28/6/17

“El que no se unía al golpe era declarado rebelde. El objetivo era imponer un estado de terror y, en un país que había estado regenerándose mediante la cultura, los intelectuales fueron machacados”.

"Hacinados, hambrientos y maltratados, los presos políticos de la vieja cárcel de Lugo le hicieron sitio al saber. En calabozos diseñados para una sola persona, encerraban hasta catorce reos, y aún así hubo espacio para los libros, la poesía y las charlas magistrales que impartían los maestros e intelectuales represaliados durante la Guerra Civil. “Cuando alguien cierra la puerta de una celda, en ese mismo instante está abriendo la libertad de una mente, porque la violencia que se ejerce contra el elemento más universal del ser humano provoca que la imaginación busque otra salida”, afirma el poeta Claudio Rodríguez Fer, cuyo padre dio con sus huesos en el presidio lucense tras el golpe de 1936.

Las puertas de la mente son infinitas e ingobernables, dice el poeta, convencido de que los detenidos “por supuestos delitos de ideas” se fortalecieron en prisión. “Pusieron a trabajar su conciencia para sobrevivir y forjaron una utopía mental en forma de trama política, obra de arte o creación literaria”, añade el hijo de Claudio Rodríguez Rubio, obrero sin estudios, voraz lector autodidacta, técnico molinero cuando lo prendieron. “Ese acto de resistencia explica tanto su supervivencia como su salida con la cabeza alta”.

Algunos, en cambio, no llegaron a pisar la calle. Condenados a muerte, sorprende su capacidad de abstracción, la voluntad de seguir aprendiendo, el cultivo de la razón entre barrotes. “En los libros buscaban una salvación o un porvenir que les estaban negando”, explica Cristina Fiaño, coordinadora de la muestra O vello cárcere de Lugo. Da guerra á posguerra, organizada por el Concello y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que comparte espacio con la exposición artística Dende o panóptico: cada cela unha fiestra. El visitante podrá ver las cartas, las notas, las memorias y los objetos elaborados por los presos, así como la recreación de una celda de la época.

La vida tenía fecha de caducidad. Podían correr los meses o ser cuestión de días. El maestro Gregorio Sanz, en sus memorias Uno de tantos. Cinco años a la sombra (Ediciós do Castro), recuerda cómo los encarcelados “buscaban temas, motivos de discusión, cuanto pudiera servir para deshacer la obligada monotonía de nuestro diario vivir”. En voz baja, los reclusos con más formación dedicaban horas y horas “a sembrar conocimiento, a disipar dudas, a desvanecer supersticiones, a corregir errores de aquellos compañeros, la mayoría semianalfabetos, ávidos de saber”.

El presidente de la Asociación de Maestros Nacionales de UGT rememora las conversaciones sobre arte, filosofía, literatura, leyes o historia, que pretendió truncar la redención por el esfuerzo intelectual, una medida del régimen aprobada en noviembre de 1940 cuyo objetivo de fondo era desactivar a los presos políticos a través de los beneficios penitenciarios mediante el trabajo. “Fue una manera de institucionalizar algo que hasta entonces se había hecho de forma natural y que ahora perseguía desarmar y absorber ideológicamente a los reos. ¿Cómo? Pues a través de la imposición de los saberes que debían circular en prisión y que pasaban por la religión y la doctrina fascista”, añade Fiaño, autora de la investigación O vello cárcere de Lugo (1936-1946), publicada por el cuaderno monográfico Unión Libre.


La lectura como esperanza. El alcalde de Lugo Francisco Lamas, durante su encierro en el Fuerte de San Cristóbal, subrayó profusamente El origen de las especies, de Charles Darwin. Entre las anotaciones que hizo el médico y fundador de las publicaciones Guión y Yunque figuraban las palabras “porvenir” y “sentido optimista del futuro”. El doctor Rafael de Vega Barrera se aferró a libros de temática religiosa —léase ¡Nosotros!… Dejémosle reinar… Él nos salvará—, aunque tanto él como otros republicanos católicos buscaban, según Fiaño, “las palabras del cristianismo primitivo no contaminado por el fascismo”. O sea, un “consuelo espiritual” con el que proclamaban su “inocencia”.

Precisamente a Lamas le pide el concejal Ángel Pérez que le facilite algún libro cuando su vida ya expiraba, pues sería ejecutado en octubre de 1936. Las notas corrían entre los presos, que se intercambiaban los ejemplares entre los muros de la vieja cárcel, adonde habían ido a parar intelectuales de toda la provincia: desde el abogado agrarista Lois Peña Novo hasta el poeta y director del semanario Ahora Avelino López Otero. Algunos, como Ánxel Fole o su hermano Desiderio, fueron confinados en otras prisiones y edificios habilitados a tal efecto.

El paredón también se llevó por delante a profesores como José Ramos López, pues la represión se encarnizó con el cuerpo de maestros nacionales. “Los tenían enfilados por su enseñanza laica”, asegura Carmen García-Rodeja, miembro de la ARMH, quien recuerda que cualquier republicano era susceptible de ser represaliado. “El que no se unía al golpe era declarado rebelde. El objetivo era imponer un estado de terror y, en un país que había estado regenerándose mediante la cultura, los intelectuales fueron machacados”.

Aunque la historiadora María Jesús Souto Blanco ha señalado en sus investigaciones que la mitad de los presos políticos entre 1936 y 1940 se dedicaban a la agricultura y a la ganadería, el porcentaje de maestros es significativo, así como el de políticos y sindicalistas. “Los primeros que caen son las autoridades y quienes ocupaban un cargo”, apunta Fiaño, que se remite a la circular difundida por el general Mola al ejército franquista antes del golpe: “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”.

También fueron recluidas muchas mujeres por motivos políticos —catorce en 1936, más de doscientas en 1940—. La mayoría, labradoras represaliadas por su vinculación con los huidos y por servir de apoyo a la guerrilla. Madres, hermanas, hijas y parejas fueron humilladas públicamente y sufrieron los rigores del presidio, donde ingresó Consuelo Alonso, la única ejecutada oficialmente en la provincia durante esos años. “El fascismo ejerció conscientemente la violencia de género: las mataban por sus ideas y porque eran mujeres que tenían ideas”, asegura Rodríguez Fer. “Ellas son las olvidadas dentro de los olvidados, por una cuestión machista y porque eran menos visibles política y socialmente”.

Consuelo era una vendedora de periódicos de Monforte apodada la Comunista. “Pese a ser pobre y madre de cuatro hijos, la detuvieron, la raparon y la sometieron a un consejo de guerra”, explica el poeta y coordinador —junto a Carmen Blanco— de la exposición Vermellas: chamábanlle rojas, que puede verse en la antigua cárcel lucense. “Era una lumpemproletaria que no había cometido ningún acto de resistencia armada, pero fue aniquilada por la maquinaria judicial y militar del Estado fascista. Y, aún así, conservó una rebeldía moral que le llevó a negarse a firmar su sentencia de muerte”.

También pasó por la prisión provincial Enriqueta Otero, maestra y guerrillera condenada a la pena capital en 1946. Aunque logró esquivar la muerte, la militante comunista fue torturada cruelmente. La historiadora García-Rodeja recuerda las penalidades por las que pasaron tanto los familiares como los vecinos que ayudaron a los del monte. “Cualquier atisbo de contestación fue castigado con saña, por lo que el régimen se cebó singularmente con los enlaces del maquis, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial”.


En la cárcel florecieron las charlas, las lecturas y otras manifestaciones artísticas. El concejal ribadense José López Ramos construyó maquetas de barcos y monasterios. El albañil monfortino Eusebio Cuesta tallaba el paisaje de su tierra en cajas de madera. El alcalde Francisco Lamas, ya en el Fuerte de San Cristóbal de Pamplona, escribiría cuadernos de geografía, literatura, biología, matemáticas y Estados europeos. Y Antonio Murillo, años después, aprendería solfeo y piano para poder tocar el órgano del penal.

En él, precisamente, se ha inspirado el artista Berio Molina para crear las instalaciones Coro y Órgano, que pueden ser visitadas hasta noviembre en la vieja cárcel de Lugo, trasunto de todas las prisiones franquistas. Allí, en un espacio habilitado para 140 reclusos en el que llegaron a ser confinados casi un millar, hoy se expone la memoria de quienes pagaron con su vida o su libertad la fidelidad a la causa republicana. “La rehabilitación del edificio ha supuesto para los lucenses un descubrimiento, tanto del espacio como de los presos, pues muchos desconocían que sus familiares habían estado encarcelados”, explica la miembro de la ARMH.

“La reforma a cargo de los arquitectos Juan Creus y Covadonga Carrasco, que dio lugar al Centro Cultural O Vello Cárcere, ha sido entendida como un reconocimiento a las víctimas. Además, les ha permitido recuperar su historia, porque antes la represión se ocultaba o se hablaba de ella en voz baja”, asegura García-Rodeja. 

Cuando era joven, Rodríguez Fer tampoco escuchó nada de aquel tiempo por boca de su padre. No quería colmar el “espíritu justiciero” de su hijo en los estertores del franquismo. Luego, el viejo molinero comenzó a hablar y Claudio, al fin, pudo saber.

“En el peor momento de la historia de Galicia, de España y del mundo, cuando la guerra estaba perdida y cazaban a los comunistas como conejos en el monte, comete la quijotada de afiliarse a un partido tan utópico en un Estado fascista: el PCE”. Corría el año 1940 y Rodríguez Rubio abrazaba de paso el Socorro Rojo Internacional. “Cuando uno está sumido en la distopía, sabe que es el momento preciso de empezar a caminar hacia la utopía”. 

