toda la ciudad en 1944.
La lección
En nuestra época, el criminal de guerra George W. Bush puedo rendir un cómodo homenaje a los combatientes del Gueto de Varsovia. Lo mismo sus humanitarios colegas David Cameron y Barack Obama, que pronunciaron unos discursos llenos de moralina sobre el heroísmo de la revuelta. Sus lugares comunes son el producto de la simplificación histórica de los hechos con el tiempo - algo que es probable que aumente a medida que los testigos directos del Holocausto nos dejan, a menudo con su testimonio sin compartir.
Más peligroso aun son los intentos de borrar las posiciones políticas que alentaron esa resistencia heroica. Esta misma semana, la Universidad de Vilnius en Lituania anunció que conmemoraría a los estudiantes judíos asesinados en el Holocausto - siempre y cuando no hubieran participado en actividades políticas de izquierda o en la militancia anti-nazi.
Frente a este ataque a la historia, la tarea de la izquierda es la defensa de los combatientes de la ZOB de la condescendencia del patrocinio oficial o de las oscuras posibilidades de una demonización del estado. Sólo podemos hacerlo recordando lo que muchas de aquellas personas fueron: jóvenes militantes, comprometidos con los ideales de la izquierda, rebosantes de entusiasmo por un mundo mejor, marginados con su comunidad.
Judíos por nacimiento y comunidad, se lanzaron a la lucha como internacionalistas, como participantes de una lucha mundial contra el fascismo y el capitalismo. A pesar de su debilidad, su actitud – negarse a una sumisión que significaba la muerte, resistir incluso contra toda probabilidad porque era un imperativo moral – fue un ejemplo para los republicanos españoles en los campos y en la resistencia, para el maquis comunista francés, para sus compañeros polacos del otro lado de los muros del gueto, y para los otros judíos que languidecían en los campos de concentración.
Su historia es un recordatorio de la brutalidad y la desesperanza del Holocausto, pero también un brillante ejemplo de aquellos que en el peor de los casos - en palabras del poeta partisano Hirsh Glik – “nunca pueden decir que han alcanzado el final del camino”.                   (Marcus Barnett , Jacobin, en Sin Permiso, 27/04/17)

15/5/17

Muerte de un maestro republicano: "Le sacaron los ojos y le cortaron los testículos"

"Llamaron a la puerta de la casa y su madre, la noche ya encima, le rogó que no abriese la puerta. Se lo llevaron. De camino a la sierra de la Ferradura, los falangistas pararon en una taberna a abrevar y a él, mientras, lo amarraron a una argolla. Monte arriba, cabalgaron sobre su lomo. 

Al llegar a la cima, “le cortaron los testículos, se los metieron en la boca, le cortaron la lengua y le quitaron los ojos… Y todo eso vivo, claro”. 

Luego lo molieron a palos y abrieron fuego. “Eran tiros de escopeta, porque la cabeza estaba desfigurada”. Muerte de un maestro. Primero de septiembre de 1937.

“Es Arximiro, criatura única y ser colectivo, nombre gentilicio de todos los maestros escarnecidos y asesinados por la réplica fascista de Atila, que martirizó a la Galiza republicana entera”, escribe Xosé Manuel Beiras en uno de los prólogos de Maestros de la República, de María Antonia Iglesias. 

La periodista alumbró esta antología de mártires de la enseñanza, santos laicos a los que ningún cura rezó, tras descubrir el trágico fin de un hombre hecho a sí mismo y deshecho por otros. Lo leyó en Arximiro Rico, luz dos humildes, escrito a dos manos por Narciso de Gabriel y Xosé Manuel Sarille, quienes rescataron su figura del silencio.

“Escuché hablar de él desde pequeño, así como de su horrible muerte. Cuando iba a casa de mis padrinos, que vivían en Pol, por las noches contaban historias. Una versaba sobre una buena persona que no le había hecho nada malo a nadie. Mi padrino lamentaba aquel asesinato y se sorprendía por la carnicería.

