16/2/18

La espantosa experiencia voluntaria de Luce d'Eramo en los campos de concentración nazis

"Érase una vez una joven guapa y rebosante de salud que vivía con sus padres fascistas en el castillo de Bassano, en la provincia italiana de Vicenza, en el norte de Italia. Se llamaba Lucette porque había nacido en Francia, pero todos la conocían como Luce o Lucetta.

 Su padre había sido piloto y por aquel entonces, en 1944, en plena II Guerra Mundial, ocupaba el cargo de subsecretario de Aviación de la República de Salò, el Estado títere de los nazis con Benito Mussolini a la cabeza que ocupaba buena parte de los territorios italianos controlados militarmente por los alemanes.

Lucette tenía 18 años y muchas dudas. Era una buena fascista, sí, pero cada vez le inquietaban más las críticas y reproches que escuchaba contra los suyos, las voces que por ejemplo aseguraban que los nazis habían puesto en marcha campos de trabajo y de concentración en los que trataban como auténticos animales a quienes allí se encontraban. 

«Después de mucho pensar, comprendí que la única manera de saber quién estaba en posesión de la verdad, si los fascistas o los antifascistas -se decían tantas cosas que nadie alcanzaba a entender nada-, era averiguarlo personalmente. 

Para ello, entendí que lo mejor para mí era ir a aquellos lugares de los que se decían las cosas más impactantes: los lager nazis», escribiría muchos años después en Desviación, un brutal libro autobiográfico en el que a lo largo de 500 páginas Lucetta, Luce d'Eramo, relata las terribles experiencias que durante la II Guerra Mundial vivió en primera persona, en sus propias carnes. 

Más de 30 años le llevó escribir ese libro escalofriante que vio la luz en la Italia en 1979, que se convirtió inmediatamente en un súper ventas y que sin embargo sólo ahora acaba de publicarse en España de la mano de la editorial Seix Barral.

Fue el 8 de febrero de 1944, con 18 años, cuando Luce d'Eramo se escapó de su casa y, con los retratos de Hitler y de Mussolini en la mochila, se presentó voluntaria para ir a Alemania en calidad de simple obrera.

  Ingresó en un campo de trabajo cerca de Fráncfort, la IG Farben, donde enseguida se quedó espantada al ver las atroces condiciones en las que se encontraban muchos de los prisioneros de guerra obligados a trabajos forzados. Hasta el punto de que, junto con algunos compañeros, organizó una huelga. 

Resultado: la detuvieron, la mandaron primero a prisión primero y después al campo de concentración de Dachau, en el que más de 200.000 personas procedentes de más de 30 países fueron recluidas durante la II Guerra Mundial. 

«En las 12 semanas que pasé en Dachau no dejó ni un segundo de asombrarme la increíble cantidad de padecimientos que el organismo humano puede soportar», confiesa. Podría haberse librado de todo aquello con tan sólo sacar a relucir que su padre era un jerarca de la Italia fascista. Pero eligió no hacerlo. 

En Dachau, Lucetta formaba parte del grupo destinado a limpiar las alcantarillas y las cañerías de desagüe de la ciudad de Munich y alrededores. «Lo peor era cuando nos llevaban a las aldeas a vaciar los pozos negros: allí no hay cañerías. Cuando los pozos negros están llenos hay que vaciarlos con cubos y, una vez hecho esto, bajar al interior. Sólo entonces nos daban máscaras y botas de goma, y estábamos metidos en la mierda hasta que hubiéramos acabado. Muchos enfermaban, y había quien moría intoxicado», revela. 

Lucia, alter ego de Luce d'Eramo en Desviación, logró escapar de Dachau aprovechando un bombardeo inesperado durante el tiempo de trabajo. Se ocultó un par de meses en Munich, esforzándose siempre por no llamar la atención. «Desde Dachau me he puesto un objetivo: pasar inadvertida, confundirme por completo con la masa. No quiero morir», escribiría. 

«Sólo tengo 19 años, pero siempre se me olvida. Luego cuando me acuerdo es como un descubrimiento, y me alegro en parte porque tengo toda la vida por delante, pero enseguida me pongo triste, me entra un miedo terrible al futuro, siento que no podré vivir después de todo esto».

Tras vicisitudes varias, acabó en Maguncia, una ciudad alemana a orillas del río Rin. Era el 27 de febrero de 1945, la localidad acababa de sufrir tres horas de bombardeos salvajes y los americanos estaban a punto de entrar en ella en cualquier momento. «Para nosotros la guerra había terminado», recuerda. 

Salió a festejarlo con un amigo cuando pasaron junto a una casa que se había derrumbado. En la puerta, una chica alemana suplicaba a los viandantes que la ayudaran a salvar a su familia. Luce D'Eramo, junto con otras 10 personas, decidió echarle una mano. Se encontraba en medio de los escombros cuando una bomba de fósforo de efecto retardado estalló y un muro le cayó encima. A partir de ese momento, y hasta su muerte en 2001, sus piernas quedaron inmovilizadas. Además, sufría incontinencia fecal y urinaria.

Comenzó otro infierno, que Luce d'Eramo narra con la misma crudeza y sencillez que el resto de vivencias, con un estilo despojado de ornamentos pero absolutamente fiel a la realidad. «Yo, yo clavada a una silla de ruedas para toda la vida, entre orina y mierda», recuerda al enterarse de su diagnóstico, después de pasar varias semanas en la sala mortuoria de un hospital entre cadáveres y moribundos.

Pero aunque es una autobiografía, Desviación es sobre todo un libro de memorias. O, mejor dicho, un libro sobre la memoria. «Si mi madre tardó más de 30 años en escribir Desviación fue porque tuvo que desenterrar su propia memoria, hacer un largo y fatigoso recorrido para recordar lo ocurrido realmente, por reconquistar el pasado, por dejar de lado las mentiras que nosotros mismos nos contamos con frecuencia», explica a EL MUNDO Marco, su hijo. 
 
Porque cuando concluye la II Guerra Mundial y Luce D'Eramo regresa a Italia, se encuentra con un mundo en blanco y negro, dividido férreamente entre víctimas y agresores. Un mundo en el que las víctimas, por el mero hecho de serlo, se convierten en buenas y bondadosas. «Y eso es falso. Entre las víctimas también había carniceros, como decía mi madre, a quien siempre le interesó la zona gris», subraya Marco.

Por eso, porque iba contra las ideas preconcebidas, a Luce D'Eramo le costó tanto desenterrar la verdad de lo sucedido, separar en su memoria lo falso de lo verdadero.  