De aquellas enseñanzas tardías, Claudio destiló poesía: “Padre mío que estuviste en la cárcel: / solidario sea tu numen, / venga a nosotros tu reino sin reyes”. Un padrenuestro laico y antifascista que termina con un “amén, camarada”.                (Henrique Mariño, Público, 25/06/17)

27/6/17

El "sadismo y crueldad" de Billy el Niño eran "vocacionales"

"Tres policías franquistas denunciados ante la justicia española. José Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, Manuel Gómez Sandoval y Tomás Nieto Berrocal eran inspectores de la Brigada Política Social. Están acusados de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad. E identificados por una de sus presuntas víctimas: el militante antifranquista Luis Suárez-Carreño.

El "sadismo y crueldad" de Billy el Niño eran "vocacionales", cuenta Suárez-Carreño a eldiario.es. Fue una de sus víctimas y recuerda su cara. Relata cómo el policía "disfrutaba" torturando. Ahora quiere ver ante el juez a su verdugo. Lo ha denunciado 44 años después.


Luis Suárez-Carreño fue detenido en 1970 y 1973. Procesado por el Tribunal de Orden Público, pasó tres años de cárcel en Carabanchel. Estaba acusado de asociación ilícita y propaganda ilegal. Pertenecía a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). El texto de la querella incorpora un periodo concreto: los tres días que sufre torturas en la Dirección General de Seguridad (DGS) de la madrileña Puerta del Sol.

Su denuncia es la  primera a título individual y el arranque de una secuencia que busca obligar a actuar a la justicia española. Otros futuros querellantes serán el exparlamentario europeo Willy Meyer, Felisa Echegoyen, Rosa María García, Adolfo Rodríguez,  Jesús Rodríguez o Chato Galante. Que los jueces decidan: o no aplican la Ley de Amnistía o amparan a quienes "se les imputan delitos de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad", en palabras del abogado Jacinto Lara.

La denuncia aporta un documento: el informe El franquismo y la violación sistemática de los derechos humanos que acredita el contexto como aspecto esencial para que los delitos sean considerados como crímenes contra la humanidad. "El dictamen pericial de contexto está firmado por cuatro doctores en Historia: José Babiano, Gutmaro Gómez Bravo, Antonio Míguez Macho y Javier Tébar", señala el letrado.

Destacaba, se había hecho famoso entre la gente de izquierda porque tenía un modo de involucrarse en los interrogatorios muy entusiasta. Disfrutaba. Su sadismo y su crueldad eran vocacionales. Otros policías te golpeaban sin una especial pasión. No digo que sin fuerza e indiferencia ante lo que nos pudiera pasar. 

Pero él intentaba dominarte psicológicamente, transmitir que sabía mucho, en el plano personal, sobre la organización... Billy el Niño mostraba una pasión y un interés perverso y morboso sobre ciertos aspectos. Era su clave diferencial.

¿Qué le ocurrió?

En el año 73 me detienen por segunda vez. Ya había sido detenido y procesado en el 70. La policía tenía bastante información sobre mí y era una presa de la que querían sacar tajada. Se ensañan conmigo. Saben que tengo un puesto de responsabilidad en la LCR y quieren aprovechar para sacar información sobre otros compañeros y la estructura de la organización.

¿Qué métodos usaban los torturadores franquistas?

Era una sucesión de golpes en el cuerpo. Intentaban no dejar marcas y para eso te ponían un abrigo. Como era verano, ayudaba a que pasaras un calor espantoso, sudaras y tuvieras una sed enorme. Los golpes en la planta de los pies eran bastante dolorosos, sobre todo al cabo del tiempo, de unas horas. 

Acabé con las plantas de los pies destrozadas. También te obligaban a caminar en cuclillas por la sala de tortura. Esto fomentaba el agotamiento y en unas horas ya eres víctima del desconcierto, no tienes claro ni dónde ni cómo estás. Pierdes las referencias.

¿Tres días así?

Todo eso durante tres días que son muy largos. Soy torturado sistemáticamente, con interrogatorios constantes. La dinámica era que te bajan al calabozo, para que te relajes, y luego te vuelven a subir. Y vuelta a empezar. Provocaban un estado general de pánico y agobio. Insufrible. Permanezco en la Dirección General de Seguridad los tres días máximos que permitía entonces la ley antes de pasar al juez.

En el 73 detienen también a su mujer (menor de edad, con 18 años, la mayoría entonces estaba en los 21).

Junto a mí detuvieron a mi mujer, que era muy joven y tenía poca relación con la actividad militante, aunque conocía mi implicación. Me decían lo que le iban a hacer a ella, lo que había hablado de mí, era un proceso psicológico de intentar romperte, de querer hacerte culpable. Cuando me bajaban al calabozo y mi mujer oía pasos, pensaba que era yo y gritaba. Lo único que podíamos hacer era gritarnos.

¿Los fantasmas de aquellos días le siguen persiguiendo?

No he pensado recurrentemente en ello. No es un recuerdo agradable, desde luego, pero no lo he olvidado. Recuerdo muchas cosas con nitidez, aunque seguro que algunos detalles se habrán perdido. Como cuando los policías se tomaban unos cubatas y yo seguía allí, torturado y sudando después de horas de calor y sin beber ni una gota de agua. Sí, tengo cosas grabadas que no las puedo olvidar.

Estaba detenido en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. Un lugar de infausto recuerdo para muchos.

Era el lugar de paso obligado. Ahí es donde estaba la Brigada Político-Social, los sociales que les llamábamos entonces. Y por ahí teníamos que pasar todos. Ahí tiraron a Enrique Ruano por la ventana y a fecha de hoy no hay ni una sola referencia ni testimonio sobre la importancia que tuvo el edificio como espacio de represión pero también de lucha por la libertad y contra el franquismo. Es un ejemplo de cómo este país, en términos de memoria, sigue teniendo mucho por hacer.

¿Qué episodios de violencia contra detenidos recuerda?

Muchos salieron con heridas y daños físicos graves. En el tiempo que estuve en [la cárcel de] Carabanchel había compañeros que venían tocados. Yo llegué con severas lesiones en los pies y recuerdo algún compañero que quedó cojo, o un compañero del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) que murió hace poco y arrastró toda su vida las secuelas que le acarreó aquel episodio de tortura. Serían miles de personas, pero la Administración no se ha preocupado por recuperar estas historias, no se han recopilado ni siquiera los testimonios orales, y se pierden.

Sufrió tortura en sus dos detenciones, ¿y en la cárcel?

No. Cuando hacíamos huelgas de hambre o protestábamos había represalias como las celdas de castigo, el aislamiento. Porque en la cárcel seguíamos la resistencia. De hecho, así alcanzamos en los años 70 un cierto estatus de respeto de las autoridades franquistas como presos políticos.

 Aunque no estábamos reconocidos como presos políticos oficialmente, pero eso nos daba opción de estudiar, discutir, formarnos, compartir recursos y comida… un cierto aire de libertad y organización que se había luchado tanto dentro como fuera. También era muy importante el apoyo social y estudiantil y el internacional como un movimiento que hizo mucho por los presos y la lucha por las libertades.

La justicia argentina ya intentó sin éxito procesar a Billy el Niño y otros presuntos torturadores franquistas. ¿Cree que la justicia española atenderá ahora el caso?

Es nuestra esperanza. Quiero puntualizar que la querella argentina no está muerta. El Estado español no está prestando la obligatoria colaboración con la justicia argentina pero el proceso sigue adelante, no se ha anulado ni suspendido.

 Lo que pretendemos es abrir más frentes de acción de justicia. Que haya justicia. Obligar a los jueces a que tengan que pronunciarse y se nieguen a amparar estos delitos, que quede claro que la Ley de Amnistía no tiene validez ante crímenes contra la humanidad. Estamos en un proceso de arranque de una secuencia.

A mí me ha tocado ir delante, pero nuestros abogados, especializados en derechos humanos, y las asociaciones de víctimas del franquismo, preparamos una serie de querellas individuales que se suman a las iniciativas y denuncias de ayuntamientos como los de Pamplona o Vitoria para defender a los ciudadanos que sufrieron estos crímenes. Con la esperanza, siempre, en que la verdad y la justicia resplandezcan."                    (, eldiario.es, 20/06/2017)

23/6/17

Asesinos de las SS con doctorado. El papel decisivo de los intelectuales en la élite de la Orden Negra de Himmler

 
 Oficial del SD en Ucrania en 1941

"La imagen que se tiene popularmente de un oficial de las SS es la de un individuo cruel hasta el sadismo, corrupto, cínico, arrogante, oportunista y no muy cultivado. Alguien que inspira (aparte de miedo) una repugnancia instantánea y una tranquilizadora sensación de que es un ser muy distinto, un verdadero monstruo. 

El historiador francés especializado en el nazismo Christian Ingrao (Clermont-Ferrand, 1970) nos ofrece ahora un perfil muy diferente, y desasosegante. Hasta el punto de identificar a un alto porcentaje de los mandos de las SS y de su servicio de seguridad, el temido SD, como verdaderos "intelectuales comprometidos".

El término, que ha escandalizado en el mundo intelectual francés, resulta escalofriante cuando se piensa que esos son los hombres que estuvieron a la cabeza de las unidades de exterminio. En su libro de reciente aparición en castellano Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado, 2017) Ingrao analiza pormenorizadamente la trayectoria y las experiencias de ochenta de esos individuos que eran académicos —juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores— y a la vez criminales.

