20/9/17

La gente había observado como torturaban al Comandante Moreno, como lo habían dejado colgado para que la gente lo viese y se asustara

"En el pueblo de Acebo/ pueblo de pocos amigos/ donde matan a los hombres/ después de tantos martirios (...) Como ya están enterados/ en ese pueblo de Acebo/ mataron a dieciséis/ y el comandante Moreno (...) El comandante Moreno/ hombre honrado y valiente/ en los montes del Acebo/ ahí le disteis la muerte/ Falanges de Fonsagrada/ no podréis subir al cielo/ porque allí esta de portero/ el comandante Moreno".  

Durante décadas los vecinos y vecinas de las comarcas próximas a A Fonsagrada (Lugo) cantaron el conocido como "Romance del Comandante Moreno", que relataba las torturas y el asesinato sufridos por Moreno y los restantes integrantes del Batallón Galicia, que él lideraba.

 Las estrofas de la canción (interpretada en el vídeo por Severiana Murias) y los recuerdos de muchas personas del lugar guiaron en verano de 2007 el equipo de arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), dirigido por Javier Ortiz, hasta dos fosas comunes situadas en el lugar de O Acevo, donde aparecieron los cuerpos de 12 hombres. Se comprobó también, mediante documentos y testigos, que dos más de los milicianos habían sido asesinados en el cementerio de A Fonsagrada. (...)

Carmen García Rodeja (ARMH) recuerda la importancia de la exhumación de la que se celebran ahora los diez años, un hito en el proceso de recuperación de la memoria histórica en Galicia: "Para los vecinos fue una emoción enorme, porque era un suceso muy oscuro que siempre habían tenido ahí, que les pesaba.

 Durante toda su vida habían sabido que allí había una fosa en la que habían sido tirados los cuerpos de unas personas desconocidas". "Se sabía, eso sí, que uno de ellos era el Comandante Moreno, porque en el tiempo había pervivido un romance transmitido de generación en generación. Una canción que relataba lo sucedido, que era un acto de memoria histórica y de justicia poética", destaca.

"La gente quedó muy impactada, muy conmocionada por lo sucedido, porque fue algo muy brutal. La gente incluso había observado como torturaban el Comandante Moreno, como lo habían dejado colgado para que la gente lo viese y se asustara", dice. "Los vecinos de la zona los encontraron allí, cubiertos de sangre, y tuvieron que enterrarlos ellos mismos. 

Hubo incluso niños que participaron en el enterramiento, personas que aún en el 2007 estaban vivos y que nos pudieron indicar dónde estaba la fosa", explica. "Por eso fue tan emocionante. Los vecinos y vecinas del lugar colaboraron enormemente con el proceso, incluso conocieron a las familias de los asesinados", recuerda.  (...)

El Batallón Galicia

Una vez que el ejército franquista se hizo con el control de Galicia, muchos militantes de izquierda salieron hacia la zona aún controlada por los republicanos. En Asturias crearon el Batallón 19, denominado 'Galicia', siendo mayoría en él los afiliados a la CNT y al Partido Comunista. Entre ellos había un grupo de 23 hombres que en enero de 1937 había escapado desde A Coruña en el barco 'La Libertaria', encabezados por el dirigente anarquista José Moreno Torres, que una vez en Asturias alcanzó el grado de comandante.

Tras luchar en los frentes de Oviedo, Vizcaya y Santander, el batallón comenzó a combatir en las montañas de León, donde participaría en sangrientas batallas que terminaron el 20 de octubre de 1937 en el puerto de San Isidro. La caída de Asturias en manos de los fascistas los obligó a huir nuevamente para salvar sus vidas. Un grupo intentó volver a Galicia por la zona de A Fonsagrada, pensando quizás en encontrar un barco en A Coruña que les permitiera escapar a Francia. 

En el puerto de O Acevo fueron sorprendidos por falangistas locales, con los que tuvieron un enfrentamiento. José Moreno y otros componentes del Batallón consiguieron huir, pero el resto de los milicianos fueron asesinados. Poco después Moreno fue también capturado y después de torturas corrió la misma suerte. Dos milicianos más fueron después fusilados en A Fonsagrada."            (  , eldiario.es, 18/09/2017)

19/9/17

Camposancos, el campo de concentración franquista olvidado de Galicia

"En la población pontevedresa de Camposancos fue ubicado hasta el año 1941 uno de los mayores campos de concentración del franquismo.

La desidia y descuido de las instituciones ha abocado al olvido uno de los emblemas más importantes de lo que significó la represión franquista en Galicia.

Un colegio jesuita de finales del siglo XIX muere herrumbroso y fruto del descuido en la parroquia pontevedresa de Camposancos con el río Miño a su faldas y frente a la población portuguesa de Caminha. No hay ninguna indicación desde la carretera que permita llegar hasta lo que queda de sus muros para poder vislumbrar la enormidad de sus dimensiones. 

A los pies de la fachada un hombre regenta un puesto de helados que da servicio a los viajeros que cogen el transbordador para cruzar el río a Portugal sin conocer la dramática y terrible historia que hasta el año 1941 ocurrió en el edificio que sirve de escenario de su día a día.

La construcción, que llegó a ser origen de las universidades de Deusto y Comillas, fue uno de los mayores campos de concentración que el franquismo usó para su represión, pero hoy solo vive presente en la memoria de las familias de las víctimas de los que vivieron allí recluidos. El desinterés de las instituciones amenaza con hacer perder para siempre el recuerdo de lo que sucedió entre sus paredes.

El edificio jesuita fue utilizado por los franquistas en un primer momento para alojar a todos los presos que eran capturados en las luchas navales en el frente norte de Asturias y en alta mar. Posteriormente, para alojar a todos los presos políticos de la zona. Unas instalaciones que, según el informe de Inspección de campos del régimen de Franco, podían acoger a 868 hombres pero que hasta su cierre en 1941 llegó a albergar hasta cinco mil en unas condiciones infrahumanas de hacinamiento.

La importancia de este campo de concentración en la represión franquista estriba en el hecho de que a partir de junio de 1938 el Tribunal Militar Número 1 de Asturias, que hasta entonces estaba en Gijón, pasó a ejercer su negra labor dentro de sus muros. Allí tenían lugar hasta cuatro consejos de guerra al día, y los fusilamientos derivados de sus decisiones eran continuos. Quienes no morían ajusticiados por el mandato del tribunal caían víctimas de la tuberculosis o de otras enfermedades para las que los carceleros no procuraban cura.

Un lugar de memoria que corre el riesgo de perderse.  (...)

La memoria de Camposancos se apaga frente al mar. El testimonio oral de lo que allí sucedió desaparecerá con la muerte de los que sufrieron la suerte de estar encerrados y el derrumbe de sus muros silenciará para siempre los gritos de desesperación que los presos dejaron escritos en forma de graffitis: “Aquí purgarás las penas que no tengas”, dice uno de los grabados resistiendo lánguido el paso del tiempo y el azote inexorable de la desmemoria."                     (La Marea.com, 06/08/17)

18/9/17

El desconocido campo de concentración que recluyó a 15.000 presos republicanos... los presos hacían cola para lavar los platos a los guardias y así comer los granos de arroz que al menos se quedaban pegados

"Finalizada la guerra civil en marzo de 1939, la caída del frente republicano trajo un aluvión de presos al ejército de Franco que quedaron dispersados en un centenar de campos de concentración de clasificación por toda España. 

El campo de Santiago e Higuera de Calatrava ha sido uno de los mas desconocidos por la historiografía con un importantísimo número de concentrados. Sus presos políticos procedían de la decimoquinta división del ejército republicano. Capturados tras ser derrotados en la última línea del frente entre Córdoba y Jaén.

Juan José Contreras fue uno de aquellos 15.000 mil prisioneros del campo de concentración de Higuera y Santiago de Calatrava. Sumido en el silencio y sin apenas documentación este espacio ha sido uno de los recientemente declarados nuevos lugares de la memoria de Andalucía, aprobados por decreto del Gobierno andaluz hace escasas semanas. 

“Me contaba poco antes de morir que los presos hacían cola para lavar los platos a los guardias y así comer los granos de arroz que al menos se quedaban pegados”, declara el periodista Juan Armenteros, especializado en memoria, a Público.

Daban nombre y vecindad para ser localizados. El servicio de información militar se encargada de buscar la posición durante la guerra de cada preso. Si mentían o daban nombre falso los confidentes dentro del campo daban las pistas necesarias. Días más tarde eran traslados. 

Eso siempre era una mala noticia. Soldados y altos cargos republicanos eran mandados a las cárceles durante largos años. También les abrían consejo de guerra en su misma localidad o eran trasladados a otros campos de concentración como mano de obra esclava.