Y por eso, por contar en Desviación no sólo los horrores cometidos por los nazis sino también las miserias de las víctimas, cómo algunas «se peleaban entre ellas como fieras por un cigarrillo, un nabo, un hombre, se denunciaban la una a la otra a los Kapos o a los SS» o se «abrían de piernas» para conseguir un trozo de papel de periódico con el que envolverse los pies y para caminar los cinco kilómetros que separaban el lager de la fábrica, hubo editores que rechazaron publicar su libro. 

 «Y hubo también uno que se negó a publicarle una recopilación de relatos al percatarse de que era discapacitada e iba en silla de ruedas», subraya su hijo.

Pero aunque a su regreso a Italia Luce d'Eramo vivió una existencia plena e intensa, se casó, tuvo un hijo, se licenció en Filosofía y Letras, se separó, frecuentó a intelectuales como Alberto Moravia, Elsa Morante o Cesare Zavattini y escribió de modo incansable, siempre le interesaron precisamente esas incómodas zonas grises y siempre se sintió una marciana que no encajaba en las categorías preestablecidas. De hecho, su último libro, una suerte de testamento espiritual, se titulaba precisamente así: Yo soy una extraterrestre."          (Irene Hernández, El Mundo, 15/02/18)

15/2/18

El padre y 4 hijos fueron fusilados en 1936 y 1945

"Manuel López López, teniente alcalde de Lanjarón fue detenido en el Ayuntamiento de Lanjarón, cuando partidas de la Guardia Civil y grupos de falangistas armados se hicieron con el control del pueblo y de buena parte de la Alpujarra a los pocos días del golpe militar. La madre, Dolores Mingorance, se presentó en el Ayuntamiento y pidió que al menos le diesen el retrato de su marido. La foto acabó pisoteada por el suelo; luego saquearon su casa y el taller mecánico de la familia.
 
Los 4 hijos mayores huyeron, Antonio y Félix se escondieron en los montes de Lanjarón. Miguel huyó hacia el este, pero cayó preso en Torvizcón, donde fue asesinado el 27 de agosto del 36, dejando 2 hijos pequeños y una mujer que acabaría internada en el Hospicio. A los pocos días Antonio y Félix, decidieron regresar a Lanjarón pensando que nada tenían que temer ya que nada habían hecho. Acabaron encarcelados en la prisión de Granada junto a su padre.

El 11 de agosto de 1936 los transportaron para su asesinato, en uno de los 7 camiones que pasaron por Lanjarón camino del Carrizal. Antes de la ejecución, uno de los miembros del pelotón se dirigió a Manuel y le dijo: “Primero fusilaremos a tus hijos para que los veas morir”. Juan González Blasco, catedrático y cronista de Órgiva y autor de Órgiva, hitos de su historia, cuenta que “a diario pasaba un camión con 70 u 80 personas procedentes de pueblos de la Alpujarra camino del Carrizal. Al rato se oía el tiroteo de las pistolas. Hay allí enterrados 4.000 republicanos granadinos y malagueños”.

Pura e Isabel, fueron detenidas y recluidas en la prisión provincial. “Todavía estáis aquí. Veremos a ver mañana”, se mofaban las carceleras de las dos hermanas, según recuerda hoy Maribel, hija de Isabel, que finalmente saldría con vida de la cárcel con su hermana.

José María logró llegar a Almería, donde se integró en el Ejército Republicano. Fue secretario de las Juventudes Libertarias de Andalucía, brillante orador, todos le llamaban ´Germinal´. Herido en un pie durante el cerco de Almería, se enamoró de la joven enfermera que le cuidó y se fue a vivir con ella. Era hija de un militar rebelde y convenció a Germinal para que confiase en las influencias de su padre. José María accedió y acabó en la cárcel de Alicante y posteriormente en la de Granada.

La madre y sus hermanas lograron un salvoconducto para excarcelarlo, pero era demasiado tarde. Ese 25 de enero de 1945 Manuel fue fusilado de frente, así lo decidió aunque el pelotón le dijo que se diese la vuelta. Las hermanas lo encontraron semienterrado con un grupo de presos recién asesinados en la colina de la Alhamba. Lo identificaron y enterraron porque su pierna sobresalía del suelo. 

En el año 2009, Maribel, su marido y miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, colocaron en el patio de San Gregorio del cementerio de Granada, donde está enterrado, una placa para recordar a Germinal. A los pocos días fue arrancada.

A finales de 1975, recién muerto Franco, el mecánico Manuel López Mingorance, soldó dos tubos a modo de cruz que colocó a un lado de una curva de la carretera entre Lanjarón y Órgiva, cerca del sitio donde fueron fusilados y sepultados en cal viva en el barranco del Carrizal, su padre Manuel López López, electricista, mecánico, socialista, republicano y teniente de alcalde de Lanjarón, y sus 2 hermanos mayores. Fue el primer acto físico de recuperación de memoria de víctimas Republicanas de la Guerra Civil en Granada. La cruz sigue allí, al pie del barranco."               

(Documentalismo memorialista y republicano, 28/01/18.  Documentos originales: La memoria recuperada: Lo que nunca han contado Felipe González y los dirigentes socialistas (María Antonia Iglesias), a partir de 13 reportajes publicados entre octubre de 2008 y enero de 2009 en La Opinión de Granada por los periodistas Santiago Sevilla y Álvaro Calleja; También en arico, o guerra civil Granada. Puerto Real CNT)

12/2/18

As historias invisibilizadas das mulleres do Deza represaliadas polo Franquismo

"Son innumerables as historias persoais de represión, de morte, cadea ou exilio, que aínda descoñecemos. Moito máis nas zonas rurais. E moitísimo máis no caso das mulleres. "Hai moitos casos de mulleres represaliadas polo franquismo que aínda non foron rexistrados", dicía nesta entrevista o deputado Luís Bará, realizada ao fío da publicación de Non des a esquecemento. “Faltaban moitos nomes, sobre todo de mulleres, que foran detidas, torturadas, violadas, rapadas…", destacaba.

De igual xeito, Manuel Igrexas, profesor no IES Laxeiro de Lalín, vén de recoller no seu blog Historias de Deza as historias dun feixe de mulleres desta comarca que sufriron a represión franquista a partir de 1936. 

Na introdución do texto sinala que "a excepción duns poucos nomes de paseadas ou fusiladas, poucas veces as mulleres aparecen citadas nos estudos sobre a represión franquista en Galicia. Pero estas tamén foron represaliadas tanto física como económica, laboral ou psicoloxicamente. Foron moitas as mulleres violadas, rapadas, humilladas e obrigadas a beber aceite de rícino". 

 "As últimas investigacións eliminaron moitos tópicos e agora forman parte da historia real dos derrotados. Pouco a pouco imos coñecendo a dureza das vidas que levaron esas mulleres, porén hai moitos casos dos que cómpre saber en detalle", engade.