 Hay un fuerte contraste entre ellos y el cliché del oficial de las SS. Asesinos de masas en uniforme con un doctorado en el bolsillo, como describe el propio autor. Lo que hicieron los "intelectuales comprometidos" , teóricos y hombres de acción, de las SS fue espantoso.

Ingrao cita el caso del jurista y oficial de la SD Bruno Müller, a la cabeza de una de las secciones del Einsatzgruppe D, una de las unidades móviles de asesinato en el Este, que la noche del 6 de agosto de 1941 al transmitir a sus hombres la nueva consigna de exterminar a todos los judíos de la ciudad de Tighina, en Ucrania, se hizo traer una mujer y a su bebé y los mató él mismo con su arma para dar ejemplo de cuál iba a ser la tarea.

"Resulta curioso que Müller y otros como él, gente muy formada, pudieran meterse así en la práctica genocida", dice Ingrao que ha presentado su libro en Barcelona, "pero el nazismo es un sistema de creencias que genera mucho fervor, que cristaliza esperanzas y que funciona como una droga cultural en la psique de los intelectuales".



La base de ‘Las benévolas’

 


Ingrao y Littell. Cualquiera que lea Creer y destruir percibirá los paralelismos con la novela de Jonathan Littell Las benévolas (2006).Ingrao la describe como “una réplica temática en ficción” de su trabajo, y recuerda que éste, que fue su tesis, circuló ampliamemente antes de la publicación de Las benévolas.

¿Max creíble? Max Aue, el protagonista de Las benévolas guarda muchos parecidos con los intelectuales del SD de Ingrao. “Excepto en lo de la homosexualidad y el incesto. Pero, claro, es un personaje de novela”. ¿No es demasiado refinado y esteticista para ser un SS? “Bueno, Heydrich leía mucho y tocaba el violín. Y no olvides que Eichmann leía a Kant”, responde.

También otro nazi tomado por Littell, Leon Degrelle (en su ensayo Lo seco y lo húmedo) presenta paralelismos con otro estudiado por Ingrao en su libro Les chasseurs noirs: Oskar Dirlewanger. El primero era favorito de Hitler y el segundo de Himmler.

El historiador recalca que el hecho es menos excepcional de lo que parece. "En realidad, si examinamos las masacres de la historia reciente veremos que hay intelectuales bajo el felpudo. En Ruanda, por ejemplo, los teóricos de la supremacía hutu, los ideólogos del Hutu Power, eran diez geógrafos de la Universidad de Lovaina. Casi siempre que hay asesinatos de masas hay intelectuales detrás".

 Pero, uno no espera eso de los intelectuales alemanes. Ingrao ríe amargamente. "Es cierto que eran los grandes representantes de la intelectualidad europea, pero la generación de intelectuales que nos ocupa experimentó en su juventud la radicalización política hacia la extrema derecha con marcado énfasis en el imaginario biológico y racial que se produjo masivamente en las universidades alemanas tras la Gran Guerra.

 Y entraron de manera generalizada en el nazismo a partir de 1925". Las SS, explica, a diferencia de las vocingleras SA, ofrecían a los intelectuales un destino mucho más elitistas.

¿Pero el nazismo no les inspiraba repugnancia moral? "Desgraciadamente, la moral es una construcción social y política para estos intelectuales. La Primera Guerra Mundial ya los había marcado: aunque la mayoría eran demasiado jóvenes para haber luchado, el duelo por la muerte generalizada de parientes y la sensación de que se libraba un combate defensivo por la supervivencia de Alemania, de la civilización contra la barbarie, prendieron en ellos.

La invasión de la URSS en 1941 significó el retorno a una guerra total aún más radicalizada por el determinismo racial. Hasta entonces había sido una guerra de venganza, pero a partir de 1941 se convirtió en una gran guerra racial, y una cruzada. Era la confrontación decisiva frente a un enemigo eterno que tenía dos caras: la del judío bolchevique y la del judío plutócrata de la Bolsa de Londres y Wall Street.

Para los intelectuales de las SS, no había diferencia entre la población civil judía que exterminaban al frente de los Einsatzgruppen y las tripulaciones de bombarderos que lanzaban sus bombas sobre Alemania. En su lógica, parar a los bombarderos implicaba matar a los judíos de Ucrania. Y si no sería el final de Alemania. Ese imperativo construyó la legitimidad del genocidio. Era 'o ellos o nosotros".

Así se explican casos como el de Müller. "Antes de matar a la mujer y el niño habló a sus hombres del peligro mortal que afrontaba Alemania. Era un teórico de la germanización que trabajaba para crear una nueva sociedad, así que el asesinato era una de sus responsabilidades para crear la utopía. Curiosamente Había que matar a los judíos para cumplir los sueños nazis".

Ingrao sostiene que los intelectuales de las SS no eran oportunistas, sino personas ideológicamente muy comprometidas, activistas con una cosmovisión en la que se daban la mano el entusiasmo, la angustia y el pánico, y que, paradójicamente, abominaban de la crueldad. "Las SS era un asunto de militantes.

Gente muy convencida de lo que decía y hacía, y muy preparada". Pues resulta más preocupante aún. "Por supuesto. Hay que aceptar la idea de que el nazismo era atractivo y que atrajo como moscas a las élites intelectuales del país”.




La brigada de cazadores salvajes de Dirlewanger

Christian Ingrao es el autor también de un apasionante estudio sobre la Brigada Dirlewanger, la unidad de siniestra reputación que creó el comandante de las SS (ascendido luego a general) Oskar Dirlewanger para luchar contra los partisanos y que se nutrió inicialmente de delincuentes convictos de delitos relacionados con la caza. Les chasseurs noirs (Perrin, 2006) es un libro más asequible para un lector generalista que Creer y destruir aunque los dos tienen muchas cosas en común, y desde luego Dirlewanger es un buen ejemplo de la formación ideológica de un mando nazi.

 La brigada, denostada por muchos mandos del Ejército, participó en numerosas operaciones en el Este contra los partisanos granjeándose una reputación de brutalidad incluso en el marco de las unidades de las SS, que ya es decir. Ingrao apunta que combatía al estilo despiadado de la Guerra de los Treinta Años.

Realizó acciones de exterminio de población civil y judíos e intervino en el aplastamiento de la sublevación de Varsovia de manera especialmente vil. Finalmente incorporó ¡presos políticos de izquierdas!, los únicos antifascistas que vistieron uniformes de las SS (la cosa no funcionó). Ingrao resigue la historia de la brigada (que acabó en fantasmagórica división de las Waffen SS) y la de su líder (que iba singularmente por libre en el ejército alemán).

 “El personaje es abyecto, por supuesto, pero fascinante”, señala. “Todos lostestimonios coinciden en señalar que era un hombre carismático y valiente, casi estúpidamente intrépido". De sus 32 años de adulto, el "lansquenete nazi" pasó 19 en guerra. Capturado por los franceses al acabar la guerra, murió en junio de 1945 a causa de las palizas que le propinaron guardianes polacos."              ( , El País, 22/06/17) 

22/6/17

La sangrienta bacanal de Margit Thyssen... que terminó con el asesinato de 180 judíos. "Podezin, el cabecilla que hace un rato ha disparado a la cabeza de hombres y mujeres, baila ahora con absoluto desparpajo"

"Ocurrió una noche de luna llena, la del 24 al 25 de marzo de 1945, en Rechnitz, en una Hungría antisemita y aliada de una Alemania cuya derrota en la guerra era ya un hecho. Los rusos estaban muy cerca y quedaba solo un mes para que Hitler se suicidara.

Pero en su castillo, Margit Batthyány-Thyssen, una de las mujeres más ricas de Europa, ejercía de anfitriona de una fiesta en la que no se escatimaban el alcohol ni los excesos y a la que había invitado a los jefes locales del partido nazi, a miembros de la policía política, la Gestapo, las Juventudes Hitlerianas y las SS, entre ellos su amante y administrador de la mansión, Hans-Joachim Oldenburg, y el suboficial Franz Podezin, quien recibió una llamada.

Le comunicaban que un convoy con 180 prisioneros judíos húngaros con tifus había llegado a la estación de tren del pueblo. Inmediatamente convocó a entre 10 y 13 invitados de la fiesta, les repartió fusiles y munición y les acompañó a un lugar cercano con la misión de "liquidar" a los presos.

Y así lo hicieron, tras obligarlos a desnudarse ante una fosa que ellos mismos habían tenido que cavar. Mientras, "en el palacio se descorchaban más botellas de champán y alguien tocaba el acordeón".

Un camarero recordará cómo le llamó la atención que "los huéspedes" que regresaron a las tres de la madrugada "gesticulaban con vehemencia" y "tenían las caras rojas".

"Podezin, el presunto cabecilla que hace un rato ha disparado a la cabeza de hombres y mujeres, baila ahora con absoluto desparpajo", escribe el periodista suizo Sacha Batthyany (1973), sobrino nieto de Margit, en 'La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia' (Seix Barral), un aplaudido ejercicio de rescate del pasado de sus ancestros, donde él mismo psicoanaliza su traumática herencia y halla una no menos dura respuesta a esta pregunta: "¿Habría sido capaz de esconder a los judíos?".