 La narración fue tan contundente que siempre ha permanecido en mi memoria”, explica a Público De Gabriel, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de A Coruña. La descripción del macabro ritual se la escuchó a Manuel Sarille, socialista represaliado y padre de Xosé Manuel, quien dedicó su vida a investigar el terror sembrado en Montecubeiro durante la Guerra Civil.

Aunque nada podría explicar el ensañamiento, la parroquia de Castroverde fue escenario de un luctuoso suceso que contextualiza el crimen. Un año después del golpe de 1936, dos guardias civiles a la caza de varios fugados fallecen en un tiroteo, lo que desata una feroz represión en este municipio del interior de Lugo. 

Una lista pone en el punto de mira a 65 inocentes, de los cuales quince son asesinados. Arximiro Rico da clases en una aldea de Baleira, un ayuntamiento vecino, si bien frecuenta la zona y tiene amistades con republicanos del lugar. Su cadáver fue abandonado en el límite entre ambos municipios. “Lo dejaron tirado en el monte para extender la sensación de terror”, explica a Público Sarille, profesor de Historia jubilado.

Era un maestro ilustrado de origen humilde, aunque también un hombre que echaba una mano a sus vecinos: curaba a personas y animales, daba consejos sobre cultivos y repoblaciones forestales, enseñaba las cuatro reglas a niños y formaba a escolantes… 

“Pasaba por rojo, pero era un republicano centrista seguidor de Manuel Portela Valladares, quien estaba a la derecha de la Izquierda Republicana de Azaña”, matiza Sarille. Tampoco era un ateo, sino un creyente que había desterrado el crucifijo del aula. No daba clases de religión, mas regalaba catecismos a sus pupilos para que los leyesen en sus casas.

Sin embargo, Arximiro encarnaba el progreso. “Hizo un labor sociocultural que trascendía los muros de la propia escuela: creó un coro, un grupo de teatro, una biblioteca circulante… Elementos importantes para un lugar como aquel, muy aislado de los núcleos grandes de población”, afirma Narciso de Gabriel, quien lo describe como “el maestro total”. 

De hecho, cuando le llegó la muerte, estudiaba Medicina, al tiempo que daba clases mañana, tarde y noche, pues preparaba a bachilleres y a maestros por libre. “Mataron, pues, la esperanza de un futuro mejor para la gente del común”.

¿Por qué lincharon a un hombre bueno? Quizás la respuesta ya haya sido dada. “Ellos pretendían, además de vengarse de un enemigo político, matar esa antorcha de luz y cultura”, asegura el decano coruñés. Cuando dice ellos, se refiere a los poderes fácticos: el cura y, por extensión, el obispado de Lugo; los caciques, agazapados hasta que prendió la mecha de Franco; y los falangistas, una panda de analfabetos de la zona, quienes hicieron valer la fuerza sobre la razón.

 “Era evidente que la difusión de la cultura contribuía a erosionar esos liderazgos tradicionales”, le explicó De Gabriel a María Antonia Iglesias, quien también habló con su alumno Antón Arias: “Yo creo que si matan a mi padre no lo siento tanto…”.

José María Maravall, en el prólogo de Maestros de la República, señala que detrás del asesinato subyace una campaña sistemática para laminar la política educativa y cultural de Azaña. “Las razones de las ejecuciones eran erradicar el espíritu de la República encarnado en los maestros y en la educación; provocar un miedo generalizado. 

Esas razones fueron reforzadas por las venganzas”. Porque en la ejecución de Arximiro también hubo motivos personales: además de que los verdugos eran vecinos, y no esbirros llegados de otros lares, él había tenido roces con el cura de San Martín, cuyo hermano era un abogado falangista de tomo y lomo que llegó a ser alcalde de Lugo.

“El cura observa cómo en la escuela aparece un foco de luz que irradia sobre las gentes, funde las tinieblas, despierta las conciencias y hace desaparecer la ignorancia”, escribe Sarille. Arximiro, de algún modo, se convirtió en uno de los nuevos líderes locales que habían desplazado a los estamentos tradicionales. 

Sin embargo, “ante ellos tenían un clero ultramontano, una jerarquía que creía poseer la verdad absoluta y trataba, en consecuencia y naturalmente, de imponerla”. Así, fue expulsado de la escuela y sustituido por una maestra adepta al franquismo. Recurrió y la autoridad competente terminó dándole la razón, una humillación para sus detractores y un motivo más para llevárselo por delante.