Historias coma a de María Carmen Sánchez Sanmartín, nacida en Lalín en 1903, detida en xullo de 1936 e sometida a un consello de guerra, acusada de auxilio á rebelión e condenada á pena de 15 anos de reclusión temporal. 

Ou a de María Andrea Valladares Carballo e outras mulleres da comunidade protestante da parroquia de Vilar (Silleda). María Andrea estaba acusada de “saludar con el puño cerrado” e foi xulgada en consello de guerra, acusada de auxilio á rebelión e condenada a 20 anos de prisión, pena conmutada cinco anos despois.

Ou as das mestras purgadas pola Comisión Depuradora do Maxisterio. Foron sancionadas coa suspensión e/ou co traslado a outra localidade Milagros Gómez Fernández, mestra de Bais (Agolada), Juana López Elicegaray, de Besexos (Vila de Cruces), Carmen López López, de Vilarello (Dozón), Peregrina Besada Álvarez, de Cadrón (Lalín), Benita Gallego Varela, de Moneixas (Lalín), Emilia Barros Muíños, de Palmou (Lalín), María Lareu Yáñez, de Sello (Lalín), Higinia Fráiz Villanueva, da Bandeira (Silleda), Efigenia Novas Solla, de Parada (Silleda), Encarnación Seoane Golmar, de Saidres (Silleda) e Elisa García Arguindey, de Taboada (Silleda).

Especialmente violenta foi a represión exercida contra as donas e familiares de fuxidos e guerrilleiros. Laura Nicolás Esperante, militante do Partido Galeguista e que casou en 1943 co guerrilleiro Eugenio Rueda Perosanz, foi detida en 1948 e xulgada nun consello de guerra, condenada a dous anos de cadea. 

Nesa mesma redada de 1948 foi detida a súa irmá, Josefa Nicolás Esperante, xulgada pero non procesada. E tamén foron detidas Inés Blanco Donsión, Josefa Diéguez Froiz Estrella Souto Ramos, xulgadas no mesmo proceso. Josefa foi condenada a seis meses de prisión, marchando despois de Lalín para vivir en Vigo. Inés non foi condenada, pero tivo que exiliarse en Venezuela. 

Tamén sufriron a represión as familiares de Antón Alonso Ríos mestres este estaba fuxido, disfrazado como o siñor Afranio. A súa nai e as súas tres irmás foron acusadas de colaborar coa república e ter ideas esquerdistas. E tamén Rogelia Sanmartín Amigo, dona de Luís Frade Pazos, primeiro tenente alcalde de Lalín na última corporación republicana e asasinado en 1936. Ou Rosa Abeledo Albarellos, muller de José María Montouto Rodríguez, tamén asasinado ese mesmo día."               (Praza Pública, 11/02/18)

9/2/18

Se quiso que toda la ciudad tuviese conocimiento de la ejecución como escarmiento público y por eso los dividieron en grupos por distintos barrios...

"La casa está cerrada a cal y canto. La puerta es de chapa marrón. “Sí, soy yo”. La puerta chirría cada vez que la mujer, asida a ella, da un paso hacia adelante o hacia detrás. “Yo no quiero recordar eso”.

 Tiene ganas de cerrar pero se resiste a hacerlo. “Yo no, yo no”. Observa con miedo al vacío, sin entender por qué han venido a preguntarle 40 años después. “No quiero hablar. Adiós. Muy amable”. 

Aquello de lo que no quiere hablar esta mujer septuagenaria –tal vez octogenaria– ocurrió el 8 de julio de 1977 en Sevilla, unos meses antes del disparo que acabó con la vida de Manuel José García Caparrós en Málaga, del que tanto se ha hablado estos días; y unos meses después del disparo que acabó con la vida del joven almeriense Javier Verdejo, al que no dejaron terminar de escribir “Pan, trabajo y libertad”, y del que tan poco se ha hablado estos y todos los días. 

“Yo fui a coger a mi hijo, que se me había escapao“, suelta apresurada la mujer. El disparo podría haberle alcanzado a ella. Tal vez al niño.

La esquina donde sucedieron los hechos ve pasar los días como si nada. “Alquilo piso por 450 euros”.  “Vendo piso por 82.000 euros”, anuncian varios papeles pegados a una señal de ceda el paso. Son otros tiempos. Hay otros nombres. Avenida Hytasa con calle Diamantino García, entonces Comandante Castejón.

 El tiro, tan fallido en la Transición cuando iba dirigido al aire, alcanzó esta vez a Francisco Rodríguez Ledesma, un albañil que se había acercado a la manifestación contra el cierre de la fábrica textil del mismo nombre que la avenida y que tantos uniformes para el Ejército franquista había confeccionado. 

Queipo de Llano había puesto la primera piedra. El dictador la había visitado. Hoy, frente a aquella esquina hay un edificio de la Junta de Andalucía. Al lado, Casa Arcadio pone desayunos como si no hubiera un mañana. Un cartel indica una peluquería de caballeros y niños a escasos metros. Y en la esquina, justo en la esquina, se levanta una escuela infantil con ladrillos vistos.

La mujer que no quiere hablar vio caer justo ahí, a su lado, al albañil, militante de CCOO. Murió en el hospital en enero de 1978. Mil personas acudieron a su entierro, según las crónicas periodísticas de la época, que ya auguraban también que aquella muerte, como la de Caparrós o la de Verdejo, quedaría impune.

Estamos en el Cerro del Águila, un barrio obrero de Sevilla. Pueden llegar hasta aquí en autobús. El 26 va directo desde el Prado de San Sebastián. Si están en la céntrica Plaza del Duque, una opción es el 32 con parada en Ciudad Jardín, desde donde pueden ir dando un paseo. Si están más cerca de Puerta Jerez, el metro o el tranvía son una solución para parte del trayecto. 

Es 5 de diciembre. Varios miembros de la asociación Aire Libre acaban de renovar el cartel que colocaron en 2015 como homenaje a Rodríguez Ledesma, que fue nombrado también cerreño del año por la Velá del Cerro del Águila. “Pusimos un clavel en la imagen porque su hermana nos contó que le dejaban uno todos y cada uno de los días que pasó en el hospital”, cuenta Pepe Verdón. La Junta de Andalucía tiene previsto catalogar en breve esta esquina como Lugar de Memoria.

“Mira, estos son los que mataron en aquellas fechas”, muestra en un papel escrito a boli Juan Morillo. Dice que a uno de ellos, a su amigo Aurelio Fernández, lo asesinaron en París en 1979. “Las manifestaciones eran asiduas”, añade Verdón. Esta fría mañana, ellos dos y tres compañeros, Jesús, Teo y José, recogen firmas para la apertura de un nuevo centro de salud. 