Sin documentación ni vestigios de su existencia

“Estos campos comenzaron a construirse a partir de la caída del frente norte republicano en 1937. En la mayoría de los casos, los presos ocultaban en los campos de clasificación su identidad. Esta era investigada posteriormente a través de su correspondencia o de los brutales interrogatorios que hacían en los cuarteles”, aclara el historiador José Luis Gutiérrez Molina a Público.

El profesor de la Universidad de Jaén Santiago Jaén Millán ha estudiado en profundidad gran parte de la feroz represión vivida en estas localidades. Recuerda los escasos datos de estos dos campos y el desinterés de las autoridades del régimen por mantener algún aviso de su existencia. “La falta de vestigios físicos nos llevó a consultar la documentación existente en los archivos municipales de ambas localidades, concretamente las actas de pleno de 1939. 

En concreto en Santiago de Calatrava recogen la aprobación de algunos gastos ocasionados por la llegada a la localidad del juez militar de localidades como Torredonjimeno o Martos para visitar posiblemente a los presos”, aclara.

Y es que la ausencia de alambradas y de testimonios han dificultado en gran medida la investigación de este campo. "Hay que entender que estos campos no solo fueron de internamiento, clasificación y reeducación. 

También fueron de humillación, hambre, maltrato, disciplina, descontrol, lucha por la integridad y transformación”. Para Santiago el objetivo era claro “Nunca estuvo en sus ideas la de asesinar a los internos (de eso se encargaría la justicia militar), sino el de ser el bisturí social con el que separar el bien del mal, España de la Antiespaña".

Los cifras de mayor certeza sobre el campo han llegado de la mano del investigador Javier Rodrigo. En su libro Cautivos afirma que el “campo de Higuera de Calatrava albergaba 10.075 presos republicanos mientras que en Santiago se encontraban detenidas unas 4.800 personas”. Los presos eran investigados y catalogados políticamente mientras esperaban un largo período de reclusión o un fusilamiento inminente.

Presos en pésimas condiciones de hambre y frío

Presos como el pintor Rafael Zabaleta de Quesada y su amigo Cesáreo Rodríguez tuvieron suerte de salir de aquel campo a través de avales. “Todos los mozos que hubieran prestado servicio en el Ejército Rojo, desde la quinta del biberón hasta casi los ancianos irían al campo de Santiago de Calatrava”. Solo estuvieron dos semanas, llegando en escasos días avales del cura, de la Guardia Civil y de la Falange de su pueblo que garantizaban la adhesión de estos presos al movimiento.

Miguel Ángel Valdivia, presidente del Foro por la Memoria de Jaén, destaca a Público que “el campo estaba situado entre los olivares de ambos pueblos de Higuera y Santiago de Calatrava”. Era tal el número de presos hacinados en condiciones pésimas de hambre y frío que llegaría a albergar espacios de ambos municipios. Sin embargo el campo que sería de mayor tamaño era el de Santiago, superando fácilmente en extensión los 20 kilómetros. 

 Valdivia lo compara incluso en presos con uno de los principales campos de concentración que hubo en España tras el final de la guerra como fue el campo de Albatera en Alicante. “Muchos arrancaban las raíces de las flores y de las pocas matas que había para no desfallecer porque al no haber trabajo estos presos de Jaén estaban pésimamente alimentados”.

La represión franquista dejó solo en la provincia casi un total de 2.919 personas fallecidas. El investigador Luis Miguel Sánchez Tostado ha cifrado en 1.984 las personas fusiladas en la provincia de Jaén entre 1939 y 1959. 500 serían los fallecidos en cárceles junto a las casi 400 personas que murieron de forma violenta a causa de la violencia ejercida en aquellos años. 

En cuanto a los presos del citado campo, Tostado señala que “serían utilizados para cercar el pueblo con manchones de manera y alambrada de espino que se hallaban cerca de las trincheras”. A pesar del increíble número de presos, el campo desaparecería a finales de 1939 una vez que “su labor de clasificación, limpieza y distribución por cárceles y cementerios de los presos republicanos quedara concluida”.

Los municipios de Santiago e Higuera de Calatrava no superan hoy el millar de habitantes y pocos recuerdan aquella historia, ya que el pueblo quedaría prácticamente vacío en plena posguerra. “Eran muy bajo los jornales por las hambrunas de aquellos años y las familias partirían hacia otras zonas de mayor trabajo dejando aquellos pueblos con escasa población”.          (María Serrano, Público, 01/08/17)

15/9/17

La imagen de sus captores volviendo en camión al pueblo, paseándose con las bragas y los sujetadores de las muchachas en la punta de los machetes de los fusiles marcaron la memoria de varias generaciones

"En el terreno de la antigua finca El Aguaúcho están a punto de salir a la luz las huellas de un crimen que es la encarnación del mal que arrasó España tras la Guerra Civil

Bajo esta tierra cuarteada yacen los huesos de las cinco niñas, las cinco mocitas, las nuevas, las vírgenes de entre 16 y 22 años a las que, según los testimonios de la tradición oral de Fuentes de Andalucía, a 60 kilómetros al oeste de Sevilla, torturaron, violaron, asesinaron y arrojaron al pozo del cortijillo un día de agosto de hace 81 años. 

La imagen de sus captores volviendo en camión al pueblo, paseándose con las bragas y los sujetadores de las muchachas en la punta de los machetes de los fusiles y sus comentarios jactándose de que “¡Esta noche hemos tenido carne fresca!” marcaron en voz baja la memoria de varias generaciones. 

Ahora, ocho décadas después el fin de la trágica historia parece estar más cerca: la próxima semana comenzará la búsqueda de sus huesos. 

Eran sirvientas, costureras y jornaleras que se habían distinguido por simpatizar con los partidos de izquierda y participar en las movilizaciones sociales de los años de la República. Su delito fue bordar una bandera republicana, participar en la manifestación del 1º de Mayo o en una fiesta por la victoria en las elecciones del Frente Popular, ser novia de un rojo o secundar una huelga de criadas en las casas de los terratenientes que habían dejado ese año sin labrar fincas tras el ascenso al poder de la izquierda. 

Se llamaban María Jesús Caro González (18 años), Coral García Lora (16), su hermana Josefa García Lora (18), María León Becerril (22) y Joaquina Lora Muñoz (18), las cinco solteras.

Las autoridades anotaron posteriormente en diciembre de 1937 que habían muerto a consecuencia de la “guerra” el 27 de agosto de 1936. Puede que no fueran las únicas violadas y asesinadas en El Aguaúcho, porque días antes –inscribieron a posteriori sus muertes como ocurridas el 17 de agosto– se habían llevado a otras cuatro mujeres también jóvenes: María Caro Caro (35 años), Dolores García Lora (de 25, hermana mayor de Coral y Josefa, del grupo de las ‘cinco’), Josefa González Miranda (que iba a cumplir 18) y Manuela Moreno Ayora (40). Una hipótesis es que todas formaran parte del grupo del Aguaúcho."                   (Eduardo del Campo  , El Español, 09/09/17)

14/9/17

La familia de Segundo Mateos Baz (a) “el Pulgu”, fué perseguida porque había trabajado como criado para Fermín Mateos Carballo, el alcalde republicano

"La mayoría de los represaliados de Robleda recordados la semana pasada pertenecían a unos cuantos grupos de parentesco por consanguinidad o por afinidad (“Secuelas”, 03/08/17). Cuando se haya repasado el perfil familiar y social de todas las personas más severamente afectadas se podrá comprobar que estas relaciones de parentesco eran mucho más numerosas. 

También son una constante, más que las afinidades ideológicas, las relaciones laborales entre amos y criados, entre autoridades y empleados municipales, así como experiencias sindicales compartidas en la emigración francesa sobre todo. Ahora bien, la solidaridad social se rompió cuando llegó el momento de la prueba.

 Los represaliados o sus familiares que tenían apoyos en su entorno inmediato sobrevivieron sin dificultades materiales añadidas, quienes no los tenían quedaron en el desamparo extremo. Fue el caso de la familia de Segundo Mateos Baz (a) “el Pulgu”, perseguido porque había trabajado como criado para Fermín Mateos Carballo, el alcalde republicano que a fines de agosto de 1936 andaba huido. 

Segundo fue detenido el 24 de dicho mes y eliminado el mes siguiente en una saca carcelaria, quizá en el término de Sancti-Spíritus, donde apareció cadáver (05/09/36). Su esposa, Rosa Lucas Martín (a) “la Rosa del Sastri”, y sus dos hijas, Josefa e Isabel Mateos Lucas, la primera con discapacitada mental, quedaron pobres de solemnidad.