Así, cuando llegó el comunicado oficial que le permitiría reincorporarse a su puesto, ya había sido asesinado. “En el rural gallego, durante la Segunda República había comenzado un proceso de sustitución de notables. Frente a caciques y sacerdotes, brotaron nuevas figuras, como los maestros. Desde ese momento, el enfrentamiento está dado porque él le segó al antiguo régimen la hierba bajo los pies. Y de ahí el odio”, analiza Sarille.

 “Cuando los liderazgos tradicionales y brutales tuvieron oportunidad de tomarse la revancha, no ahorraron en medios ni en formas”, concluye De Gabriel.

Arximiro, pese a que era consciente de que la guadaña falangista campaba por Montecubeiro, se confió y volvió a casa. O, lo que es lo mismo, a su escuela, aunque no llegó a poner un pie en ella. La última vez que su hermano Gumersindo lo vio, el maestro le dijo: “Me sentenciaron a muerte por haber enseñado a leer a una aldea”.                 (Henrique Mariño, 12/05/17)

11/5/17

En Betanzos... algunos fueron asesinados en plena calle

"Betanzos recordará a los 36 víctimas de la represión franquista con la instalación de un monolito en el entorno de la antigua fábrica de curtidos de A Magdalena, esa tenería que la Guerra Civil convirtió en improvisado campo de concentración.

 El homenaje, solicitado por Betanzos en Común y aprobado por todas las fuerzas salvo por el PP, que se abstuvo, salda una deuda del Concello con las víctimas. En la actualidad solo una placa recuerda a los mártires betanceiros, colocada a instancias de la asociación Eira Vella en la entrada del Museo das Mariñas. La Corporación ha acordado ahora celebrar anualmente un acto institucional en recuerdo de los 36 vecinos fusilados o paseados.  (...)

Tenían entre 17 y 69 años. Tres de ellos fueron fusilados sin causa previa; siete, tras un consejo de guerra; 22, paseados. Algunos fueron asesinados en plena calle. Otros murieron en la cárcel. Entre los represaliados está el alcalde Tomás López da Torre, O Galo; el concejal socialista Bernardo Miño o el edil de Izquierda Republicana José Novo. La mayoría no tenían cargos políticos ni sindicales.

Eran trabajadores como Francisco Barreiro Permuy, conocido como O paragüero, de 21 años, fotógrafo de profesión, militante en las Juventudes Comunistas que fue asesinado en Ordes junto a su compañero, también betanceiro, Germán López, conocido como O Marulán. Este último era un labrador de 35 años, inspector de arbitrios municipales afiliado a UGT. Casado, con dos hijos, su cuerpo apareció en Pinar da Torre con dos heridas de bala. Fue inscrito en el registro como "desconocido".

Otro nombre que incluirá el monolito será el de Manuel Allegue Regueiro, cabo de artillería de 24 años, tripulante del torpedero T-2, fusilado por supuesta sedición. O el de Manuel Calviño Babío, chófer de 38 años, paseado en A Espantosa, bajo el puente del ferrocarril. Su cuerpo apareció junto al de José Moreira Suárez, miembro de UGT al que acogía en casa.

José Carro Pena, jornalero de 30 años, de la CNT, asesinado a tiros y lanzado a una cuneta será otro de los nombres de la placa. Como el de Aurelio Castillo Barreiro, pintor, 32 años, conocido como el Dandy, afiliado a la CNT y fusilado el 9 de octubre de 1937. En la inscripción de su defunción figuraba que la causa de la muerte había sido una hemorragia interna, igual que en otros muchos represaliados. 

El soldado de la Marina José Edreira Seoane, de 21 años, paseado en un monte de Aranga. Manuel Fernández Pérez, mecánico de 18 años, asesinado junto a otros cuatro betanceiros: Bernardo Miño, Antonio Lagares, Camilo Naveira y Francisco Moreno (este último sobrevivió). 