Hablan de Miguel Hernández, y de Mandela, y de cómo se está deteriorando el barrio, y de la próxima función del teatro de la memoria del Aguaucho. Ponen una bandera republicana y otra andaluza para hacerse la foto. Se acerca un hombre: “Conozco la historia por mi suegra”. Pero su suegra, ya han leído, no quiere hablar. La mujer, finalmente, echa el cerrojo a la puerta de chapa marrón.

Otro barrio en el que no hubo guerra

El historiador José María García Márquez destaca un caso en el Cerro del Águila: “Especialmente impactante fue la muerte de Francisco Portales Casamar, de 35 años, empleado del Matadero y afiliado a Unión Republicana, detenido por orden de Queipo el 10 de agosto de 1936, junto a su cuñado Rafael Herrera Mata. Lo juzgaron en consejo de guerra el 21 del mismo mes y lo condenaron a muerte.

 Al día siguiente, 22, Queipo aprobó la sentencia y el 23 fue asesinado a las seis y media de la mañana en la muralla de la Macarena. Rafael, impresor que trabajó en El Cerro en la imprenta de Luis Barral, fue puesto en libertad poco después, aunque en 1937 sería nuevamente detenido y asesinado el 29 de enero de 1938”.

La hermana de Francisco, Luisa Portales, fue una mujer muy conocida en el barrio por su militancia política en Unión Republicana; y su hermano Luis, activo miembro de las Juventudes Libertarias, estuvo a punto de ser capturado, aunque no lo detuvieron hasta enero de 1938 y lo condenaron a veinte años de prisión, indica García Márquez.

Muy cerquita, añade el historiador, se llevó a cabo el fusilamiento, en dos grupos de 11, de 22 miembros de la columna minera de Huelva, que llegó a Sevilla el 19 de julio y fue traicionada por la Guardia Civil. “Se quiso que toda la ciudad tuviese conocimiento de la ejecución como escarmiento público y por eso los dividieron en grupos por distintos barrios. Las desapariciones se sucedían una tras otra. Llantos, gritos de desesperación, búsquedas de familiares por todos los centros de reclusión de Sevilla, etc., se convirtieron en algo cotidiano y repetido en aquel verano y otoño de 1936”."                  (Olivia Carballar, La Marea, 01/02/18)

7/2/18

Continúan desaparecidos 157 soldados republicanos prisioneros apresados por tropas franquistas en la batalla de Sigüenza en 1936

"La batalla se desarrolló desde agosto hasta octubre de 1936. Una vez que la sublevación fracasó en Guadalajara, una columna de 200 milicianos de la CNT-FAI al mando de Feliciano Benito Anaya, otra con 300 comunistas del batallón Pasionaria a cargo del comandante Castro, otra columna del POUM, y los ferroviarios de la UGT y la de la JSU, se unieron bajo la dirección del coronel Jiménez Orge para defender Sigüenza del asedio fascista.
 
Los aviación nazi destruyó parte de la ciudad, el hospital y el hospicio del obispado, y el bombardeo rebelde arrancó la techumbre, y destrozó la torre derecha de la catedral. Sigüenza cayó en manos fascistas el 16 de octubre de 1936, tomando 738 presos Republicanos, de los que 500 eran combatientes. Entonces empezó la represión. 

Los prisioneros fueron trasladados atados por los codos y clasificados. Mujeres y niños fueron liberados poco después. El capitán de Infantería republicano Pedro Hernández Rivero, asesor técnico de las milicias fue ejecutado para “ejemplaridad de todos” en el patio del castillo de Sigüenza y enterrado a pocos metros del mismo. 

Al día siguiente los hombres fueron trasladados en camiones de ganado a Soria, donde fueron encarcelados. Varios presos fueron ejecutados por el camino en los altos de Barahona, límite entre las provincias de Guadalajara y Soria, pero la mayoría de ellos llegó a su destino.

Hay 2 listas documentadas de prisioneros tras la batalla de Sigüenza. La 1ª está firmada por el comandante Alfonso Sotelo Llorente, fechada en Sigüenza el 16 de octubre, y consta de 591 personas, 490 hombres, 47 mujeres y 54 niños. Los presos pertenecían a la CNT (137), Batallón Ferroviario, (123), Batallon “Pasionaria”del PCE/JSU (105), Milicias del POUM (40) y Batallón seguntino Francisco Gonzalo (39), 12 soldados republicanos y 8 heridos, y otros 26 presos sin adscripción conocida. 

La 2ª lista, con 333 presos incluyendo otros 14 nuevos, está firmada por el director de la prisión de Soria en enero de 1937. La diferencia entre ambas listas es de 157 presos, que figuran en la lista de salida y no en la de Soria. Es posible rastrear el destino de los que figuran en ambas listas, en batallones de trabajadores, cárceles, campos de concentración u otras penas. PERO DE LOS 157 DESAPARECIDOS, NO HAY NINGÚN RASTRO.

En las semanas siguientes, tras su llegada a Soria, se produjeron varias “sacas”, el 18 de noviembre 30 presos, y en otras fechas incluyendo la Nochebuena reduciéndose paulatinamente el número de presos; en enero de 1937 había unos 200. En la primavera de 1938 aún quedaban unos 100 presos provenientes de Sigüenza, que fueron trasladados a San Pedro de Cardeña (Burgos) y Bilbao para trabajos forzados. (...)"                

 (Documentalismo memorialista y republicano, 24/01/18. Documentos: El Mundo (Raúl Conde). Foro Memoria Guadalajara (1 y 2). Y los libros:– La represión franquista en Guadalajara. Pedro A. García Bilbao (URJC. ). P. Carlos Paramio Roca (UCM). Xulio García Bilbao. Prólogo: «La vida de los otros» de Mirta Núñez Díaz Balart (UCM). Silente Memoria Histórica. Foro por la memoria de Guadalajara La represión en Soria durante la Guerra Civil. Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García. Tomos 1 y 2

6/2/18

Les prendieron fuego a todos, disparando sobre aquellas antorchas humanas despavoridas, aullantes...

"Teresa nació en Monforte de Lemos, Lugo, en 1914. Alumna destacada de la séptima promoción de la escuela de niñas de León de la Escuela Sierra Pambley entre 1924 y 1927, por lo que se cree que fue maestra suya María Pedrosa, una de las muchas docentes represaliadas en León. Avecindada en León, se afilió a las Juventudes Socialistas locales, participando en los años 30 en numerosos movimientos políticos y sociales que trajo consigo la entusiasta proclamación de la II República.
Teresa Monge Melcón, es protagonista de uno de los paseos más tristemente famosos de la Guerra Civil. Otras 32 personas cayeron con la joven militante socialista, de 22 años, en el campo de Fresno aquellos días oscuros que sucedieron al golpe contra el gobierno de la República.