 Expuestas a los previsibles abusos, malvivieron prestando servicios domésticos, sobre todo como incansables aguadoras para los guardias civiles, notables locales y dueños de establecimientos, a pesar de que Rosa tenía más instrucción que muchas personas a quienes servía y era excelente calígrafa (le escribía las cartas a Mª Antonia Ovejero).  (...)

José Prieto y Eduardo Gutiérrez fueron las últimas víctimas robledanas de la represión sangrienta, contrariamente a lo que han afirmado los testimonios que generalmente asignaban esta circunstancia al alcalde republicano Fermín Mateos Carballo, asesinado el 6 de septiembre de 1936. Según las conjeturas familiares, el asesinato de José Prieto y Eduardo Gutiérrez habría tenido lugar el 28 de septiembre de aquel año.

Además de los mencionados vecinos habituales de Robleda, en su término fueron asesinados algunos residentes eventuales y forasteros llevados a su término para la ejecución extrajudicial: José Manuel Sánchez, natural de Boada y asentado en Fuenteguinaldo, que tal vez estuviera allí escondido en casa de un hermano y al ser muerto dejaba una huérfana (Manuela); el peñapardino Félix Hueso Pascual, padre de cuatro huérfanos (“Secuelas”, 04/05/17 y 27/07/17) y varios desconocidos extremeños, sobre los cuales, así como sobre sus familiares, no se tienen datos suficientes. 

En Robleda habrían ejecutado clandestinamente sus verdugos a Ignacio Sierra Borrego, aunque existen dudas sobre su destino fatal y enterramiento. Era vecino de Ciudad Rodrigo, trabajaba de albañil en Navasfrías y su cadáver habría aparecido cerca de la localidad de Robleda. 

Estaba casado con María Encarnación Sánchez Pérez, de cuyo matrimonio dejaba tres hijos, llamados Ignacio, Bienvenido y Julia (póstuma). Esta última debió de permanecer en Ciudad Rodrigo, de sus hermanos no se tienen noticias.

Un caso aparte, impregnado de ironía trágica, es el de Amable González Andrés. Este maestro, natural de Reguero (León), estaba casado con Isabel Villoria Esteban en Robleda, donde pasaba las vacaciones de aquel verano en espera de un feliz acontecimiento, pues la esposa estaba encinta. 
A pesar de las advertencias de sus cuñados, decidió presentarse en Écija, para la apertura de curso. Fue asesinado a la vera del cementerio local el día 1º de septiembre. Dejaba dos huérfanas: Concepción y Bernarda González Villoria, que portaban los nombres de las abuelas materna y paterna, respectivamente. 
El hijo póstumo (Amable Cecilio) falleció a los ocho días de su nacimiento. La viuda rumiaría su tristeza hasta la muerte. La familia política ocultó a las hijas de Amable su ejecución extrajudicial (“si os preguntan de qué murió vuestro padre decís que de pulmonía”). 
No tuvieron relación alguna con la familia de Reguero, cuyo ayuntamiento tampoco ha mostrado interés alguno por cultivar la memoria de dicho maestro. Concepción y Bernarda sólo de adultas se han enterado del motivo real de su orfandad. Salieron de Robleda para sus estudios y han viajado, sin desarraigarse de lugar de nacimiento.  (...)"                    (Ángel Iglesias Ovejero, Salamanca al día, 10/08/17)

13/9/17

Quince torturadores de la Brigada Política Social a finales del franquismo

"Se calcula que España contaba con 22.000 policías de la Brigada Político Social (BPS) en el año 1968. La policía política de Franco vigilaba a la oposición del régimen a través de detenciones, chivatazos… Y tenía como trabajo vocacional la tortura. Métodos represivos por los que conseguían controlar todo foco contra el régimen.  

Los boletines de la Dirección General de Seguridad hacían un análisis de los diferentes partidos políticos, sindicatos y agrupaciones clandestinas. Comenzaban entonces las detenciones y sacas en comisarías que duraron “legalmente” hasta diciembre de 1975. Sadismo e impunidad sin ninguna base legal.

En pleno siglo XXI, muchos miembros de la BPS siguen campando a sus anchas. Nacieron a finales de la posguerra y sus víctimas siguen vivas. Rondan los 70 u 80 años, pero en su juventud fueron verdugos en su máxima expresión. “Estas víctimas no pueden recordar bien quién realizaba los interrogatorios, cuántos participaban en las palizas y sólo personajes muy destacados -como el caso de Billy el Niño- han arrojado datos para sacar conclusiones de cómo actuaban”, aclara el investigador Pablo Alcántara Pérez a Público.

 La amnesia provocada por el dolor no ha permitido hacer un balance global de la lista completa de miembros de la Brigada Político Social de finales del franquismo. “Es demasiado difícil poner caras y recordar las horas de aquellos interrogatorios a pesar de que hablamos de una etapa muy reciente como fue la Transición”, sentencia Alcántara.

Nueve de estos policías tienen ya abierta una causa por parte de la jueza María Servini dentro de la Querella Argentina: Antonio González Pacheco alias ‘Billy el Niño’, Jesús González Reglero, Atilano del Valle, Ricardo Algar Barrón, Pascual Honrado, Jesús Martínez, Benjamín Solsona, Félix Criado y Celso Galván Abascal.

Cumpliendo estrictamente el código militar

El magistrado Juanjo del Águila aclara en su estudio 'Consideraciones sobre la Brigada Político Social del Franquismo' el estrecho vínculo de la BPS con el ejército sublevado, que “persistió durante todo el régimen hasta diciembre de 1975”. Del Águila argumenta que “es público y notorio que entre ambas fechas la policía política actúo con detenciones y posteriores atestados de cientos de miles de detenidos que pasaban luego a disposición de los jueces instructores, nombrados por la Autoridad Militar de Mando (Capitanes Generales y Ministros del Ejército)”.

La mitad de estos nombres tienen causas pendientes. La lista suma nombres y torturas por todo el país, aunque las zonas de mayor represión se concentraron en Asturias, País Vasco, Barcelona y Madrid.

·Asturias:

Claudio Ramos Tejedor y su títere, Pascual Honrado de la Fuente

Asturias contó con un protagonista principal en la Transición: el famoso comisario Claudio Ramos Tejedor. Los que lo conocieron en plena actividad lo describen como un hombre inteligente que no se manchaba las manos ni de sangre ni empuñando una pistola ni para dar un golpe. Entre sus secuaces bien dirigidos se encontraba el policía Pascual Honrado de la Fuente.

El investigador Alcántara relata a Público que “Honrado De la Fuente fue uno de los principales torturadores franquistas en Asturias. En el BOE del 31 de julio de 1967 figura entre los inspectores a los que se otorga la Cruz del Mérito Policial con distintivo Blanco. Ya en 1977 es admitido en el Cuerpo General de Policía”.

Poco a poco, Honrado de la Fuente se convirtió en cómplice de Ramos, el único con el que compartió nombres y secretos. El éxito de Ramos se basó en la aplicación de un método de terror contra todo elemento antifranquista en Asturias. Sin embargo, su fallecimiento no permitió enjuiciarlo dentro de la Querella. Pascual Honrado sí que está la causa. La jueza Servini lo acusa “torturar a Gerardo Iglesias, exsecretario del PCE y ex Presidente de IU, que fue detenido por incitar a la huelga”.

·Valencia:

Benjamín Solsona, alias ‘El Galleta’

Solsona fue destinado a Valencia tras entrar en el Cuerpo. En la ciudad todos le conocían con el seudónimo de 'El Galleta'. Alcántara señala que fue “denunciado en varias ocasiones como torturador de trabajadores y estudiantes detenidos. Fue uno de los que destacó en los interrogatorios y torturas contra casi una veintena de universitarios pertenecientes al Partit Comunista del País Valencià, en 1971”.  

Su crudeza no tenía límites: mantenía a los jóvenes durante 18 días y 18 noches detenidos, sin contacto con sus familias, en las instalaciones dela Jefatura Superior de Policía. Ni defensa. Ya en democracia, en 1980, fue nombrado Jefe Superior de Policía de Bilbao. Servini lo acusa de haber participado en las torturas infligidas contra Juan José López Hernando y Francisco Camarasa Yáñez en 1971 en Valencia.

·Barcelona:

Atilano del Valle

Atilano llega a Barcelona al inicio de la década de los setenta como inspector de la BPS. Alcántara apunta que la mayoría de los ex miembros de la BPS no fueron depurados al inicio de la dictadura, como ocurriría también en este caso. “El 3 de diciembre de 1975 se le concedió la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo”. 