 Ellos, como gran parte de los paseados pertenecían a UGT o CNT. Al igual que Tomás Fuentes Velón, Julio Sas Barros, Antonio Maceiras, Antonio López, Manuel Vales, José Rilo, Felipe Veiga, Manuel Ríos Fraga, Juan Moreira, Pedro y Julio Teijo, Pedro Salgado, Luis Naveira, Gerardo Mosquera, Manuel Vázquez, Francisco Fraga, José Maseda Vaamonde, Celestino Veiga o José Vaamonde. La lista la completa Manuel Muñoz, Francisco Barreiro y Manuel Veiga. Más que 36 nombres para una placa."                  (La Opinión, 30/04/17)

13.845 gaditanos, asesinados en ejecuciones que se convirtieron dentro de la ciudad en puro espectáculo

"Siete lugares de barbarie y dignidad

(...) Los refugios antiáreos de Almería

Gloria Sevilla era una niña de apenas diez durante la Guerra Civil. En su memoria tiene grabado cómo sus vecinos tropezaban ante las puertas del refugio antiáreo de su Almería natal. “Con aquellos cañonazos, ¿quién iba a ser capaz de salir a la calle?”, se pregunta esta mujer en la obra de María Serrano. Su testimonio sirve para explicar la caída de la última provincia andaluza fiel a la República: Almería.

A finales de mayo del 37, navíos de guerra alemanes bombardearon la ciudad de Almería, dirigidos por la mano directa de Hitler. Aquel día negro acabó con un balance de 40 muertos, 150 heridos y unos 200 edificios destruidos. "Qué miedo y qué asfixia daban aquellos refugios. Encima se veía tan poco que no se sabía ni cuantos éramos. Nos entraba descomposición de cuerpo. Era muy imponente”, prosigue Gloria Sevilla.


Estos refugios, rehabilitados en el año 2006, se han convertido en un testigo vivo de aquel horror vivido por los almerienses. El Gobierno republicano mandó construir una red de refugios a nueve metros de profundidad, extendida por túneles de casi cinco kilómetros de extensión, gracias a la labor del arquitecto Guillermo Langle, el ingeniero de canales José Fornieles y el ingeniero de minas Carlos Fernández. Tenía capacidad para albergar a 34.000 personas.

Los Muros de Puerta de Tierra de Cádiz

Los muros de Cádiz han sido testigos de infinidad de asesinatos. La ciudad de Cádiz tardaría apenas 48 horas en caer en manos del ejército sublevado. La historiadora Alicia Domínguez apunta en su libro El verano que trajo un largo invierno que las víctimas del fascismo en Cádiz ascendieron a 4.600, aunque los fusilados en la posterior represión alcanzaría la cifra de 13.845 gaditanos, asesinados en ejecuciones que se convirtieron dentro de la ciudad en puro espectáculo.

Los asesinatos se justificaban por sus verdugos porque era urgente la eliminación de enemigos contrarios a la patria. Solo en el primer mes de control fascista en la ciudad se produjeron 111 víctimas. A partir de 1937 el destacamento militar continúa con la represión por toda la provincia a través de juicios sumarísimos. (...)

Carretera de Víznar a Alfacar (Granada)

“Eran la mayoría africanistas y estaban acostumbrados a los métodos represivos que practicaron en la guerra de Marruecos. Los utilizaron en la represión de Granada, con una crueldad inusitada desde el principio”, señala el investigador. Solo la matanza indiscriminada en la conocida carretera de la muerte dejó entre los municipios de Víznar y Alfacar más de 2.500 asesinados del régimen de Franco.


Queipo de Llano, jefe del ejército franquista en Andalucía, dio el visto bueno a la ejecución de Lorca en el barranco de Víznar. El 18 de agosto, el poeta sería trasladado junto al maestro Dióscoro Galindo en un coche hasta la finca de Las Colonias, donde coinciden con los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Lorca pasa sus últimas horas encerrado en la planta baja. Los reos son conducidos a la carretera que une Víznar con Alfacar. Lorca muere fusilado en la madrugada del 19 de agosto, al pie de un olivo.