 En aquellos años en los que dicen que la Guerra Civil pasó de largo por León, las carreteras y cuentas fueron testigos de atrocidades sobre las que aún hay que hacer mucha luz. Ni los registros civiles descansaban como prueba el hecho de que el parte oficial de defunción fuera emitido por el Ayuntamiento de Valverde de la Virgen a las 22 horas del 12 de octubre.

El caso de Teresita impactó tanto que la primera noticia sobre su ‘martirio’, más allá de la partida de defunción, es recogida en un librito publicado en 1938 en Barcelona por un desconocido que firma como Prometeo. El relato que la historiadora Beatriz García Prieto ha encontrado en el capítulo titulado 

El fascismo en la provincia de León es estremecedor: «Teresa Monge fue ultrajada y asesinada el 4 de septiembre, después de horribles sufrimientos. Luego que avisaron de ella cuantos criminales iban en el grupo, clavaron cuñitas de madera entre las uñas de pies y manos, y la pincharon con los machetes, cortándole un pecho en vida y rociándola con gasolina las partes genitales a las que prendieron fuego, retorciéndose la infeliz en una terrible agonía entre el doble sufrimiento físico y moral. La remataron después en las inmediaciones de La Virgen del Camino, arrojándola a la hoguera en unión de cuarenta y cuatro más, entre ellos su hermano».

Victoriano Crémer en el Libro de San Marcos también recuerda este capítulo oscuro de la Guerra Civil en León y la figura de la joven ‘rosa’ leonesa, como es recordada en los círculos socialistas al comparar su caso con el de las 13 rosas de la cárcel de Ventas de Madrid. 

A Teresa Monge, apostilla, «la condujeron en uno de aquellos fatídicos camiones, especialmente destinados para cargamentos humanos, agarrotados por el cuello con otros compañeros y hasta con los pechos segados, y, que una vez llegado al lugar del sacrificio, el Gólgota que se diría, les prendieron fuego a todos, disparando sobre aquellas antorchas humanas despavoridas, aullantes, como los moros de conquista y de nueva reconquista cuando corren la pólvora».

En la lista de las 32 personas que fueron fusiladas en las inmediaciones de la Virgen del Camino, donde Aerle colocó un monumento con sus nombres, no figura el referido hermano de Teresa, pero sí otras dos mujeres, ambas de la capital. Se trata de Visitación Herrero y Josefa Tascón.

Señala el papel oficial que Teresa Monge murió a consecuencia de heridas por arma de fuego y su cadáver fue hallado en la margen izquierda de la carretera de Astorga a León, a la altura del kilómetro 8, en el lugar conocido como el Canal. 

Su cuerpo fue identificado «por varias personas de León» por «sus ropas y un papel que había junto a su cadáver». Fue enterrada en Fresno del Camino. ¿Qué diría ese papel?"               (Documentalismo memorialista republicano, 04/02/18, Referencias: Diario de León (Ana Gaitero). Memoria Socialista Leonesa. Cosinas de LeónFundación Saber.es.

5/2/18

O Reisiño, un cura de pistola ao cinto...

"Foi un cura de pistola ao cinto. Estaba feito da mesma madeira dun Xosé Toubes, párroco de San Pedro de Mezonzo, fundador do Ideal Gallego  e terrorista naquela Coruña de 1936, dun Manuel Doval ou Xosé Gago Tarrío, os dous no Salnés e tamén en Euskadi, para volver da fronte co bastón de mando do alcalde asasinado de Urrieta ou dun Ramón Mosteiro Ferro, o arcipreste de Ordes, a chuzar contra os progresistas da localidade para facer efectiva a condena de  morte.



Era de igual feitura do que un Padre Nieto, aquel frade ruín, a meter terror e a pedir mortos no campo de concentración da illa de San Simón, do que un Luciano de Uriarte, daquela caste de misioneiros do Sagrado Corazón que remataron de capeláns castrenses, do que un López Galuá en Ribadeo, a sinalar obxectivos ás escadras fascistas, do que un cura de Cangas, a anotar os obreiros das obras da casa do pobo para facer listas negras, do que un cura de Beluso, de Zas, Cerdedo, Culleredo, Seixalbo e así ate non rematar.



Chamábase Emilio Álvarez Martínez pero todos o coñecían por “Reisiño”. Á volta de 1914, debido aos bos oficios de Vales Failde diante da Casa Real, os mesmos que fixeron a Lago González arcebispo de Compostela e a Eixo Garai arcebispo de Madrid, foi nomeado predicador da Capela Real e posteriormente capelán de honra de Afonso XIII. 

Saíu de  Madrid de 1920 co alcume de “Reisiño”, pola súa proximidade ao monarca, e cunha ampla listaxe de relacións privilexiadas para continuar unha brillante carreira eclesiástica, iniciada no seminario de Tui, seguida no seminario central de Santiago de Compostela e prologada na parroquia de Santiago o Maior de onde marchou á Corte, con só trinta e tres anos. 

E volveu a Vigo, para dirixir a recentemente fundada parroquia de San Francisco, e foi un non parar, presidente e impulsor da Asociación da Vista Antoniana, xefe da beneficencia municipal, profesor de relixión e moral no instituto da cidade e párroco titular de San paio de Ventosela.



Á altura de 1932, impulsou a creación da asociación  Martín Codax, fogar e refuxio de todo o Vigo reaccionario que chegou a agrupar a máis de catrocentos asociados, diríamos hoxe think tank daquela dereita viguesa españolista e monárquica, que promoveu obras teatrais de Pemán e Pemartín, dramaturgos de cabeceira da España de orde e colaboradores habituais de Acción Española, auténtico organizador colectivo da opinión reaccionaria no período republicano. 

Martín Codax foi a casa  berce da extrema dereita da cidade, o punto de encontro da Renovación Española, organización liderada por Calvo Sotelo que merecería a homenaxe do colectivo, e de Falanxe Española, sinalándose entre os seus primeiros dirixentes, directivos do colectivo como Xosé Vázquez Fernández, Xavier Vázquez Ozores, Emilio Torrado Rivas ou Eduardo Canitrot Robles.

 Ao fin, foi a forza de choque da contrarevolución no Vigo republicano, organizando grupos violentos para combater coa forza ás reivindicacións obreiras, as demandas nacionais é as forzas políticas populares.