Actualmente se encuentra fichado en la Querella. La juez le imputa el haber disparado y arrojado por la ventana a Miguel Jiménez Hinojosa tras su detención en Barcelona el 24 de abril de 1971. Miguel tenía 23 años; le dispararon a bocajarro y luego sería arrojado por la ventana. En aquella operación a Atilano lo acompañarían funcionarios como Francisco Rodríguez Álvarez.

Los hermanos Creix: Antonio Juan y Vicente Juan Creix

Los hermanos Creix también sembraron el pánico en Catalunya. Su sadismo no tenía barreras en los interrogatorios de los sótanos de la Dirección General de Seguridad. Tanto Antonio Juan como Vicente se empleaban a fondo con golpes, puñetazos y cualquier arma punzante que le permitiera ejercer torturas, según se desprende de los testimonios de sus víctimas. Ambos sufrieron la represión republicana y se convirtiendo en espías del ejército de Franco en Catalunya.

Antonio Juan Creix estuvo destinado en los años setenta en Sevilla, donde no sólo desmontó grupos clandestinos, también buscó a personajes de la talla del Lute. Fue Jefe Superior de Policía hasta 1974 en la capital andaluza hasta la apertura de un expediente que lo obligó a dejar el cargo.

·Madrid

Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño'

Aún durante la dictadura, en 1974, un juzgado lo condenó a una multa por las coacciones y malos tratos infligidos al periodista Francisco Lobatón. A partir de 1977, pasó a ser integrado en la nueva Brigada Central de Información. 

En esta época se destacó en la lucha antiterrorista contra el GRAPO, en especial gracias a la liberación del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, que había estado secuestrado por la banda armada. En julio de ese año el ministro de Gobernación, Rodolfo Martín-Villa, le concedió la Medalla de plata al mérito policial. 

En septiembre de 2013 la jueza argentina María Servini dictó orden internacional de búsqueda y captura contra él. La justicia argentina le reclama por un supuesto delito de torturas cometido contra trece personas entre 1971 y 1975.

Roberto Conesa

Roberto Conesa Escudero, destacado funcionario de la Policía, estuvo implicado en la represión política desde 1939 y en la detención de grupos como Las Trece Rosas.

Alcántara señala que este policía fue mano derecha de Billy el Niño. “Desde el principio hasta el final de la dictadura franquista, se dedicó a perseguir a toda la oposición al régimen. En sus inicios, a las JSU, al PSOE y al PCE; después al movimiento estudiantil y el movimiento obrero; y, en los últimos años del franquismo, a la extrema izquierda y a grupos de lucha armada, como el FRAP”. 

Manuel Blanco Chivite, militante del FRAP, destacaría que “la saña de su actuación y la evidente excitación que le producía llamaba la atención de los que sufrían”.

El investigador sentencia que ya en democracia “fue utilizado para resolver el secuestro de Oriol y Villaescusa por los GRAPO en 1977”. Martín Villa, ministro de Gobernación, le otorgaría la Medalla de Oro al Mérito Policial.

Jesús González Reglero 

Reglero ingresó en el Cuerpo en 1967. Formaría parte del grupo ‘Anti Grapo’' dirigido por Billy el Niño. La prensa lo calificaría como "uno de los más duros durante la época de la represión franquista". En 1979 pasa a la Brigada Antigolpista. Servini lo acusa de “torturas contra los militantes antifranquistas Rodríguez Bonilla y Francisca Villar en febrero de 1975 en la sede de la DGS”. Bonilla cita en su querella cómo durante largas horas Reglero y su grupo lo golpearon por la espalda con cadenas y graves patadas en la entrepierna.

Ricardo Algar Barrón y Celso Galván Abascal

Algar Barrón entra en la Escuela General de Policía en 1969 y continúa con esta labor ya en democracia hasta el año 1988. Fue procesado en 1974 por un delito de lesiones durante el interrogatorio de Andrés González Somolinos. 

Su caso también se encuentra en la Querella Argentina. José María Galante Serrano denunciaría en su declaración cómo “Algar Barrón y Celso Galván Abascal participaron con malos tratos en su tercera detención, profiriendo contra él además graves amenazas.

Celso Galván estuvo implicado, como miembro de la BPS, en la muerte del estudiante Enrique Ruano. En 1996, se sentaría en el banquillo por este caso. Francisco Colino y Jesús Simón también estaban entre los policías implicados en el asesinato. Fueron absueltos por falta de pruebas. En democracia llegó a ser escolta de Franco y del rey Juan Carlos I.

Jesús Martínez Torres

Jesús Martínez Torres ha sido acusado por muchas de sus víctimas de aplicación de tortura y vejaciones a jóvenes luchadores antifranquistas. Muchos lo recuerdan como un “sádico” de largas patillas y “zapatos de tacón ancho" a causa de un grave complejo, tal y como señalaría el militante Mikel Azkue.

 Fue también acusado de torturar al militante antifranquista José Aznar Cortijo.
El triunfo del PSOE en las elecciones de 1982 le permitió ascender a Comisario General de Información responsable de la lucha "antiterrorista", siendo posteriormente imputado por los crímenes de los GAL.

·País Vasco:

Félix Criado Sanz

Criado Sanz fue uno de los primeros en pasar a la Escala Ejecutiva del Cuerpo Superior de Policía en los años de la posguerra. Inspector Jefe de la Brigada de Investigación Social de Bilbao, recibió la Cruz del Mérito Policial en 1967.

Fue denunciado por "curas de Zamora" y por Jon Etxabe Garitacelaya, a quien tuvo en 1969 durante siete días "salvajemente torturado junto con otros militantes y afectado por fuertes golpes…”.

Jesús Quintana Saracibar

Saracibar era capitán de la Policía Armada, al mando de las fuerzas que asaltaron la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga de Vitoria en marzo del 76. Causaron la muerte por disparos de bala a cinco civiles e hirieron a otros 50. Está querellado por la asociación Víctimas del 3 de Marzo.

Manuel Ballesteros

Ballesteros comenzó su carrera en Valencia, al frente de la BPS. En la madrugada del 11 de noviembre de 1968 participó en la detención y grave tortura de 36 militantes antifranquistas  En Valencia son muchos los que recuerdan el sadismo de este torturador.

A finales del régimen es trasladado a San Sebastián como uno de los “agentes más despiadados de la BPS”. Ballesteros había sido comisario jefe de San Sebastián en 1974. Más tarde pasaría a ser Jefe superior de Policía en A Coruña en 1976. Dos años más tarde ocupa el mismo puesto en Bilbao. Sin sufrir depuración alguna, de la mano de José Barrionuevo y Rafael Vera llega a ser director del Gabinete de Información del Ministerio del Interior."              (María Serrano, Público, 09/09/17)

12/9/17

‘Cañero’, el portero de la Sego fusilado por ‘rojo’

"Tenía 24 años, soltero. Obrero ceramista en la Innovadora del Puente de Hierro. Un muy buen portero que en 1934 sustituyó bajo los palos de la Gimnástica Segoviana a uno de los impulsores del club, el carismático Paco Cabezas. Se llamaba Nicolás Álvaro Lobo, pero en Segovia se le conocía como “Cañero”

 El 13 de julio de 1936 “Cañero” jugó su último partido frente al Betis de Madrid en el campo de Chamberí.  Una semana después era detenido, y hace 81 años, el 15 de agosto, fusilado en la tapia del cementerio y enterrado en los arenales de Anaya.

“Cañero”, que se sepa, fue el único jugador del club segoviano que murió en la Guerra Civil. Algunos vivirían la represión de las retaguardias, otros fueron al frente, pero todos volvieron. Todos menos Nicolás Álvaro, ejecutado por comunista en su propia tierra.  (...)

Cañero era un personaje popular en la Segovia republicana. Fue uno de los primeros militantes del PCE de la ciudad, eso y su condición de portero de la Sego, le hacían uno de los pocos comunistas con nombres y apellidos residentes en la ciudad. Según explica Tapia, no hubo juicio. Probablemente fue una represalia tras los bombardeos sobre Segovia que desde Madrid propiciaba el “Pájaro negro”, un aviador segoviano de la República al que la Segovia nacional atribuía los bombardeos. 