"LA CONDESA NAZI"

De la masacre han hablado Elfried Jelinek en 'El ángel exterminador', Eduard Erne en el documental 'Silencio de muerte' y David R. L. Litchfield en 'La historia secreta de los Thyssen' (Temas de Hoy); sin embargo, Sacha Batthyany no supo de ella hasta que en el 2007 un colega le señaló una noticia aparecida en la prensa donde se hablaba de su "tía Margit" como "la condesa nazi y sanguinaria", hija de los barones Heinrich Thyssen y Margareta Bornemisza, y hermana de Hans-Heinrich Thyssen-Bornemisza, el famoso coleccionista de arte que se casó con Carmen Cervera.

El juicio y los testigos eliminados

Durante la primera caza de nazis tras la guerra, explica Sacha Batthyany, siete personas fueron acusadas de crímenes de lesa humanidad, entre ellas los principales responsables, Franz Podezin y el amante de Margit Hans-Joachim Oldenburg, a quienes ella ayudó a huir y desaparecer. Pero en 1946 el proceso se estancó a causa del asesinato de los dos testigos principales.

Uno, el armero del palacio Karl Muhr, que entregó los fusiles y vio las caras de los verdugos, fue hallado con una bala en la cabeza en el bosque junto a su perro muerto mientras su casa ardía. El otro, Nikolaus Weiss, testigo ocular que sobrevivió a la matanza escondido en el cobertizo de unos vecinos, murió en el acto cuando su coche fue tiroteado y perdió el control.

Margit (1911-1989) era una excelente cazadora, aunque no hay pruebas de que disparara aquella noche. "Era antipática y muy aficionada a los hombres; al parecer una obsesa sexual… Pero ¿una asesina? Desde luego que no", le dijeron sus familiares a Batthyany.

Estaba casada con el conde húngaro Ivan Batthyáni (hermano del abuelo del autor), quien al día siguiente de la matanza en el castillo (destruido por bombas rusas al final de la guerra) ordenó ejecutar a otros 18 judíos que habían tenido que cubrir con tierra la fosa común, que hoy sigue sin localizarse.

DE BUENOS AIRES AL GULAG

El libro (más de 25.000 ejemplares vendidos en Alemania) condensa los resultados de una indagación que llevó a Sacha Batthyany a Buenos Aires, a los restos del gulag y a Hungría. Se cimenta en testimonios, archivos, actas del proceso judicial que hubo tras la guerra e informes de los servicios de seguridad suizos. Pero, sobre todo, en el diario de su abuela Maritta, donde confesaba otro negro episodio familiar, ocurrido en el verano de 1944, meses antes del de Rechnitz.

Maritta, que perdió a su bebé al acabar la guerra, se crió en una regia familia de terratenientes húngaros con unos padres estrictos y distantes. Vivían con numerosos criados en un palacio de 30 habitaciones, entonces tomado por tropas nazis, que luego sería expropiado por los rusos.

Lo que atormentó de por vida a la abuela del autor fue sentirse culpable por no haber podido hacer nada al ver cómo un matrimonio judío, los Mandl -que antes de acabar como esclavos del noble regentaban la tienda de comestibles del pueblo-, morían a tiros en el patio tras suplicarle ayuda a su padre, quien se la negó. Solo querían que salvara a sus hijos, que ya iban camino de Auschwitz. Uno de ellos, Agnes, tenía 18 años, cuatro menos que Maritta, y sobrevivió." (Anna Abella , El Periódico, 19/06/17)

21/6/17

Fue torturado durante 59 días antes de ingresar en la prisión de A Coruña. Engrilletado de sol a sol, le quitaron las uñas, le clavaron lápices y le hicieron cortes en las manos con una navaja para comprobar cómo era la sangre de los rojos

"Mientras Carrillo renunciaba a la guerra de guerrillas y los maquis enfilaban los Pirineos, un chaval de apellido mesiánico se echaba al monte. Camilo había nacido tres años antes del comienzo de la Guerra Civil en Sandiás. 

Hijo del fundador del PCE en ese pequeño pueblo de Ourense, a los doce ya ejercía, como su madre y su hermano mayor, de enlace. Muerto el padre, los tres pasaron a la clandestinidad. Un quinceañero rebelde. Un guerrillero imberbe. Un preso sin juventud. 

Camilo de Dios vive: ochenta y cinco años, su chorro de voz llega con potencia, aunque su oído renquea al otro lado del teléfono. La lucha sigue: cuando salió de la cárcel y la resistencia eran el Piloto y tres más, alegres bandoleros, él persiguió los restos de Perfecto, abatido por la Guardia Civil al poco de alcanzar la mayoría de edad.  (...)

Madre e hijo partían hacia Madrid disfrazados de segadores, ajenos a las penalidades de Camilo en prisión. Los acompañaban otros dos guerrilleros, Manuel Rodríguez y Juan Sorga, cuando la Guardia Civil los interceptó en el pueblo abulense. 

Sorga pudo haber llegado a Francia, el destino final que pretendían alcanzar los fugados; a Rodríguez le dieron garrote tras detenerlo días más tarde; y Perfecto fue cosido a balazos allí mismo. Su madre, en vez de huir, lo remendó a abrazos, uno por cada año de cárcel, hasta cumplir trece. Camilo se enteró de su muerte meses después, cuando llegó la carta remitida por Carmen Méndez.

Entre ambos medió una correspondencia macabra. Desde el penal de Alcalá escribía un muerto. Y una muerta devolvía las palabras desde la prisión de Segovia. Ambos habían sido condenados a la pena capital, si bien él se libró por ser menor y a su madre le conmutaron la pena.

 El viejo guerrillero cree que el régimen suavizó el castigo para ganarse los favores de la ONU, en la que Franco pretendía ingresar. Camilo vagó por tantas prisiones como dedos tienen sus manos y, durante cinco años, llegaron a estar juntos, aunque separados. “En la prisión de Alcalá sólo nos separaba un muro, pero nunca nos dejaron vernos”, recuerda.

Pese a que usted ya era un joven inquieto, el primer atisbo de rebeldía se produjo tras la muerte de su padre, cuando una falangista se acercó a su casa durante el velatorio y se puso a cantar el Cara al sol. Luego ajustaría cuentas a palos...
Hubo varios motivos que se fueron acumulando… No obstante, ése fue el comienzo de mi rebeldía. Yo no estaba ideologizado, pero al entrar en la guerrilla me dieron unos cursillos y me prepararon: desde clases de tiro hasta manejo de armas, pasando por la concienciación política.

Se echó al monte con quince años, aunque ejercía de enlace desde que tenía trece. Qué joven, ¿no?
Sí, mas yo no sentía que estuviese corriendo ningún peligro. De alguna manera, era una tarea segura, porque nadie desconfiaba de mí. A un adulto lo vigilan, pero a un niño, no.

Su madre colaboraba con la guerrilla, fue represaliada y llegaron a pegarle.

Tuvo un par de incidentes. Ella había huido con mi padre a Portugal, si bien tuvo que volver porque tenía dos hermanos movilizados. La familia de mi madre era de derechas. Sin embargo, cuando conoció a mi padre se politizó. Tuvieron tres hijos y dos terminamos echándonos al monte. El resto es historia.

Camilo se ahorra los detalles. Alguien llama a la puerta y Carmen ve a cuatro jóvenes. Uno le estampa una piedra en la cabeza: es el hijo del alcalde, que cobrará del futuro guerrillero. No obstante, las reacciones a aquellos abusos lo ponen en el punto de mira de la Falange y de la Guardia Civil. Un día, ve un camión de la Benemérita frente a su casa. 

Su madre ha escapado y él va a buscarla. Intenta convencerla de que no hay peligro: no van a por ella, sino que simplemente habían ido a recoger unas patatas, o se habían parado para mear ahí delante, tanto da. Carmen cree que es el momento de dejarlo todo atrás y sumarse a la lucha. Su marido, Jesús de Dios, había caído enfermo después de andar escapado durante la guerra y yace en el cementerio. Perfecto lo tiene claro. Camilo, al principio reticente, se suma, y luego se conciencia.

“La historia de Camilo en el monte es heroica. Aunque él le quita importancia, aquel niño campesino se convierte en una figura legendaria. Al ser joven, pasa a formar parte de una guerrilla de choque y alguna de sus acciones da para escribir una novela, como el intento de rescatar en 1948 a José Gómez Gayoso (secretario general del PCE en Galicia) y a Antonio Seoane (jefe del Ejército Guerrillero de Galicia)”, explica Carmen García Rodeja, historiadora y miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

 “Partió de Ourense y llegó a Ferrol monte a través, luego embarcó hasta A Coruña y entró a golpe de máuser en la cárcel. Huyó entre tiros, no sin antes disfrazarse con el uniforme que le había quitado a un guardia e intentar liberar infructuosamente a sus camaradas”, añade la coordinadora de la exhumación de Perfecto en Chaherrero.

A la familia le han quitado todo. La vivienda donde se crio y el terreno que pisaban los cuatro bueyes, las seis vacas, el caballo y el burro de parada —o sea, un semental— que poseían. No era una mala casa, pues hasta despachaban cacao. Pero poco antes, en 1934, Benigno Álvarez les había inoculado el pecé durante un mitin, por lo que estaban marcados. 

Camilo alternó la escuela con las labores del campo, que retomaría décadas después. No le dio tiempo a nada en la vida, más allá de sacarse el carné de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), porque al año de echarse al monte fue detenido en un enfrentamiento con la guardia civil. 

 Fue torturado durante 59 días antes de ingresar en la prisión de A Coruña. Engrilletado de sol a sol, le quitaron las uñas, le clavaron lápices y le hicieron cortes en las manos con una navaja para comprobar cómo era la sangre de los rojos. Él maldecía a las madres de los torturadores para ganarse un tiro, que nunca llegó.