E foi cazador de xentes de ben a partir de xullo de 1936. Aquelas agrupacións paramilitares pensadas na Martín Codax, coas mans manchadas de sangue de demócratas vigueses desde 1935, non tardaron en poñerse á tarefa que a nova situación esixía. Alí estaba “Reisiño”, como sinalaron diversas publicacións sobre o terror fascista en Galiza publicadas no exilio: 

“Personaxe importantísimo do falanxismo en Vigo é un crego moi coñecido, monseñor Emilio Álvarez, alias “O Reisiño”, xefe de Falanxe, daqueles que deciden sobre a vida e a morte dos cidadáns vigueses. …é un tipo cativo, enxoito de movementos lixeiros e dunha crueldade feroz. Home sen ningún escrupulo moral, entregado a todos os vicios e aberracións, preside unha agrupación da mocidade intitulada Martín Codax, en que formou un cadro de declamación que serve unicamente para os seus manexos a prol do fascismo e das súas preferencias persoais” [texto tirado de Galicia mártir. Episodios del terror blanco en las provincias gallegas (Hernán Quijano, pseudónimo que se atribúe a Luís Seoane].

E chamábase “O Reisiño”, morreu en Vigo o 27 de abril de 1954, sufrindo, laiando e delirando coas súas vítimas, coma todos."                 (Cilia Torna, Sermos Galiza, 26/01/18)

2/2/18

Un puñado de romances fraguados en campos de exterminio

"Libros sobre el Holocausto hay cientos de miles. Desentrañar lo ocurrido es —o debería serlo— una obligación moral. Entretanto, la historiografía hace lo que puede por cercar un nivel de abyección nunca visto en la historia de la Humanidad. 

Pocos autores se han atrevido sin embargo a poner el foco en ese intangible que, como recuerdan los más entusiastas, es lo que realmente mueve el mundo. En efecto, hablamos del amor como motor de vida y, en este caso también, de supervivencia.

La escritora y periodista Mónica G. Álvarez traza en Amor y horror nazi. Historias reales en los campos de concentración (Ediciones Luciérnaga) una historia alternativa de lo ocurrido, lo hace hilvanando una serie de vivencias personales e íntimas, todas ellas verídicas, en las que el amor con letras capitales parece plantar cara al nazismo. Un libro que, como explica su autora, nace como reacción a otro mucho menos amable: Guardianas nazis. El lado femenino del mal (2012).

“Quedé rota por lo trágico de aquél libro. Me llegó a afectar hasta tal punto que una amiga muy querida me dijo que tratara ahora de escribir sobre un tema más liviano como el amor”, explica la autora. El resultado son estos siete testimonios de unos de los capítulos más oscuros de nuestra historia reciente. Prisioneras que se enamoraron de sus carceleros, mujeres que se amaron pese a los impedimentos de la época, parejas que resistieron el cautiverio gracias al recuerdo de su amor…

“El amor es atemporal, puede ocurrir en un campo de concentración nazi, hace 5000 años o dentro de 2000”, confiesa la periodista, para quien la única razón que puede explicar la supervivencia en condiciones tan extremas de hambre y miedo solo se puede entender a través del amor. “El terror que tuvieron que vivir les hizo perder hasta la razón, si no sucumbieron es porque mantenían la esperanza viva de que él o ella estarían vivos”.

El carcelero enamorado

Es el caso, por ejemplo, de la historia que protagonizaron la eslovaca Helena Citrónová y el austríaco Franz Wunsch, cabo primero de las SS. Prisionera y carcelero protagonizan una historia propia del celuloide que Mónica González —a través de archivos y documentos bibliográficos— logra rescatar del olvido. 

“Él se enamoró perdidamente de ella. Y Helena sintió una especie de gratitud ambigua, que es la forma que tiene el preso de agradecer a su captor que le salve la vida”.

Cuenta Mónica que el oficial nazi se deshizo en atenciones para con la joven presa eslovaca. Veló por su seguridad durante el cautiverio, le regaló un par de botas para que pudiera afrontar con un mínimo de garantías la llamada marcha de la muerte, y hasta le entregó a modo de despedida un papelito en el que le indicaba la dirección en la que vivían sus padres para reunirse una vez finalizada la guerra.

 “Ella se giró y rompió el papel —apunta la periodista—, recordó aquellas palabras que le dijo su padre: Jamás olvides quién eres”. Con todo, la joven Helena no tuvo reparos pasado el tiempo en testificar a favor del oficial durante el encausamiento de éste.

Amor lésbico vs. Nazismo

Felice Schragenheim y Elisabeth Kappler —conocida en el seno familiar como Lilly Wust— se enamoraron fuera del campo de concentración. El idilio, cabe decir, venía patrocinado por un horizonte nada halagüeño; Felice era judía y Lilly nazi. El problema —¿o deberíamos decir el dilema?— para Lilly comienza cuando Felice le confiesa que es judía. 

“La respuesta de Lilly fue terrible —explica González—, el nazismo generó muchas contradicciones y era muy complicado para sus protagonistas hacerles frente”. El desenlace, cabe decir, es en este caso feliz. “Lilly dice sentirse por primera vez viva a su lado, hasta el punto de que decidió plantar cara al nazismo apostando por sus sentimientos”.

Todo un romance hollywoodiense que Mónica González rescata de las conversaciones que mantuvo Lilly a la edad de ochenta años con la periodista Erica Fischer, charlas que dieron lugar al libro Aimee and Jaguar: A Love Story, Berlin 1943. “Este es un claro ejemplo de que el amor puede tumbar a una ideología que está aparentemente instaurada en la mente de alguien, es la evidencia de que no sólo le puede hacer frente sino que también le puede vencer”.

Amor en fuga

Pero quizá es la historia de amor entre Howard y Nancy la que más ha dado que hablar. Ambos protagonizaron un interminable periplo por campamentos diversos en condiciones terribles. Tras ser brutalmente separados, la triste casualidad quiso que se volvieran a encontrar en Auschwitz, para después tener que hacer frente a una cruel marcha de 800 kilómetros que casi acaba con la vida de Howard. “Apenas pesaban 30 kilos, habían superado escenas de muerte y vejación inimaginables, pero ahí estaban, de nuevo juntos, el uno frente al otro”.

Cuenta Mónica González que, en sus charlas telemáticas con Howard, éste le relataba lo sucedido con optimismo y coraje: “Si tuviera que resumir en una palabra lo que sentí al hablar con Howard es humanidad. Lo cual tiene toda la lógica del mundo, pues sus carceleros trataron por todos los medios de deshumanizarlos”. 