“Llegarían falangistas o requetés con una lista e hicieron una saca”, especula Tapia. Así sin más. En De la Esperanza a la Persecución, de Santiago Vega, el mejor trabajo sobre la represión franquista en Segovia en la Guerra Civil, se le incluye entre las víctimas de la represión “ilegal”, sin juicios. Una instancia judicial de 1937 lo considerá “desaparecido”. Como “desparecido” sigue de la memoria colectiva segoviana."                  (Acueducto.com, 28/08/17)

11/9/17

Siendo de ideas comunistas, se fue que como voluntario falangista en la Guerra Civil... «No me quedaba otra solución, o se estaba con los sublevados o en contra»

 Teodoro Recuero, en el frente ruso, con sus compañeros

"(...) las aventuras y desventuras de Teodoro Recuero que ahora publica West Indies Publishing Company bajo el título Hasta Nóvgorod: Crónica de un viaje. (...)

Le cuesta encontrarlos: ya casi no quedan. Podemos caer en los tópicos por una vez, porque son muy ciertos: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Incluso podemos caer en un tópico más: la historia con mayúsculas difícilmente se entiende sin conocer la historia con minúsculas. Se pueden leer muchos manuales y libros de divulgación o tesis doctorales sobre la Guerra Civil, sobre la División Azul, pero si no se va a las fuentes directas, a la memoria de los soldados que la vivieron, es imposible hacerse una idea relativamente exacta de lo que fue aquello.

«A pesar de combatir en el mismo bando los moros y los legionarios no nos podíamos ver los unos a los otros». Uno piensa en bandos monolíticos, en ejércitos disciplinados y muy fanatizados, con una terrible carga política. Uno tiene una visión muy distorsionada de las guerras, después de tantas películas y novelas y de las frases grandilocuentes de los discursos de los líderes políticos.

Pero aquí no hay nada de eso. Aquí solo está la simple, clara, terrible y lúcida realidad. Una realidad que viene completada con algunos textos explicativos, resaltados en cuadros y no en notas al pie de página, introducidos muy acertadamente por los editores en el texto. Estos párrafos nos ayudan a hacernos una visión general. Pero si algo hay que destacar por encima de todo es la propia memoria del autor. Y su sinceridad…


«Mi aventura como voluntario en Rusia no tuvo motivación ideológica, sino económica». ¿Se puede decir más claro? Cuesta entenderlo, por supuesto. Cuesta entender que una persona que ha sobrevivido a una guerra quiera meterse en otra por un simple sueldo, pero fue así, y, desde luego, Teodoro Recuero no fue el único en ir a luchar a Rusia sin ningún afán ideológico, sino por fines prácticos.

Algunos fueron porque estaban en una situación peligrosa (o porque sus familiares directos estaban en una situación peligrosa), porque la represión franquista no les dejaba otra salida, otros fueron por convicción, el simple deseo de aventura llevó a algunos a Rusia. Sin embargo la historia oficial, que durante mucho tiempo se ha filtrado, aunque sea involuntariamente, en el pensamiento colectivo, e incluso ha llegado a contaminar los libros de texto, nos muestra una División Azul muy diferente. El primer valor del libro de Teodoro Recuero Pérez es este: la desmitificación.


El segundo valor de este libro de memorias es la síntesis de hechos e ideas. No es un libro muy largo. Se lee muy fácil. Es muy ameno. Nuestro protagonista repasa toda su vida, centrándose principalmente en la guerra (algo que se echa a faltar en otros libros parecidos), desde su nacimiento hasta su regreso del frente ruso y su difícil reincorporación a la vida civil. Lo cuenta con crudeza, con frialdad, pero no se pierde en detalles innecesarios.

 Va al grano. Y tiene una capacidad de síntesis que solo da la mucha experiencia en la vida sumada a una gran dosis de sentido común.
Pondré un ejemplo: al igual que Manuel Mena, el familiar de Javier Cercas, la Guerra Civil le pilla en su pueblo natal de la provincia de Cáceres. 

Vemos lo mismo que se lee en el libro de Cercas: la represión, la violencia, los arrestos y los fusilamientos entre personas que han sido vecinos (y generalmente buenos vecinos) hasta el mismo día anterior a la guerra. Pero si Cercas se centra (y está en su derecho, desde luego), casi exclusivamente en la historia inmediata, en la reconstrucción lo más minuciosa posible de los acontecimientos, Teodoro Recuero, desde su aparente crudeza y frialdad, nos llega al alma con confesiones muy nítidas e irrebatibles que nos muestran, con un fuerte fogonazo de luz, la verdaderas causas de la guerra y la verdadera naturaleza de la guerra:
«Todas las promesas que nos habían hecho en las elecciones del 31, cuando vino la República, quedaron sobre el papel», nos dice. 

Además, por si no ha quedado suficientemente claro, añade:
«Aquella era una época muy mala para encontrar trabajo. Los padres de familia se las veían y se las deseaban para dar de comer a sus hijos. El aceite era cosa de lujo, a pesar de cosecharse en el pueblo». Y ya está. Se puede leer mucho sobre la pobreza de la España campesina de principios del siglo XX (una pobreza que se viene arrastrando desde siglos y siglos atrás), pero con tres frases cortas ya está todo dicho.

Si a esta pobreza se le suma la actitud de los terratenientes «que preferían dejar las faenas del campo sin hacer» antes que dar el trabajo a jornaleros que votaban los partidos de izquierda, jornaleros que tenían inicialmente una fe absoluta en la República, pero que muy pronto se desencantaron y se radicalizaron. 

Si a esto se suma también que «no se podía ir tranquilo por la calle» (y no estamos en una gran ciudad, sino en un pequeño pueblo extremeño), ya podemos empezar a entender por qué pasó lo que pasó y por qué nuestro protagonista, siendo de ideas comunistas, se fue que como voluntario falangista en la Guerra Civil (muy distinto del falangista convencido, al menos al principio, de Javier Cercas), simplemente para salvar el pellejo.

«No me quedaba otra solución, o se estaba con los sublevados o en contra», nos confiesa sin pudor alguno Teodoro Recuero. Y es triste. Es muy triste que un país entero se viera en esta situación. Por eso estos libros se tienen que editar. Por eso estos libros se tienen que leer."         (Le Miau Noir, 21/08/17)

8/9/17

Ana Castejón pasó un calvario como botín de guerra en el cuartel de la Falange, la raparon, la obligaron a ingerir medio litro de ricino, la pasearon por las calles bajo los gritos de los vecinos, el párroco la exorcizó...

"(...) Los asesinatos de mujeres comenzaron en el verano del 36 bajo la cobertura de los bandos de guerra, sus muertes cumplían el papel de aviso y castigo: María Silva, “La Libertaria”, referente de Casas Viejas, compañera del anarcosindicalista Miguel Pérez Cordón, posteriormente también asesinado.

 Igualmente Catalina Sevillano, compañera del militante obrero Francisco Vega, también asesinado. María Arias “La Cuina”, casada con Francisco Rodríguez, detenida, humillada, vejada, rapada, asesinada en la laguna de La Janda. Antonia Moreno, “La Florera”, también asesinada, estaba casada con José Barroso, hermano de Miguel “Lagares”, otro destacado cenetista, asesinado.

Los sublevados realizaron acciones expeluznantes, Victoria Macías fue fusilada embarazada y su cadáver violado. Ana Castejón pasó un calvario como botín de guerra, en el cuartel de la Falange la raparon salvo dos moñitos con cintas con colores monárquico y falangista, la obligaron a ingerir medio litro de ricino, la pasearon por las calles bajo los gritos de los vecinos, el párroco la exorcizó, vuelta a encerrar, consejo de guerra, condenada a prisión. 

Ana Ramírez, mujer de José Vega de la CNT, padres de varios hijos, también fueron asesinados en la Laguna de Medina junto a otros vecinos

Una vez madres y padres eliminados, huidos, desaparecidos, los hijos padecieron las consecuencias, fueron capturados, bautizados, cambiados sus nombres, “normalizados”. (...)"            (Documentalista memorialista y republicano, 29/07/17)

6/9/17

Franco ordenó "despiojar" a gitanos

"(...) la comunidad gitana. Durante su régimen, las familias de esa etnia fueron objeto de medidas especialmente enfocadas hacia ellas, creadas siempre con un mismo fin: hacerles sentir que eran de una categoría humana inferior.
 
Según consta en un documento obtenido por Público, la dictadura creía que los gitanos podían ser portadores de enfermedades infecciosas, por lo que adoptó una serie de medidas dirigidas a contrarrestar ese supuesto peligro. En una orden firmada el 21 de noviembre de 1939, el Gobernador Civil de Bizkaia, Miguel Ganuza, relacionaba directamente a las personas gitanas con la propagación del tifus exantemático, una enfermedad que se propagaba mediante los piojos y que acabaría convirtiéndose en epidemia durante los primeros años de la dictadura.