 Corre el año 1949 y la Federación de Guerrillas de León-Galicia es la sombra de lo que fue. Dos años antes, el PCE se ha impuesto sobre socialistas y anarquistas, pero tras un auge pasajero del maquis, el partido ordena el fin de la lucha. En la comarca de A Limia, donde nació Camilo, detienen a decenas de personas —un ejército en la retaguardia callado e incruento— relacionadas con el maquis, que ha visto cómo sus guerrilleros iban cayendo en la batalla.

“El principal tropiezo se produce cuando los aliados, durante la Segunda Guerra Mundial, deciden no derrocar a Franco y en 1944 fracasa la invasión del Valle de Arán, que tenía como objetivo hacer reaccionar a las potencias occidentales. El régimen reaccionó mandando tropas y hubo muertos a punta pala. 

Entonces se vio que no había nada que hacer y algunos comenzaron a recibir la orden de abandonar la lucha”, explica el periodista Antón Grande. Sin embargo, otros siguieron sumándose. “La incorporación de Camilo fue tardía y obedece a la decisión del PCE de organizar grupos de guerrillas integradas por jóvenes de entre 16 y 18 años, que no tenían experiencia alguna. Cayeron casi todos, sólo queda él”.

Antes y después, en el monte había de todo. Anarquistas, socialistas, comunistas y republicanos en general, aunque también personas no ideologizadas que habían tomado las armas porque estaban siendo represaliadas en el llano. A Camilo le venía de familia, si bien entonces él sólo era un chaval. Su hermano Perfecto, en cambio, estaba más politizado. Tenía otro, llamado Pastor, que vivió con su padrino y no llegó a entrar en la guerrilla. 

En realidad, todos los hermanos vivieron con sus respectivos padrinos, que se llamaban igual que ellos, cuando en su casa montaron un cuartel de la Falange y les comenzaron a requisar la cosecha y las bestias: Pastor se fue con el padrino Pastor; Perfecto, con el padrino Perfecto; y Camilo, claro, con el padrino Camilo. Luego volvió el padre de la cárcel y al poco murió. Intentaron retomar su vida y sus propiedades, pero las circunstancias terminarían empujándolos a la clandestinidad.

A finales de los cuarenta, esperaban la intervención de los aliados. No llegó.
Éramos conscientes de que no teníamos fuerza suficiente para derrocar al régimen. Sin embargo, había promesas de que los aliados nos iban a ayudar. No obstante, cuando muere Roosevelt y Truman llega a la Presidencia de EEUU, todo se fastidia. Encima, las noticias aquí llegaban tarde.

Los maquis fueron cayendo, hasta que en A Limia quedó sólo una treintena. Sin embargo, no quisieron aceptar a los hijos de los guerrilleros que preferían echarse al monte a hacer la mili, porque pensaban que eran carne de cañón.
Claro. No admitimos a más gente porque los apoyos no nos permitían contar con más personas. La gente iba cayendo, las torturas eran terroríficas y decidimos no aceptar refuerzos.

Llegó a disfrazarse de seminarista para burlar a la pareja de la guardia civil.
Eso era cuando iba a hacer un enlace, a buscar propaganda o a transportar armas para arreglarlas. No era habitual, mas suponía una garantía, porque entonces no había documentación, sino una cédula personal.

Curiosamente, años antes, el sacerdote del pueblo no quiso darles la primera comunión: “A mí no me hizo ateo la política, fue el cura”.
Decían que éramos hijos de rojos. Eso te marca y te forja una conciencia en contra de un sistema que, aunque no lo entiendes bien porque eres un niño, ves que es injusto. Como aquel Cara al sol... Yo era un crío, pero cuando hay un difunto en casa, los vecinos no se fijan si es de izquierdas o de derechas, porque se le debe un profundo respeto. El problema no era tanto la canción, sino la falta de respeto por cantar en un velatorio.

Encarcelados, usted y su madre mantuvieron una correspondencia durante años.

Podíamos escribir sólo una carta al mes y que no pasase de veintiuna líneas. El censor no daba abasto y, para no tener tanto que leer, nos obligaban a escribir textos breves.

Su primer libro en la cárcel: La vida de los topos.

Sí, bueno… [risas] Eso fue en A Coruña. ¡Qué me importaba a mí lo que comían los topos! ¡O cómo construían las galerías! Sin embargo, me lo sabía de memoria… En todo caso, yo ya había leído otros libros antes e incluso teníamos una enciclopedia y un maestro escondido en casa. Yo no, pero mi hermano Perfecto era muy buen estudiante.

Había que llegar a pie o a caballo. La casona de un ilustre del franquismo se había convertido en su cuartel general, pues los caseros eran afines a la causa. Allí, en A Edreira, un claro en la sierra de San Mamede, mandaban su madre y Benigno Álvarez, el veterinario que fundó el PCE en la provincia de Ourense.

 Carmen se ocupaba de la intendencia y de la propaganda. Cuando murió Benigno, la guardia civil mostró el cadáver de la Fiera Comunista en pueblos y aldeas de la redonda, como si se tratase de una atracción de feria. Aquella parada y fonda, que alternaban con otras casas de enlaces y con los rigores del monte, fue bautizada como el Balneario.

El periodista Antón Grande describe aquellos días poniendo tierra y tiempo de por medio. “Aunque existe una concepción romántica de la guerrilla, no estaban todo el día en el monte, sin lavarse y pasando calamidades.

 Eso era una parte del maquis, pero los inviernos en Galicia son muy largos, por lo que tenían muchos refugios gracias al apoyo del pueblo, que los protegía”. Sin embargo, las autoridades emprendieron una “campaña de intoxicación” para desacreditarlos entre la población y “los trataban como bandoleros”, afirma García Rodeja.

Ellos, por su parte, contraatacaban con El Guerrillero, un periódico clandestino que se presentaba como el Órgano del Ejército de Galicia. “También les llegaba de fuera Mundo Obrero, aunque a veces sólo conservaban la cabecera y escribían en papel de calco un nuevo diario, elaborado a mano, en el que incluían opiniones y poemas. Una información sesgada y partidista, porque tenían poca información de lo que pasaba en el mundo”, explica Antón Grande. Luego estaba el llamado Parte de guerra, unos panfletos que arrojaban en los pueblos tras llevar a cabo una acción.

En una misión en Ourense, Camilo y José María Saavedra, un socialista de Ferrol, son cercados por los agentes, que le prenden fuego a la casa donde se guarecen de las balas. Su camarada, herido, le pide que le pegue un tiro para evitar las torturas y las delaciones. Él le pone la pistola en la mano izquierda y bum. Lo deja allí con un ojo colgando, la cabeza atravesada por una bala. Camilo es detenido, aunque no se imaginaba que, tras despertar atado a la cama de un hospital, se iba a reencontrar con José María en la cárcel de A Coruña. 

No lo había rematado porque pensaba que estaba muerto. Su compañero, cuya confesión provocó el desmantelamiento de la guerrilla en Mugardos y Ferrolterra, fue ajusticiado a garrote vil y le dejó un reloj que aún conserva en herencia. Sólo había pedido que Camilo lo acompañase durante sus últimas horas.

Llegó a la prisión de A Coruña con el pantalón tan desgastado por el culo que sus compañeros le regalaron un mono. Una década después, cuando finalmente salió en libertad de la cárcel de Yeserías, le tocó en suerte un traje pagado por el PCE. Por una puerta había entrado un campesino metido a guerrillero, y por otra salió un guerrillero convertido en un encuadernador… de libros y prensa falangista, claro.

Tuvo que disparar, aunque sostiene que no le gustaba que hubiese muertos en ningún bando.
Eso le pasa a todo el mundo, excepto que seas un sádico. Pero si estás cercado, no te queda otro remedio que defenderte con los recursos que tengas a mano. Nunca recuerdo un tiro en la nuca ni cosas así. Había alguna acción dura, pero la considerábamos un acto de justicia, y aún hoy pienso que era justo.

Trabajó en Madrid como encuadernador, oficio que aprendió en la Imprenta de los Talleres Penitenciarios de Alcalá de Henares.
En concreto, en la editorial Paraninfo. Además de libros, en la cárcel también editábamos los periódicos El Alcázar, Redención y Siete Flechas para Europa.

¿Cuándo y por qué se volvió a su pueblo?

Cuando en 1958 muere Pío XII, el nuevo papa me concede un indulto. Tuve que ir a hacer la mili a Ourense. [Allí, fue escolta de un coronel que había sido republicano. Cuando falleció y tuvo que trasladar a su mujer a Santander, durante el trayecto en coche le confesó que era prima de Paco Bedoya, la sombra de Juanín en la guerrilla cántabra. Camilo regresaría a Madrid, donde vivió varios años. En realidad, la pregunta se refería a su regreso definitivo a Galicia: cosas de familia, responde]

Pagó con violencia la violencia sufrida: cuando le cantaban el Cara el sol con su padre de cuerpo presente, cuando el hijo del alcalde llamó a la puerta de su casa y le estampó a su madre una piedra en la cabeza… Claro que su reacción conllevaba más represión, y así hasta que se echó al monte. Poco duró la aventura, pero sí la cárcel. 

Camilo siguió militando y volvería a ingresar en prisión en 1971, después de insuflar vida a las Comisións Campesiñas, vinculadas al PCE, y al propio partido, que no sería legalizado hasta seis años después. “Volví a ser torturado, en esta ocasión por la policía”, rememora. Concejal en su pueblo y en Xinzo de Limia, volvió a trabajar la tierra, aunque también se empleó como viajante y camionero.