La cárcel provincial de Huelva


Desde finales de los 60 y hasta 1978, la dictadura franquista convirtió la antigua Prisión Provincial de Huelva en un centro de internamiento de homosexuales, que eran castigados al amparo de la ley denominada de Vagos y Maleantes. El médico franquista Vallejo-Nájera diagnosticaba los síntomas de la homosexualidad como “holgazanería, importunidad, tendencias cleptómanas, agresividad, vagabundeo, etc”.

 Con esta tesis se justificaba el electroshock y la esterilización forzosa para impedir la “propagación” de este colectivo. La persecución comenzaría desde el inicio de la Guerra Civil, y es que ya en 1936 Queipo de Llano radiaba ante los micrófonos de Radio Sevilla esta proclama: “Todo afeminado o invertido que lance alguna infamia sobre este Movimiento, os digo que lo matéis como a un perro”. (...)

La antigua cárcel de mujeres de Málaga

La cárcel vieja de Málaga sirvió de prisión y hacinamiento para más de 4.000 presas republicanas que pasaron hambre, miseria y penurias desde la ocupación de la capital por las tropas franquistas en febrero de 1937. El conocido Caserón de la Goleta, en pleno centro de la ciudad, sería la sede principal de la antigua cárcel de mujeres de Málaga. En ella se llegaron a albergar en el frío invierno de aquel año
a más de 400 mujeres en habitáculos en las que apenas había cabida para un centenar. Más del 60% eran de la provincia y el resto procedía de la capital o de otras ciudades.

La mayor parte de las malagueñas encarceladas eran jóvenes entre 21 y 40 años, aunque la represión se extendió a todos los grupos de edad. La violencia no entendía de edades sino de actitudes ideológicas. Las que procedían de la provincia, en su inmensa mayoría, y un tercio de las residentes en la capital, firmaban con el dedo.

 Prácticamente todas aceptaban el defensor que le asignaban y ninguna recurría a profesionales para su defensa en los consejos de guerra y en los juicios sumarísimos, sino a pliegos de firmas de los vecinos o avales, resultando estos una interesante línea de investigación que demostraría ese aspecto de guerra de clases y de miserias humanas tan propia de esta etapa negra de la historia.


Su vida cotidiana estaba marcada por un fuerte ejercicio de limpieza psicológica por parte de las autoridades franquistas, ya que eran calificadas como seres inferiores y perversos. Así lo destacaba en los informes de aquella cárcel Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares del aparato franquista. De su experimento con reclusas arrojaba que eran “libertarias congénitas, revolucionaras natas que impulsadas por sus tendencias biopsíquicas constitucionales desplegaron intensa actividad sumadas a la horda roja masculina”.

La Comisaría de Investigación de Jesús del Gran Poder

En pleno corazón de Sevilla, en la actual calle Jesús del Gran Poder, se encontraba lo que fue durante los primeros meses de la guerra en uno de los principales centros de terror y detención creados por el ejército franquista. El lugar había sido durante la II República sede de la Escuela Nacional de Magisterio.

Antonio Bahamonde, delegado de propaganda del general golpista Queipo de Llano, tras su exilio, y el actor Edmundo Barbero, dejaron escrito en sus memorias cómo las aulas fueron transformadas en salas de tortura. Bahamonde y Barbero narran detalles cómo en la antigua clase de Fisiología de esta escuela “había un piano y un cencerro muy grande, la misión era que no se oyeran los interrogatorios”, mientras que “las vitrinas estaban llenas de varas de acebuche y de vergajos” para las palizas que allí se cometían.


La última parada para los presos, la mayoría de ellos “condenados a muerte”, era el patio número tres, decorado con vidrieras. “Siempre estaba lleno de gente, puesto que los que entraban por la mañana habían de ser fusilados por la noche”. El sonido sobrecogedor de las torturas y palizas hacían que aquella calle no fuera apenas transitada por nadie durante la guerra.


El centro como tal duró apenas seis meses. La Comisaría de Investigación y Vigilancia desarrolló su actividad entre el 25 de julio y el 12 de noviembre de 1936 al mando del capitán Manuel Díaz Criado, que dirigía la organización de todo el aparato represivo en Sevilla. La mayoría de los condenados a muerte salían de allí en dirección a las tapias del cementerio de San Fernando."              (Público, 06/05/17)