En su particular interpretación de la realidad, el régimen se esforzaba por vender la versión de que este problema sanitario era uno de los tantos males provocados por la España republicana. "De los informes recibidos en este Gobierno Civil resulta que, aunque por fortuna no muy numerosos, no dejan de presentarse de vez en cuando en determinadas zonas de las regiones que durante más tiempo padecieron el dominio rojo, casos aislados de tifus exantemático que en alguna ocasión reciente han dado lugar a la explosión de verdaderos brotes epidémicos", señalaba Ganuza en aquella nota, enviada a todos los alcaldes de Bizkaia.


Ante esa situación, las autoridades franquistas decidieron crear un "servicio de despiojamiento" que sería gestionado por los ayuntamientos, con el "asesoramiento de los inspectores municipales de Sanidad". Según explicaba el gobernador civil, esta orden provenía de la Dirección General de Sanidad, lo que deja entrever que se trataba de un asunto que afectaba a todo el Estado.

El "servicio de despiojamiento" enfocaría su trabajo en "cuantas personas sean portadoras de ectoparásitos", distinguiendo “especialmente” a aquellos "individuos que por su habitual desaseo y gran movilidad de desplazamiento" representaban "un positivo riesgo de mantenimiento y difusión de la enfermedad". En primer lugar citaba a los gitanos, seguidos de "vagabundos", "pordioseros" o, por último, "vendedores ambulantes".


"La Jefatura Provincial de Sanidad dictará a los Señores Inspectores Municipales de Sanidad las normas que han de regular los referidos servicios de despiojamiento que deberán ser organizados en ese término municipal en la medida que, sin perjuicio de su eficacia, lo consientan las posibilidad de orden material con que cuenta el municipio", precisaba el gobernador franquista de Bizkaia.

Manipulación de una enfermedad


La utilización de la epidemia del tifus para criminalizar a los "enemigos" de la dictadura –una categoría que acabaría incluyendo a las personas gitanas- fue señalada por la investigadora Isabel Jiménez Lucena, quién actualmente ejerce como profesora de la Universidad de Málaga en el área de Historia de la Ciencia, en un estudio publicado a comienzos de 1994 bajo un título que no deja lugar a dudas: El tifus exantemático de la posguerra española (1939-1943). El uso de una enfermedad colectiva en la legitimación del Nuevo Estado. A su juicio, "la utilización de la presencia de una enfermedad colectiva" permitiría a la dictadura "legitimar ideas y actuaciones que afectarían a diversos aspectos de la vida social no relacionados ya con el proceso salud-enfermedad".


Jiménez remarca que en aquel contexto de grave crisis sanitaria, "se procuró que la desfavorable coyuntura sanitaria no enturbiase la visión triunfalista que se quería proyectar con retórica imperialista y racial". "Por ello, un rasgo sobresaliente en el inicio del brote epidémico exantemático fue el intento de retrasar el reconocimiento de su existencia, en un empeño por ocultar las miserias del país; las autoridades pretendían dar una imagen sana, fuerte y limpia de la Patria que gobernaban, frente a la parte enferma, débil y sucia a la que habían derrotado", subraya. Tras ese silencio inicial, el brote de tifus fue "manipulado, hasta el punto de servir para reafirmar los argumentos integrantes de las doctrinas legitimadoras del Poder instituido".

Sucios y ladrones


El papel atribuido a los gitanos fue analizado por Xavier Rothea, investigador de la Université Paul-Valéry Montpellier III, en un estudio publicado por la Revista Andaluza de Antropología en septiembre de 2014. En ese estudio, el autor destaca que las personas de esa comunidad fueron "un contraejemplo social absoluto en la España franquista". De esta manera, señala que tanto las autoridades como los medios de comunicación y la Iglesia coincidían en presentarles como sinónimo de "suciedad" frente a la "limpieza" que, según la dictadura, encarnaba el "estándar social franquista".

En esa línea, también se presentaba a las mujeres gitanas como "disolutas" y promiscuas, a los niños como "retrasados" y a los adultos en general como perezosos y ladrones, frente a la "castidad", el "culto al trabajo" y el "respeto a la propiedad privada" que patrocinaba el régimen. El "despiojamiento" también fue parte de esa estrategia."                    (Público, Danilo Albin, 24/08/17)

5/9/17

Hasta el maestro le llamaba ‘el hijo del rojillo’

"Casimiro Malo Satué lo fue a buscar la Guardia Civil a casa cuando languidecía el verano de 1938 y el país llevaba dos años en llamas por la guerra. Era labrador, tenía 41 años y sus delitos fueron la “rebelión militar” y ser miembro del Comité Republicano de Alcalá del Obispo. 

Tras dos meses en la cárcel de Huesca, un consejo de guerra le sentenció a muerte. Le fusilaron junto a la tapia del cementerio de la carretera de Zaragoza el 25 de noviembre de 1938. Dejó tres huérfanos.(...)

Casimiro Malo formó parte de una saca de presos junto a otros agricultores de Alcalá del Obispo. “Mi padre tiene 80 años”, recuerda Alberto, “y tres meses cuando se llevaron a Casimiro. Siempre le llenaba de tristeza que le preguntasen por él y recordarle el tema era provocar que terminase llorando. 

Plantearle la posibilidad de poder encontrar sus huesos y darle una sepultura digna, un sitio donde su hijo pueda llevarle unas flores y recordarle, ha levantado en casa un ánimo excepcional”.

Su familia fue “despreciada por el lado nacional que quedaba en el pueblo. Incluso recuerdo oír a mi padre decir que en el colegio hasta el maestro le llamaba ‘el hijo del rojillo’. En la familia siempre se ha intentado hablar un poquito bajo, de paso, por cierto temor, por no querer remover la historia y por miedo”. 

Nadie se da por vencido, y tanto los familiares como el Círculo Republicano seguirán pendientes de nuevos indicios, testimonios y documentos que ayuden a esclarecer el paradero de Casimiro."                   (Business Monkey News, 26/07/17)

31/7/17

La familia Pueyo fue masacrada. La abuela Magdalena Prat Pueyo se mantuvo siempre firme. Fusilaron a sus 3 hijos, Francisca, Jesús y Pío, y sus 2 nietas Rosario y Lourdes fueron violadas, asesinadas y quemadas

"(...) La ley del deslinde comunal que arrebató a los terratenientes las tierras que ellos anteriormente habían usurpado provocó una represión atroz, innombrable, en las Cinco Villas. Los franquistas sacaban a la gente de su casa para matarlos. 

En Ejea los falangistas entraron atropellando y fusilando, daban brutales palizas a presos colgados de los pies. Los ediles pagaron con su muerte la osadía de haber ganado unas elecciones. En Sádaba se asesinó a la totalidad de la corporación municipal republicana. Un teniente fascista se encaprichó de una niña de Uncastillo, muerto el padre en el frente republicano, fusilaron a la madre por “roja”, y la niña fue adoptada como huérfana. 

En Uncastillo fueron asesinados 44 vecinos durante el verano de 1936 y los meses siguientes. Un camión se llevó a mujeres del pueblo y otras localidades, para matarlas en Farasdués. Más adelante otras 17 mujeres fueron fusiladas en Uncastillo.

La familia Pueyo fue masacrada. La abuela Magdalena Prat Pueyo se mantuvo siempre firme. Fusilaron a sus 3 hijos, Francisca, Jesús y Pío, y sus 2 nietas Rosario y Lourdes fueron violadas, asesinadas y quemadas, cuentan que el cuerpo de la pequeña, Lourdes no ardía. Eran costureras, de las Juventudes Socialistas, habían bordado orgullosas la bandera Republicana. 

El padre de las chicas, Francisco Malón, asesinadas su mujer e hijas, murió agotado de dolor. Nunca tuvieron sepultura digna, los cuerpos fueron a parar a fosas desconocidas. A Pío, concejal socialista, se lo llevaron a fusilar con su tío Ignacio Maisterra. A Jesús, 4 falangistas se lo llevaron al cuartel con otros detenidos. 

Cuando los sacaron de los calabozos, los subieron en un camión como animales, todos estaban ensangrentados, habían sido golpeados con saña, el carpintero Maza, tenía un ojo salido. El camión salió hacia Luesia, fueron fusilados a las puertas del cementerio de aquel pueblo.

Las ejecuciones eran públicas y de obligada asistencia. Después había que terminar la obra, quitar las ideas socialistas de hijos y familiares a través de la iglesia, obligados a confesar, imponiendo la religión a la fuerza. 