“Su historia no podía perderse en el tiempo y era necesario recogerla, porque es un símbolo de resistencia que todavía hoy mantiene vivo sus ideales”, afirma Juan Pirola, director de fotografía del documental Camilo: o último guerrilleiro de Galicia, el trabajo de fin de grado realizado junto a sus compañeros Alba Sánchez, Pedro Iglesias y Miguel García. Para ellos, el único superviviente gallego del maquis es un referente, si bien Antón Grande matiza que Quico también sigue vivo: “Pese a que es del Bierzo, él también luchó en Galicia”.

Más allá del detalle, estos cuatro graduados en Comunicación Audiovisual por la Universidade de A Coruña viajaron hasta Sandiás para difundir sus gestas y sus miserias, el frío y el hambre de la cárcel, la vida en el llano y la muerte en el monte. Hoy podrán ser testigos de su vida quienes se acerquen a la vieja cárcel de Lugo, donde se proyectará el filme. Allí estarán Miguel Freire, profesor y miembro de la ARMH, y los autores del documental, quienes loan la figura del protagonista.

“Es una fuente de inspiración para la juventud, sobre todo en un tiempo en el que nos venden la antipolítica, no comprometerse, ni preocuparse de los demás”, asegura Juan Pirola. “Después de lo que sufrió, que una figura como Camilo siga reafirmándose en sus ideales de compañerismo, solidaridad y altruismo infunde esperanza”. Lo secunda García Rodeja: “Sorprende su empatía, la facilidad que tenía para ponerse en el lugar de los demás sin dejar de ser un revolucionario. Camilo hace que sigas creyendo en el ser humano”.

Su lucha terminó cuando encontró a su hermano con la ayuda de la ARMH.

Llevaba mucho tiempo detrás de él, pero faltaba el permiso de las autoridades y, sobre todo, los medios económicos. Por ello estoy muy agradecido al sindicato noruego que sufragó la exhumación.

La estirpe continúa.

Estoy casado y tengo tres hijos y otros tantos nietos. Conocí a mi mujer, Ramona, cuando era viajante en Verín. Su padre, un capitán de aviación del Ejército Republicano, había estado en la cárcel. Cuando estalló la guerra, escapó a Portugal, logró llegar a Francia y luego regresó a España para luchar con la República. Busqué una compañera que me comprendiera y se identificase con mi forma de pensar, y tuve la suerte de encontrarla.

Vaya vida... Después de todo, ¿se arrepiente de algo?

No, porque no soy consciente de haber hecho cosas malas. En todo caso, podría arrepentirme de no haber sido más útil."                   (Henrique Mariño, Público, 15/06/17)

20/6/17

Matahausen se convirtió así en el campo donde acabaron unos 8.000 republicanos españoles. Más de 5.000 murieron de hambre, agotamiento, frío y enfermedades. Y también asesinados a tiros por los carceleros de las SS

"La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y varios representantes del Gobierno francés de Emmanuel Macron rendirán este viernes, 16 de junio, honores oficiales a los restos del fotógrafo republicano español Francesc Boix Campo (Barcelona, 1920-París, 1951), quien se alistó para combatir a los nazis y sobrevivió al cautiverio en el campo de exterminio de Mauthausen (Austria).

 Los negativos que consiguió sustraer a las SS y esconder fuera de aquel infierno en el que perecieron más de cinco mil españoles, resultaron determinantes para que el tribunal internacional de Nuremberg condenara a la horca a varios jerarcas nazis.

El homenaje con honores de Estado es la respuesta de la alcaldesa socialista de París a la petición de la Amical de Mauthaunsen de que los restos de Boix descansen en Père-Lachaise, el cementerio francés de las grandes celebridades y uno de los lugares más visitados del mundo. La sepultura con los restos del reportero caducó en 2015 y los hijos y nietos de los republicanos españoles en Francia solicitaron a la alcaldesa de París el lugar más digno al que trasladar sus restos. 

La respuesta de Hidalgo ha satisfecho plenamente la petición cursada por el presidente de la Amical de Mauthausen, Daniel Simón, de modo que el traslado de los restos de Boix desde el cementerio de Thiais a Père-Lachaise, donde descansan personalidades como Moliere, Proust, el expresidente del gobierno republicano español Juan Negrín o la reportera Gerda Taro, compañera de Robert Capa, tendrá lugar el viernes a las 13:30 y recibirán honores de Estado.

El tradicional desprecio del Gobierno derechista español hacia la memoria democrática ha sido paliado en esta ocasión con una proposición no de ley aprobada en el Consgreso de los Diputados, instándole a enviar una representación oficial. Para no quedar en evidencia, el PP votó a favor de la petición. 
Fuentes de La Moncloa dan por supuesta la asistencia del flamante embajador, Fernando Cardedera y probablemente del secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo. Después del homenaje tendrá lugar a las 16:00 horas en el salón de honor de la alcaldía del distrito 20 de París, la presentación de la edición francesa del libro del historiador Benito Bermejo, Francisco Boix, le photographe de Mauthausen.

Trayectoria de un héroe

El propio Bermejo resume para cuartopoder.es la heroica vida de Boix. “Yo conocí la existencia de Boix”, explica Bermejo, “a finales de los años noventa. Las primeras fotografías me las enseñó un socialista de Arganda (Madrid) que vivía en Toulouse. 

Se llamaba Enrique Tapia y había sido mecánico de la aviación republicana y en Francia trabajó en Aerospatiale y creo que también tuvo un taller de bicicletas. El propio Boix le había entregado aquellas fotos en 1946 con ocasión de un acto con Dolores Ibarruri, Pasionaria, y el hombre las guardaba como oro en paño”.

Con 19 años, Boix ya había sobrevivido a mucha mala leche. Conocía los efectos de los bombardeos alemanes e italianos sobre Barcelona, la metralla de los aviones contra las interminables hileras de soldados y paisanos que al final de la Guerra Civil buscaban refugio al otro lado de la frontera de Cataluña con Francia. Pero ni siquiera en aquellas circunstancias llegó a imaginar la crueldad y el horror que le quedaba por sufrir.

El joven Boix, al que su padre había enseñado las técnicas fotográficas, cruzó la frontera francesa por Portbou en los primeros días de 1939, junto con miles de refugiados republicanos españoles que, derrotados y desarmados, fueron confinados en los arenales de Argelés y otros pueblos del levante francés hasta Marsella. Él y otros muchos se aprestaron a defender a Francia de la amenaza de las tropas invasoras de Hitler

Unos fueron a la Legión Extranjera, otros se sumaron a las tareas de ayuda al Ejército francés hasta que la ominosa capitulación del mariscal Petain, en la primavera de 1940, les convirtió en prisioneros de guerra de la Wehrmacht. Boix era uno de ellos. A finales de agosto fue sacado del campo de prisioneros y deportado con otros 350 compañeros españoles al centro de trabajos forzados en las canteras austriacas de Mauthausen.

La deportación se produjo inmediatamente después de que Ramón Serrano Suñer se entrevistara en Berlín con Hitler y su lugarteniente Heinrich Himmler y supuestamente les transmitiera la petición de Franco de exterminar a los prisioneros de guerra españoles. Matahausen se convirtió así en el campo donde acabaron unos 8.000 republicanos españoles, incluidas las familias pacíficas que permanecían refugiadas en el campo de La Vernet, cerca de Angulema. 

Más de más de 5.000 murieron de hambre, agotamiento, frío y enfermedades. Y también asesinados a tiros por los carceleros de las SS. Los que eran sacados del campo, ya no volvían. Los llevaban a las cámaras de gas de Hartheim. Los que morían en el campo también desaparecían, transformados en humo y ceniza en los hornos crematorios.

No es exagerado decir que en aquella sede del infierno –sin olvidar otras en las que sufrieron y murieron cientos de republicanos españoles como Dachau, Buchenwald, Treblinka, Sachsenhausen, Neuengamme…– tuvo Boix una suerte de mil diablos, pues los nazis necesitaban a alguien que supiera fotografía y revelara las instantáneas que tomaban para enviarlas a Berlín. El laborante que tenían, el preso español Antonio García, fotógrafo de profesión, no daba abasto, necesitaba ayuda, y esa ayuda se la prestó Boix.

Si el instinto de supervivencia de García le impedía romper las reglas, pronto Boix demostró que no le asustaban los malditos carceleros de las SS y, de acuerdo con varios compañeros, ideó la forma de guardarse los negativos y ponerlos a buen recaudo. 

¿Cómo? Entregándoselos a uno de los pochacas, que eran un puñado de presos a los que llevaban a trabajar diariamente a una empresa nazificada fuera del campo. Les llamaban así porque el nombre de aquella empresa se pronunciaba pochaca. Ellos consiguieron que una mujer que acudía a aquella fábrica aceptara esconder los negativos en una pared de piedra de la finca que rodeaba su casa.

Pasó el tiempo y Boix logró sobrevivir a la barbarie. Fue uno de los 2.700 españoles que salieron vivos de aquel infierno. El 3 de mayo de 1945, cuando llegó la primera patrulla de exploración estadounidense, los SS ya se habían apresurado a destruir y quemar las pruebas del exterminio y a poner tierra de por medio, dejando el campo en manos de unos policías y bomberos austriacos, aunque, de hecho, los españoles ya se habían hecho cargo de las instalaciones. Boix era uno de ellos. Suyas son las fotografías de la pancarta de bienvenida que encontraron los aliados en castellano en lo alto de los muros de Mauthausen.