Una suerte de clarividencia heredada del terror que González evoca en estos tiempos de amores que matan: “Me dijo Howard que los jóvenes no saben bien lo que es el amor, el amor es respeto y gratitud, no tiene nada que ver con los celos”."                     (Juan Losa, Público, 22/01/18)

1/2/18

Vigueses en los campos nazis

"Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi deportó a cientos de miles de personas de diferentes nacionalidades a campos de concentración, destinadas al trabajo esclavo y al exterminio.

 Cerca de 10.000 españoles  —a los que el régimen franquista nunca reconoció como tales ni aceptó su repatriación, fueron confinados con el beneplácito de Franco y la colaboración del gobierno de Pétain, en los campos de la muerte. 180 eran gallegos (78 de A Coruña, 33 de Lugo, 34 de Ourense y 35 de Pontevedra) Trece habían nacido, residido y/o fallecido en la ciudad de Vigo.


Agustín Cameselle Fernández, Domingo Castro Molares, Manuel Fernández Gutiérrez, Antonio Hoya Alonso, Marcelino Mariño Lago, José Novoa Grova, Ricardo Rodríguez Fernández y Francisco Rodríguez Otero fueron prisioneros del campo de Mauthausen.

Marcelino Mariño fue el primer vigués que llegó al campo desde el stalag de Estrasburgo. 

Era natural de Cabral y marino del crucero Libertad, el buque insignia de la Armada Republicana. Su padre, herrero de profesión y militante comunista, fue asesinado en noviembre de 1936 en San Pedro de Ramallosa por un grupo de falangistas. 

 Trasferido a Gusen, destinado al duro trabajo en la cantera de Kastenhof, un año después desempeña el oficio de peluquero en el Block 13 y en agosto de 1944 se convierte en kapo en Gusen II, posición que utiliza para intentar proteger y mejorar las condiciones de vida de sus compañeros.


El 25 de enero de 1941 desde el stalag de Trier y en un convoy de 775 republicanos, llega Antonio Hoya, teniente de las Milicias Gallegas. Asignado al subcampo Vöcklabruck, trabaja en la construcción de carreteras, puentes y canalizaciones de agua. Cerca de trescientos prisioneros españoles fueron utilizados para levantar estas infraestructuras, una parte de ellos bajo el mando del kapo valenciano César Orquín. 

En junio de 1944 es transferido al comando Linz III, en el que estaba ubicada la planta de armamento de la compañía Eisenwerken Oberdonau, destinada a la fabricación de piezas para tanques.


El 27 de enero de 1941 en una expedición de 1.472 republicanos que había partido de Fallingbostel dos días antes, y entre la que se encuentra Francesc Boix, ingresan Agustín Cameselle, antiguo ayudante de aparejador de Jenaro de la Fuente y teniente de la Guardia de Asalto; Domingo Castro, natural de Cabral, desertor del ejército franquista, sargento de las Milicias Gallegas; Ricardo Rodríguez, alías "Meana", futbolista, seleccionado para la Olimpiada Popular de Barcelona, teniente de Infantería de la 14º Compañía de Asalto y Francisco Rodríguez Otero, natural de Lavadores, combatiente de la 11 Brigada Mixta y sargento de Carabineros, que acabaría en Gusen destinado al proyecto Bergkristall, construyendo fábricas subterráneas invulnerables a los bombardeos aliados que producían el caza a reacción Messerschmitt Me 262.


El 26 de abril de 1941, en un convoy de 486 republicanos, es confinado en Mauthausen, procedente del stalag de Altengrabow, José Novoa, marino del guardacostas de la Armada Xauen, miembro de la Agrupación de Gallegos Libertarios. Asignado al comando Ternberg, situado en la localidad austriaca del mismo nombre, sirve de mano de obra esclava en la construcción de una planta hidroeléctrica hasta septiembre de 1944.


El último vigués en llegar al campo de los españoles en mayo de 1941 es el miembro de la Guardia Nacional Republicana Manuel Fernández desde el stalag de Wiebelsheim. Cinco meses después sería transferido a Gusen.


Antonio Ignacio Alves, Manuel Sánchez Jalda, Eudaldo Martínez Méndez, Mercedes Núñez Targa y Arturo González Bastos, fueron detenidos y deportados durante el año 1944 por acciones de resistencia, a los campos de Dachau, Neuengamme, Bergen-Belsen, Ravensbrück y Natzweiler-Struthof.


Antonio Ignacio formaba parte de un grupo de resistentes que actuaba en Le Pin y en el bosque cercano a Castelsarrasin. Buscaba escondite a los españoles perseguidos y se ocupaba de su paso al grupo de maquis dirigido por José Vitini.  Detenido en marzo de 1944 es deportado a Dachau tres meses después en un convoy compuesto por 2.139 hombres.

 Más de la mitad proceden de la prisión central de Eysses y son miembros de la Resistencia que han participado en la insurrección de la cárcel. En el campo es asignado al comando Allach, donde miles de trabajadores forzados son empleados en las fábricas de BMW en las que se gestan motores para aviones comerciales y militares. 


Manuel Sánchez, marinero motorista en la Base Naval de la Graña al inicio de la Guerra de España, trabajaba en Mont Marsan en una empresa gestionada por las autoridades alemanas. Dinamitó una cisterna de combustible de un convoy nazi y fue detenido por la Gestapo en abril de 1944. Deportado un mes más tarde a Neuengamme en un convoy de 2.004 hombres, 194 de ellos españoles, entre los que se encuentra su paisano Eudaldo Martínez. Antes de que la SS comenzara la evacuación del campo a finales de abril de 1945, Manuel fue transferido a Bergen-Belsen.


Eudaldo Martínez, natural de Teis, desertor del ejército franquista, trabajaba para la Organización TODT en Forges de Coly en Le Pizou, Dordogne. El 16 de marzo de 1944 sabotea el transformador y las torres eléctricas de la fábrica, siendo detenido por la sangrienta Brigada Poinsot, infiltrada en la mayoría de las redes de Resistencia.

El 25 de mayo es internado en Neuengamme junto a su paisano Manuel Sánchez y se convierte en trabajador esclavo en el pueblo de Fallersleben (desde 1945 Wolfsburg),  el lugar escogido por Hitler en 1938 para ubicar la planta más grande de Europa destinada a fabricar el "automóvil para el pueblo" (Volkswagen).  


Mercedes Núñez era cocinera en el Estado Mayor de las fuerzas de ocupación nazi en Carcassone. Un error judicial había permitido su salida de la cárcel de Ventas en Madrid y en julio de 1942 cruza los Pirineos hacia Francia bajo la falsa identidad de Francisca Colomer. Forma parte de la 5ª Agrupación de Guerrilleros Españoles del Departamento de l’Aude como enlace. Realiza labores de logística y falsificación de documentos para los guerrilleros con el fotógrafo Agustí Centelles.  