En la memoria permanece imborrable la imagen de curas con pistola al cinto saliendo en camiones al monte a «cazar» a los huidos. Como la familia Pueyo, muchas otras fueron castigadas, sin poder manifestar dolor ni rabia, y debiendo obligadamente pensar únicamente en sobrevivir."                 (Documentalista memorialista y republicano, 25/07/17)

28/7/17

El militar que desobedeció a los golpistas y lo pagó con su vida

"Es un honor para nosotras poder decir en voz alta el nombre de nuestro abuelo, 81 años después de que lo arrestaran en San Fernando por quebrantar la ley". Con una fotografía de su abuelo en un plástico transparente, María Teresa Martínez de Sancha y Rosa María de Sancha Castellano, recordaban a su familiar mientras leían el nombre y los apellidos de un grupo de represaliados en San Fernando en los primeros meses de ese terrible verano. (...)

Ese día de hace 81 años, Manuel de Sancha Morales, comandante en jefe de las tropas de Infantería de Marina fue arrestado. Su delito, desobedecer a los militares golpistas y mantenerse fiel a la República. "Mi abuelo se negó a sacar las tropas a la calle y declarar el estado de sitio". Su desacato le costó caro y ese mismo día se lo llevaron detenido al Penal de las Cuatro Torres, donde permaneció hasta la madrugada de 28 de agosto. A las dos de la mañana, acabaron con su vida. 

Pero no con su memoria. Sus nietas han recordado con orgullo la faceta de músico de su abuelo, director de la orquesta del Teatro de Las Cortes y de la Coral de Santa Cecilia. Tan sólo nueve días antes del Golpe de Estado y de su detención, Manuel dio un concierto en favor de los parados de La Isla. "Eso jugó en su contra", aciertan a decir ambas. 

Y es que la represión en San Fernando tuvo tres objetivos principales: los representantes de la legalidad -alcalde y concejales-, los dirigentes sindicales, masones y obreros y los militares, que no secundaron el alzamiento militar, tal como explicó Miguel Ángel Moreno, de Amede. Esa es una de las particularidades de la represión en una ciudad eminentemente militar. Muchos militares que no se sumaron al Golpe fueron acusados de rebeldes. La justicia al revés. Y el lenguaje, claro.  (...)

Con cinco tiros en un costado, envuelto en una manta y con su uniforme de gala, Manuel está enterrado en la fosa común de San Fernando. Su familia consiguió información del lugar exacto donde yace pero quieren recuperar sus restos. "Él era liberal pero republicano. Murió gritando ¡viva España!", que no sólo era de los nacionales. 

Como él hay cientos de personas en la que, según los primeros estudios, puede ser la fosa más grande de la provincia de Cádiz y la segunda de Andalucía. Se calcula un número de más de doscientos personas pero como siempre advierten arqueólogos y antropólogos, "hasta que no se abra la fosa no sabemos qué podemos encontrarnos".   (...)

Allí también  descansa Agustín Rodríguez Nieto, escribiente de la CNT, que fue asesinado en el mismo pelotón de fusilamiento que el último alcalde de San Fernando, Cayetano Roldán Moreno. Su sobrina nieta, María Rosa Rodríguez Aragón también ha leído hoy su nombre con una emoción contenida. "Esto que ha pasado aquí es muy importante. 

Yo no nací con el silencio y cuando íbamos al Cementerio mi madre le ponía flores y me decía que no pisara por allí, que tuviera cuidado, pero esto hace unos años era impensable". Aguanta las lágrimas y respira: "Esto es como un bálsamo. Lo necesitábamos".                         (Vanessa Perondi , La Voz del Sur, 18/07/17)

27/7/17

"Avisa en casa que me llevan detenido y me van a fusilar".

"Celso Fernández García era alcalde de Langreo, de Izquierda Republicana, y tenía un comercio. Dicen los que le conocieron que era un "negociador nato", cualidad que combinaba con un carácter conciliador. Fue apresado el 22 de octubre de 1937. Fusilado el 6 de enero de 1938. Estaba acusado de haber detenido durante unas horas a dos religiosos que incumplieron la Constitución Republicana. 

No se despidió de su familia, sólo pudo informar a un vecino: "Avisa en casa que me llevan detenido y me van a fusilar". Nadie lo volvió a ver. Esta es una de las 6.200 historias de la represión en Langreo durante la posguerra, memoria perdida que está recopilando el historiador Manuel Fernández Trillo. Estima que aún le quedan, al menos, otras tantas biografías por recoger.  (...)

Y ya ha documentado a 6.200 personas que sufrieron la represión. No sólo fusilados o encarcelados, también las multas, las incautaciones: niños que tenían que pagar cinco pesetas por recoger castañas en caminos públicos o amonestaciones de 200 pesetas, cuando los sueldos rondaban (en el mejor de los casos) las 300 pesetas. También los que sufrieron aislamiento, a los que se les negó el derecho a trabajar y a la beneficencia.

La represión social fue especialmente dura con las mujeres. "Yo viví gracias a mis vecinas", le dijo a Fernández Trillo una de las entrevistadas en la zona rural. Y así, cientos de langreanas. Las mujeres suponen, por el momento, el catorce por ciento de las biografías recopiladas. "En el Alto Nalón, la represión entre las mujeres fue aún más brutal", afirma el historiador. En Aller llamaba la atención el alto índice de asesinatos: de 4.500 personas que votaron al Frente Popular, 800 fueron asesinadas. En Langreo, añade el historiador, "había un claro objetivo de terminar con los obreros".

Que nadie se movilizara, que los "agitadores" estuvieran aislados. "El ochenta por ciento de los casos que encontramos eran personas dedicadas al trabajo manual, mineros, albañiles o del sector de la metalurgia", señala Fernández Trillo.

Quisieron terminar con "los faberos", aquellos trabajadores que tenían una huerta o varias cabezas de ganado. "Si tenías algo más que tu trabajo, podías sobrevivir a una huelga", matiza el historiador. Se popularizó entonces la contratación de personas que llegaban desde Galicia y Extremadura, los que no tenían nada salvo el tajo.

Los maestros también estaban en el punto de mira. Dice Fernández Trillo que la represión fue "brutal" con ellos, incluso con los docentes que apenas ejercieron: "Unos meses antes de la sublevación militar hubo unas oposiciones. Los que aprobaron nunca consiguieron una plaza, pero aparecen 'marcados' en los documentos", explica. También los sanitarios y los comerciantes, como Celso Fernández García. (...)"              ( 17.07.2017)

26/7/17

Republicanas españolas en Ravensbrúck, “donde en medio de la gran tragedia, quedó patente la fuerza invencible de los débiles”

"El 30 de abril de 1945, alrededor de 3.500 prisioneras del campo de Ravensbrück, malnutridas y muchas de ellas al borde de la muerte, fueron liberadas por el Ejército Rojo en su avance sobre Alemania. 
En Ravensbrück había pocas judías, pero había miles de francesas, holandesas, rusas, polacas..y las españolas que habían defendido a la República Española cuando fue atacada por el fascismo. Por su condición de mujeres padecieron sufrimientos adicionales a los de los hombres, el impacto físico y psicológico generó en las que sobrevivieron una larga etapa de silencio e introspección.
 
Tras el fin de la Guerra Civil, miles de Republicanas Españolas pasaron a Francia donde siguieron luchando en la Resistencia, realizando un papel heroico y fundamental, constituyeron redes de transmisiones, suministro, transportes de armas, enlaces y contactos. Cerca de 60.000 mujeres y hombres españoles dieron su vida por Francia. Muchas fueron detenidas y cruelmente torturadas por la Gestapo y la policía de la Francia colaboracionista. 

En 1940, el ministro franquista y jefe de falange, Ramón Serrano Suñer llegó a acuerdos con Himmler y Heydrich, sellando la suerte de miles de exiliados españoles ya que que Franco consideraba que los republicanos no eran españoles, y no tenían patria: No bastaba expulsarles del país, los franquistas permitieron su deportación a campos de concentración nazis.

 Suñer mintió en 1976 a la periodista Montserrat Roig diciendo que no lo sabía. En 1944 unas 400 españolas realizaron el mismo viaje que 3 o 4 años antes habían recorrido 10.000 republicanos españoles a Mauthausen y otros campos, siendo deportadas en vagones de ganado a Ravensbrück, el frío campo de concentración para mujeres.

En Ravensbrück estuvieron presas 132.000 mujeres de 40 países. Las 400 españolas fueron marcadas con un triángulo invertido de color rojo (presas políticas), un traje a rayas y un número de matrícula. Fueron esterilizadas con inyecciones que anulaban la menstruación para aumentar su producción. Sometidas a duchas de “desinfección”, rapas de pelo, inspección de todo el cuerpo, humillante y antihigiénico control ginecológico. 