Tras la liberación, Boix y sus compañeros de cautiverio decidieron crear un grupo de trabajo para ordenar la documentación que habían salvado e identificar al mayor número posible de muertos. Ellos pusieron a disposición de la Cruz Roja y de los organismos internacionales en Ginebra toda aquella documentación. Téngase en cuenta que por aquel campo de exterminio pasaron más de 300.000 personas de varias nacionalidades. Boix rescató los negativos y se centró durante varios meses en la tarea de documentar y fechar aquellas fotografías.

Los jerarcas nazis no contaban con el impresionante testimonio gráfico escondido durante años por el valiente fotógrafo español con la ayuda de sus bravos compañeros comunistas. Pero allí estaban las pruebas de su criminalidad sin límite. Allí aparecían los máximos responsables, Himmler, Franz Ziereis, Ernst Kaltenbrunner…, visitando el campo de exterminio. Boix consiguió declarar ante el tribunal de Nuremberg. 

No lo tuvo fácil, porque era español y España había quedado oficialmente al margen de la guerra. Pero el dictador Franco había suprimido oficialmente la nacionalidad a los refugiados republicanos españoles, los había convertido en apátridas, y Boix logró que le incluyeran entre los testigos franceses. 

Los oficiales alemanes quedaron boquiabiertos ante el testimonio de Boix, acompañado de las fotografías que entregó al tribunal. Uno de ellos, Kaltenbrunner vociferó en alemán: “¡Son falsas!” y, viéndose perdido, alegó que había técnicas para trucar de las fotografías. Su argumento no le libró de la horca.

Algunas de aquellas fotografías sobrecogieron a la opinión pública francesa cuando Boix las publicó en L’Humanitè, el periódico francés en el que entró a trabajar de reportero gráfico. Era un tipo admirado y querido por sus compañeros. No duraría mucho. Los estragos del campo de concentración habían minado irreversiblemente su salud y en 1951 tuvo que abandonar la cobertura del Tour de Francia y regresar a París, donde murió de tuberculosis a los 31 años de edad. 

Al que fuera su amigo y compañero Ramiro Santiesteban Castillo, el preso número 3237 de Mauthausen y el último superviviente español (nació en Laredo, Catabria), nada le agradaría tanto como acudir al homenaje si los achaques de la edad (el 30 de agosto cumplirá 96 años) no se lo impiden."             (Luis Díez, Cuarto Poder, 14/06/17)

19/6/17

Una característica particular de Asturias es la represión de los niños de la guerra que llegan a España para contribuir a la reorganización del partido comunista

"Los historiadores se han ocupado mucho y con atención de la represión franquista, pero las obras publicadas sobre el particular suelen versar bien sobre la represión caliente y brutal de la posguerra, bien sobre la desesperada de los últimos años del régimen. Apenas existen libros sobre cierto período de transición entre ambas fases que comprendería la segunda mitad de la década de los cincuenta y los primeros años sesenta.

A colmatar esa laguna ha decidido acudir el historiador asturiano Francisco Erice, a quien Ediciones Trea acaba de publicarle un libro que, titulado Militancia clandestina y represión: la dictadura franquista contra la subversión comunista (1956-1963). (...)

-El PCE es el partido único del antifranquismo en ese momento.

-Sí. Los comunistas son un enemigo débil a pesar de sus proclamas de que el régimen está al borde de la disolución o de la derrota, pero son el único, y el régimen lo percibe como tal. Además, la represión anticomunista también actúa como un factor de legitimación del régimen, que presenta el anticomunismo, y el haber sido el primero en entender el significado de la lucha internacional contra el comunismo, como su razón de ser en el contexto de la guerra fría. 

 Cuando, a finales de 1959, Eisenhower viene a España y es recibido en medio de grandes aclamaciones populares en Madrid, lo que le dice Franco es: «Nosotros empezamos la lucha contra el comunismo que ahora vosotros encabezáis tan eficazmente». Además, el comunismo se presenta como un enemigo externo; como un enemigo que no es español ni tiene nada que ver con la realidad española sino que responde a consignas internacionales.

-¿Qué zonas sufrieron más virulentamente la represión franquista en este período?

-Es difícil hacer un ránking, pero yo diría que hay cuatro núcleos fundamentales: Madrid, Barcelona, algunas zonas de Andalucía y las cuencas mineras asturianas.

-¿Qué particularidades tuvo, si es que tuvo alguna, la represión asturiana?

-La represión asturiana es una represión muy ligada al centro de la militancia antifranquista en este período, que son las cuencas mineras. Este período es el de acontecimientos tan importantes como las huelgas de 1957 y 1958, la caída de la dirección del partido en 1960 y por supuesto la represión en torno a las huelgas de 1962 y 1963, con episodios muy conocidos de torturas y malos tratos. ¿Fue más intensa la represión asturiana que la de otros sitios? Depende… 

Quizás en algunas coyunturas concretas, como las huelgas, se puede notar una especial intensidad, pero lo mismo se podría decir de Andalucía, donde las redadas masivas de militantes, sobre todo en zomas campesinas, eran frecuentes; o de Cataluña, donde la represión fue también muy intensa y continuada, igual que en Madrid. 

Lo que sí es una característica particular o significativa de Asturias es la represión de los niños de la guerra que llegan a España para contribuir a la reorganización del partido después de sucesivas caídas.

-¿Qué casos concretos de represión le impresionaron especialmente?

-Yo he manejado mucha documentación interna del Archivo del Partido Comunista de España, y me he encontrado con experiencias personales bastante terribles y con grandes episodios de heroísmo, pero lo que a mí más me conmueve es la experiencia de militantes desconocidos que reconocían no haber sabido estar a la altura de las circunstancias en un momento determinado; gente que no resistió las torturas pero no fueron traidores, como alguna vez llegó a caracterizárseles, sino simplemente débiles en una situación en la que era muy difícil resistir ante la violencia policial sistemática, desatada y brutal a que se sometía a los comunistas.

 Yo me he encontrado con cartas de estas personas pidiendo perdón por esas debilidades pero ofreciéndose de nuevo al partido, si el partido así lo consideraba, para continuar con la militancia y la lucha, porque seguían teniendo una convicción férrea y ahora se veían dispuestos a resistir el desafío.

 A mí me impresiona y me conmueve esa gente y también me conmueve la otra; los casos emblemáticos de quienes aguantaron el tipo de una manera ciertamente heroica y particularmente los asturianos: por ejemplo, José María Laso, a quien se dedica el libro, o Víctor Bayón, otra persona a la que yo conocí personalmente y que también resistió con una entereza, una fuerza y un coraje sobrehumanos torturas tremendas.

-La represión que usted disecciona en su libro, ¿era una represión espontánea e indiscriminada o una ya más burocratizada que la del primer franquismo?

-Era una represión ya bastante institucionalizada, sí. A veces se analiza el franquismo como si fuera un todo, y es evidente que el régimen mantiene algunas de sus esencias hasta el final, pero las cosas no son iguales en los años cuarenta que en los sesenta. El régimen, con el tiempo, va modulando sus prácticas represivas en función de las coyunturas y las necesidades. 

De todas maneras, hay que entender una cosa: la represión nunca es indiscriminada, sino que es discriminada por naturaleza. Siempre tiene una función, ya sea obtener información o disuadir, castigar, hostigar o imbuir de miedo a la población para que no se resista. En el momento concreto del que se ocupa mi libro, el régimen necesita mostrar una faz más civilizada tanto de cara al interior (porque empieza a legitimarse ya no sólo sobre la base de la victoria en la guerra civil, sino sobre la de que ha conseguido la paz en España y está consiguiendo un desarrollo económico envidiable) como sobre todo de cara al exterior, porque es el momento en que se está produciendo la unificación europea y en el que España está pasando a ser admitida en instituciones internacionales como la ONU y sus organismos vinculados.

 El franquismo necesita proyectar una imagen respetable, por así decir, con lo cual la represión se sigue manteniendo, a veces de manera bastante intensa, pero se disfraza, se camufla tras una apariencia civilizada y razonable.

-¿Es posible hacer una historia neutral, objetiva o rigurosa de hechos y personajes que uno admira?

-Yo creo que se puede hacer una historia rigurosa y crítica y al mismo tiempo no mantenerse equidistante entre los verdugos y lo que venimos a llamar las víctimas, aunque a mí no me gusta hablar de víctimas, porque es un término que sugiere pasividad. No eran víctimas: eran militantes, combatientes; gente que luchaba y que asumía unos riesgos por luchar. Yo creo que no se puede ser equidistante.

 Sería deshumanizarse; sería como ser equidistante entre los verdugos de los campos nazis y los judíos asesinados. Pero sí que se puede ser riguroso y objetivo. De lo que se trata es de no falsear los datos, de no magnificar ni necesariamente creer a quienes ofrecen su testimonio desde la perspectiva de los vencidos, de analizar rigurosamente esos testimonios y por supuesto de integrarlos dentro de una explicación histórica de carácter general.

Mientras eso se cumpla, no hay por qué obstinarse en mantenerse en un término medio y aséptico, algo que por otra parte no dejaría de ser una especie de apología del régimen; de presentar un régimen brutal casi en términos de normalidad."                 (Entrevista a Francisco Erice,

16/6/17

"El Ejecutivo mexicano está detrás del narcotráfico y de los delincuentes que asesinan periodistas en México"

"M.H.: Quiero empezar refiriéndome a la situación de un país donde usted vivió muchos años, donde tiene un gran reconocimiento intelectual y profesional. Cuando comento que Guillermo Almeyra es miembro de la Academia de Ciencias de México, es uno de los dos cientistas sociales junto a Ana Poniatowska que integran la Academia, mucha gente se sorprende del reconocimiento que el pueblo mexicano le ha hecho. 

En México se está viviendo una situación particularmente grave, es uno de los dos países más violentos del mundo luego de Siria, donde se está desarrollando una guerra y han destruido todo, donde 5 millones de personas han tenido que migrar. Ultimamente en México ha tomado estado público el asesinato de periodistas, en estos momentos hay un periodista que está desaparecido hace varios días.
 
G.A.: Entre los asesinatos últimos está el del compañero Valdez, después de la compañera Miroslava, ambos de La Jornada, periódico en el que trabajo. Él un hombre de izquierda, ella una luchadora permanente por los derechos democráticos que han sido asesinados no por el narcotráfico como pretende el gobierno, sino por el poder y el sistema capitalista. 

El narcotráfico no podría matar si no tuviera la complicidad de los gobiernos estatales y nacional, no podría subsistir si no tuviera el apoyo de EE. UU. que es el principal consumidor y tampoco si se suprimiera el secreto bancario y se controlaran las cuentas, porque el narcotráfico necesita lavar dinero y los bancos lavan el dinero del narcotráfico en México impunemente. 

Ha sido un asesinato del sistema, del Estado y de la delincuencia, del sistema capitalista del cual el narcotráfico es una de las partes porque mueve miles de millones de dólares y del sistema político y de la disgregación del Estado, porque lo mataron a medio día en la calle, y sabiendo que estaba amenazado de muerte no tenía protección. 

Quieren acallar a los que los denuncian y, sobre todo, a las voces del periodismo de oposición, es un golpe contra La Jornada y todos nosotros. Todo demócrata en todas partes del mundo debe denunciar estos asesinatos a periodistas, porque no es un asesinato de un trabajador solamente, que ya de por sí es monstruoso, sino también el asesinato de un trabajador que informa y abre conciencia, es un atentado contra los derechos democráticos y la información. 

M.H.: Ayer nos visitó un compañero que hace cuatro años fue herido con balas de plomo aquí, en oportunidad del desalojo de la Sala Alberdi. Hay tres policías siendo juzgados, hoy se van a conocer los alegatos y esperemos que tengan la sanción que se merecen. 

Pero este periodista atacado, que es de un medio alternativo llamado DTL, denunciaba que se escuchó en el momento de la represión que la orden había sido dada por el Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires, ni siquiera por la justicia. Esto abona lo que usted está señalando respecto del papel que juega el poder político en este tipo de casos.
 
G.A.: En efecto, es así. La CIDH, que averiguó por ejemplo sobre el caso de los desaparecidos en Ayotzinapa, no pudo investigar a uno de los principales responsables y probablemente la mano concreta que secuestró y asesinó, no pudieron entrar en los cuarteles del Ejército de Iguala, no pudieron hablar con ninguno de los militares. 

El Poder Ejecutivo está detrás del narcotráfico y detrás de los delincuentes que asesinan. En México ya hay varios gobernadores pertenecientes al partido gobernante que están presos por narcotráfico, uno de ellos viene del PRI y está preso desde hace años; era el gobernador de Quintana Roo y un agente de narcotráfico en Colombia y en EE. UU.
Hay una polución, es un problema político, por eso la gente une el “Los queremos vivos” con “Fuera Peña” y con “Fue el Estado”, reconoce que son el Estado capitalista y el Presidente los responsables."                                      (Entrevista a Guillermo Almeyra, editorialista internacional de La Jornada (México), Mario Hernandez , Rebelión, 15/06/17)

15/6/17

Seis personas fueron ejecutadas en abril de 1940 durante los actos previos a la fiesta de la Unificación Falangista de València, delante de numerosos niños que iban esa mañana al colegio Cervantes

"Hacía un año que el dictador había dado por concluida la Guerra Civil, pero el goteo de cadáveres por la represión franquista era constante. Corría abril de 1940 y València se preparaba para celebrar la gran fiesta conmemorativa de la Unificación Falangista, una concentración de 250.000 falangistas con aportaciones de delegaciones nazis y fascistas italianos.

Según detalló ayer durante una conferencia ofrecida en Godella Xavier Costa, sociólogo y profesor de la Universitat de València, en el cap i casal se dieron cita los altos mandos de Falange, entre ellos el ministro Serrano Suñer.

Antes del día grande, 21 de abril, se organizaron en las comarcas diferentes actos para «exhibir poder» y «mostrar que los valencianos eran fieles y disciplinados», apunta Costa. En los acontecimientos previos se produjo el fusilamiento de media docena de personas en Godella.

El sociólogo incide en la «pugna» existente entre la cúpula de la Falange y una parte del ejército. «Mi hipótesis es que el General Aranda, distanciado de los falangistas, Capitán general y responsable de las ejecuciones en esta Región Militar, podría haber jugado un papel importante», explica.

El fusilamiento fue excepcional al sacarse de su lugar habitual de Paterna, y realizarse el 15 de abril, un día después del Aniversario de la República, que aquel 1940 fue domingo. «Probablemente Aranda querría recordar simbólicamente que el mérito de la 'victoria' sobre la República fue obra de los militares sublevados, y no podía apropiarselo la Falange», señala el profesor.  (...)

«Las víctimas fueron trasladadas en camiones y custodia motorizada desde la Modelo hasta la Plaza de la Ermita. El fusilamiento se produjo entre las ocho y las nueve de la mañana del 15 de Abril en el antiguo paredón del chalet situado en el número 9 de la Plaza de la Ermita», afirma.  (...)

Un testigo clave 

Durante sus indagaciones logró dar con algunos testigos de la ejecución, que relataron que había unos 40 o 50 adultos asistentes, así como numerosos niños que iban esa mañana al colegio Cervantes. «Uno de aquellos escolares recordaba que pusieron las víctimas de espaldas cara al muro, pero que uno se giró y dijo 'Viva la República'. 

Otro testigo explicó cómo al salir del corral donde cuidaba las vacas de la familia para traer la leche a la tienda, se encontró en la Plaza de la Ermita con el momento de rematar, de dar el tiro de gracia. 

Cuando llegó a la tienda con la leche para vender, se encontró a la mujer de uno de los fusilados que iba a comprar leche a esa hora, y no sabía que acababa de morir su marido a unos cien metros», indica Costa. Este testigo ha permitido conocer muchos detalles del desgarrador episodio. 

Inicialmente los cuerpos fueron sepultados en una fosa dentro del Nuevo Cementerio de Godella, donde todo indica que continúan."                (Levante, 05/06/17)

14/6/17

El cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos)

"(...) En esta esquina del cementerio civil desde donde tecleo se daba el tiro de gracia a los fusilados. Hace un par de días, David (el guarda forestal de Linares) pasó el detector de metales debajo de mis pies y encontró una veintena de ojivas de pistola 9mm y rifle Máuser. 

María, nieta de un fusilado, recuerda jugar de pequeña en un montón de tierra gigante: “Esa arena que estáis sacando de la Fosa 1 estaba aquí en medio cuando yo era pequeña”.

Según numerosos testimonios, el cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos). Era manco de la mano derecha, y llevaba siempre un guante negro, cuentan. 

Casualmente nos comentan los forenses que todos los cráneos exhumados en la Fosa 1 aparecen con un orificio de entrada que indica que el ejecutor era zurdo. Esteban Esteban Esteban está enterrado en la parte católica del cementerio, a sólo 100 metros de sus víctimas. Murió en 1982, tan ricamente. Amnistiado. (...)

Mientras termino de escribir esta crónica aparece Julio, sobrino de uno de los fusilados. Me cuenta que, cuando era niño, mujeres católicas se acercaban a la tapia de esta parte del cementerio para insultar a los muertos, a los fusilados, a los que habían perdido la guerra.

 Él se escondía entre los rastrojos que cubrían las fosas comunes. Hasta la llegada de la democracia, aquello era un estercolero, y los familiares de los fusilados lanzaban flores por encima de la tapia; eso sí, de noche y mirando a todas partes para no ser vistos. (...)

También pasa junto a mi mesa Carmen. Su abuelo era concejal socialista de Valdeconcha (Guadalajara), un campesino que no luchó en la guerra (por edad). Dedicó la vida a trabajar en el campo y daba de comer al que no tenía nada. Le avisaron de que no volviera a su pueblo tras la victoria franquista, pero él quería despedirse de su madre y fue. Le dijo: “Hazme un huevo frito con chorizo que me van a matar”. 

Lo apresaron, se lo llevaron a la cárcel de Guadalajara y de ahí al paredón de fusilamiento delante de la Fosa 1. Igual que a Timoteo Mendieta. Carmen está haciendo el trabajo de investigación que su madre no se atrevió a hacer por miedo. El eterno miedo, el todo atado y bien atado, el larguísimo tiempo de silencio. (...)

PD: Durante la exhumación de la Fosa 1 se acercó un sindicato noruego de electricistas a entregar unas rosas y ver de cerca este microcosmos del genocidio franquista (ellos son los que más dinero aportan a la exhumación de la ARMH). Ningún cargo de la UGT pisó el cementerio, cuando curiosamente la mayoría de los fusilados de esta fosa tenían esa filiación sindical. Al parecer, hay semillas que no terminan de brotar."               (Willy Veleta , Ctxt )