Las antiguas del campo advirtieron que: “No digáis que estáis enfermas porque os llevan a la cámara de gas”. Nos arrebataron absolutamente todo, incluso pañuelos, sostenes, paños higiénicos. Formaban en impecables líneas rectas durante horas inmóviles al pasar lista: Mover la cabeza, una mano, un pie, cuchichear, representaba recibir gran cantidad de latigazos. 

Las SS pegaban con saña por cualquier cosa a mujeres mayores, o a niños. Allí, quietas bajo un frío tremendo y débiles, algunas caían y no se las podía ayudar o les echaban a los perros encima.

Cerca de 90.000 mujeres murieron atrozmente de mil maneras en Ravensbrück: Varios millares fueron exterminadas por el hambre, las epidemias, disentería, tifus, desnutrición, tuberculosis, torturas, envenenamientos, dolorosas inyecciones de bencina en corazón o venas, fusilamiento, destrozadas por perros, ahorcadas, apaleadas, aplastadas por vagones de mercancías, apisonadas, ahogadas en las letrinas, a bastonazos, electrocutadas contra las alambradas.

 Unas 6.000 fueron a las cámaras de gas y después al crematorio, algunas fueron quemadas vivas como la joven madre Sofía Liman. Se moría anónimamente en “transportes fantasmas” en el que eran gaseadas sin dejar ninguna señal, unas horas de crematorio y al final todo lo que quedaba era un montón de huesos calcinados.

Algunos testimonios de estas mujeres son ESTREMECEDORES. “Ravensbrück era tan terrorífico que las víctimas no lloraban por los muertos, sino por los vivos que esperaban nuevos golpes hechos ovillos. Se abrieron zanjas donde se hizo bajar a los niños con un bombón, se llenaron de gasolina y se les prendió fuego, tan cerca del campo que sus madres se volvían locas de dolor al oír sus alaridos”. 

 “En el quirófano del temido doctor Gebhardt, las “kaninchen” (conejitas de Indias) fueron sometidas a experimentos, operando sus piernas para dejar el hueso al aire, cortando e infectando huesos, músculos y nervios con bacterias para probar sulfamidas. Se mutilaron mujeres al realizar trasplantas de huesos entre ellas. Alfonsina Bueno, de Berga, que murió 39 años después de la liberación, padecía todavía las consecuencias de estos experimentos”.

Los magnates de la industria alemana preveían que en esas condiciones la esperanza de vida de cada presa no superaría los nueve meses, pero no contaban con la solidaridad de las mujeres, que renunciaban a una pequeña porción de su comida para dársela a las que más lo necesitaban. Los SS, asociados a las grandes firmas, Krupp, Thyssen, Siemens, Mercedes Benz, I.G.Farben (que suministraba el gas cyclon 3), entre otras, hicieron grandes fortunas aprovechándose de esta mano de obra barata y siempre renovable. (...)

 Mercedes Núñez Targa, era barcelonesa, militante antifascista durante la República, aprovechó su libertad provisional en 1942 para incorporarse a la Resistencia contra los nazis. Fue deportada en condiciones infrahumanas a Ravensbrück, donde estuvo 40 días con Neus Catalá, Geneviève Anthonioz-De Gaulle, Lise London.. 

Pasó después al complejo industrial de Leipzig con otras españolas que se ayudaron y apoyaron: Constanza Martínez Prieto, Carme Boatell, Mercedes Bernal, Marita, Elisa Ruiz, María Ferrer (Contxita), María Benitez Luque. Trabajaban produciendo obuses 12 horas al día, de pie, comiendo una sopa y una pequeña rebanada de un sucio pan. El sabotaje era un deber primordial, aflojaban tornillos, inutilizaban obuses y máquinas, ralentizaban el ritmo de trabajo..incluso reivindicaron su condición de presas políticas.
 
Mercedes, enferma de tuberculosis y escarlatina ya no era útil para el trabajo, los nazis habían decidido su traslado a la cámara de gas el 14 de abril, pero ese día, aniversario de la República, recibió con una banderita republicana las tropas de liberación aliadas americanas. Algunas mujeres agonizantes murieron aquel mismo día. Las deportadas fueron repatriadas hacia sus países de origen excepto las españolas que los franquistas consideraban apátridas y acabaron en Francia. 

El gobierno francés concedió a Mercedes las máximas condecoraciones, la Legión d´Honneur, la Medalla Militar, la Cruz del Combatiente Voluntario de la Resistencia, la Medalla de la Deportación e Internamiento por hechos de Resistencia, la Cruz de Guerra y la Cruz del Combatiente. Fue delegada en Galicia de la “Amical de Mauthausen y otros campos”

Neus Català nació en Els Guiamets, Tarragona, hija de campesinos, enfermera, organizó las JSUC, participó con la Resistencia francesa, denunciada a los nazis fue detenida, salvajemente golpeada y trasladada a Ravensbrück en un infecto tren de ganado: “Mil mujeres, 4 días de viaje sin parar, sin higiene, sin aire para respirar, sin sitio para sentarnos, un cubo de basura para las necesidades. Algunas llegaron muertas a Ravensbrück, donde nos esperaban nazis, perros agresivos, 20ºC bajo cero, empujadas bestialmente entramos triunfalmente en el mundo de los muertos.

Fue transportada a Holleischen, en Checoslovaquia, para trabajar en la industria armamentística nazi. Día y noche se fabricaban armas, obuses, balas, sin parar. “Mientras podías producir, te perdonaban la vida”: “En las balas escupíamos o poníamos aceite, ¡sabotear, sabotear, dejamos 10 millones de balas inutilizadas!”. La Generalitat de Cataluña la galardonó con la Cruz de San Jordi y la Medalla de Oro de la Generalitat de Cataluña. El Ayuntamiento de Barcelona le otorgó la Medalla de Oro al Mérito Cívico. También presidió el Amical de Ravensbrück.

Lise London: “Yo nunca tuve miedo, ¡jamás! yo era una luchadora”. Francesa de padres aragoneses, miembro de las Brigadas Internacionales, militante de las juventudes comunistas. Entró en la Resistencia contra los alemanes, arrestada, encarcelada durante más de un año, deportada a Ravensbrück, mientras su marido Arthur y su hermano fueron deportados al campo de Mauthausen. 

Setenta años después del final de la guerra civil seguía emocionándose cuando recordaba cómo habían abandonado a la República española los gobiernos capitalistas europeos. Siempre llevó a España y el comunismo en el corazón: “Las Brigadas Internacionales fueron el mejor momento de mi vida”.

Conchita Ramos era de Torre de Capdella (Lleida). Con 17 años reorganizó grupos de la Resistencia francesa. Ella, su tía Elvira y su prima María, la familia Veleta, fueron detenidas por la policía de Pétain y entregadas a la Gestapo para ser interrogadas: “Arrancaban las uñas de pies y manos a hombres y mujeres. Tenía miedo pero no hablé”. Enviadas a Ravensbrück, las 3 fueron seleccionadas aptas para trabajar, otras eran gaseadas. 

 Acabaron en una barriada de Berlín, trabajando material de aviación. También lo saboteaban. “Me dieron muchos bastonazos y me cortaron el pelo al rape. De 650 mujeres quedamos sólo 115”. Conchita tiene muchas condecoraciones, como la Legión de Honor del Gobierno francés y la Medalla de la Resistencia; y posee el grado militar de sargento -lo recibieron las mujeres que hicieron de enlace-. Actualmente es la vicepresidenta de la Asociación de Deportados del Tren Fantasma.

Secundina Barceló, turolense de Veguillas de la Sierra, huyó a Francia donde distribuía prensa clandestina entre los españoles. Fue detenida e interrogada durante 15 días: “Bofetadas, puñetazos, quemaduras con cigarrillos Ante mi silencio, emplearon la matraca, el lavabo, la bañera. Continuaba sin hablar, me amenazaron con colgar a mi hijo si no daba nombres y domicilios”.

 La violencia la desfiguró tanto que solo era reconocida por sus zapatos. Deportada primero a Ravensbrück, fue llevada al campo de Markkleeberg. De día cumplía tareas con un pico y una pala y por la noche como refuerzo en la descarga de vagones de carbón.

El impacto que sufrieron estas mujeres superó al físico o psicológico. Aunque el silencio era lo único que las mantenía en pie, siempre tuvieron fe de salir vivas de aquella locura. Sólo unas pocas lo consiguieron y dejaron su testimonio para la posteridad. Sobrevivieron al horror. Aquí las hemos recordado."                   (Documentalismo memorialista y republicano, 11/07/17 (I)  y  11/07/17 (II))