El 25 de mayo de 1944, junto a once compañeros de su agrupación guerrillera es detenida por la Gestapo. Llega al campo de Ravensbrück el 23 de junio de 1944. Un mes después es transferida al subcampo de Leipzig, que por entonces pertenecía administrativamente al campo de Buchenwald. Es asignada al comando Hasag, fábrica propiedad de Hugo Schneider que produce armamento para abastecer al ejército alemán desde 1934.


Arturo González, natural de Beade, residía en Villatange en el verano de 1944. Trabajaba en una granja y colaboraba con los grupos de resistentes de la zona. El 30 de agosto de 1944 ingresa en el campo de concentración de Natzweiler-Struthof y dos meses después en Neuengamme, donde es transferido al subcampo de Meppen-Dalum, en el que los  prisioneros fueron utilizados para construir fortificaciones, paredes antitanque y trincheras con objeto de proteger la zona costera del norte de Alemania desde los Países Bajos a la frontera danesa contra un posible desembarco aliado.

Agustín Cameselle (casado y padre de tres hijas) y Manuel Fernández perecieron en Gusen en noviembre de 1941. Según las autoridades nazis a causa de una pleuritis exudativa el primero y de neumonía cruposa el segundo. Gran parte de los prisioneros españoles murieron en Gusen ese invierno de 1941-1942. La falta de alimento, el agotador trabajo en la cantera, el frio extremo con temperatura de 25 grados bajo cero no hacían fácil la vida y si esto fallaba, los nazis tenían múltiples remedios para deshacerse de los inservibles para el trabajo.


Domingo Castro y Ricardo Rodríguez fueron asesinados en el Castillo de Hartheim, uno de los seis centros de eutanasia del programa Aktion T4 del Tercer Reich, en enero y febrero de 1942 respectivamente. Un total de 449 españoles fueron exterminados en este siniestro castillo, la "escuela de asesinos" como la denominó Simón Wiessenthal, donde se acabó con la vida de miles de seres humanos entre 1941 y 1944.


Arturo González fallece de neumonía en febrero de 1945 en Meppen-Dalum. Los nazis disponían de una larga lista de enfermedades que añadir al certificado de defunción para ocultar las verdaderas causas de la muerte como el hambre, los malos tratos, el agotamiento por el trabajo forzado o el asesinato.


Los ocho vigueses que consiguieron sobrevivir al horror, jamás lograron olvidar la terrible experiencia padecida. No sólo eran supervivientes, eran testigos del asesinato de sus compañeros y de miles de seres humanos, cuyo sufrimiento fue inconmensurable.

Excepto Mercedes Núñez, (la primera persona que confeccionó un listado de los deportados gallegos) fallecida en Vigo en 1986 sin conseguir de las autoridades gallegas y estatales el reconocimiento a los deportados, a pesar de su esfuerzo tenaz en la lucha por la memoria, ninguno de los que sobrevivieron regresó a España. 

 Se desconoce la fecha de la muerte de Marcelino Mariño, Eudaldo Martínez y Manuel Sánchez. José Novoa muere en 1981 en el Hospital Varsovia de Toulousse; Francisco Rodríguez en 1992 en Mulhouse; Antonio Hoya en 1993 en Mimet y Antonio Ignacio en 1996 en Hauts de Seine. 


Trece deportados desconocidos para los ciudadanos de Vigo, Galicia y España. Una pequeña parte de un contingente humano a los que el franquismo enterró en la sombra y a los que debemos recuerdo, reconocimiento y homenaje, porque en esta España tan precaria en memoria, hay que seguir insistiendo en que el olvido es inadmisible. 


Ya lo escribió Eli Wiesel, prisionero de Buchenwald y Auschwitz, Premio Nobel de la Paz en 1986: "La respuesta es la memoria, la única respuesta. Dile a los que quieran saberlo que nuestro dolor es auténtico, nuestra perplejidad infinita y el agravio profundo".                    (María Torres / Faro de Vigo, 28 de enero de 2018)

31/1/18

La élite económica británica se da un festín de acoso sexual en Londres

"360 representantes de la élite económica británica con algunos nombres de la política y la industria del espectáculo. 130 jóvenes a las que se ordenó que llevaran vestidos negros estrechos, ropa interior del mismo color y zapatos con tacones altos (“zapatos NEGROS sexis”). Debían ser “altas, delgadas y guapas”.


360 hombres que sólo tenían que soltar dinero en unas subastas benéficas (para ganar la oportunidad de una comida con el ministro Boris Johnson o tomar el té con el gobernador del Banco de Inglaterra) y a cambio pasárselo bien con un montón de chicas guapas. 130 mujeres que debían ayudarles a disfrutar de una agradable velada. Charlar con ellos, servirles copas, bailar en la pista… Los puntos suspensivos quedaban para la imaginación de ellos.

360 hombres con mucho dinero asistentes a un acto que obtiene grandes cantidades en Londres, con destino por ejemplo a hospitales (el pasado jueves recaudó dos millones de libras). 130 mujeres a las que se pagó 150 libras por trabajar en la fiesta, más otras 25 para el taxi.

360 hombres que tenían vía libre para conversar con las chicas en la velada, y también para tocarles el culo, las piernas, sentarles en las rodillas o invitarlas a su habitación en el Hotel Dorchester, de cinco estrellas y situado cerca de Hyde Park, donde se celebró el acto. 130 mujeres que debían soportar ese trato. Sólo si la situación se ponía realmente violenta podían pedir ayuda a alguno de los encargados.

Lo ha contado el Financial Times, que introdujo de incógnito a dos de sus periodistas para que hicieran esa noche el papel de azafatas. El artículo lo firma Madison Marriage.
El acto se llama The Presidents Club y se celebra desde hace 33 años.

“Durante seis horas, muchas de ellas tuvieron que soportar tocamientos, comentarios lascivos y constantes peticiones para que subieran a los dormitorios en el Dorchester. Contaron que los hombres metían la mano debajo de la falda; una dijo que un invitado le mostró el pene”.

A una chica de 19 años, un hombre de más de 70 le preguntó si era una prostituta. Algunas de las jóvenes han contado que están convencidas de que la organización contrató a prostitutas para que formaran parte del grupo de azafatas. No han dado sus nombres en público, entre otras cosas porque les obligaron antes a firmar un acuerdo de confidencialidad que les prohíbe relatar lo que sucedió en el hotel.

“Según el relato que dieron múltiples mujeres que trabajaron esa noche, los tocamientos y abusos similares se produjeron en muchas de las mesas de la sala. Otra mujer, de 28 años, con experiencia anterior en trabajos similares, mientras miraba a los ruidosos hombres que la rodeaban, comentó que todo era muy diferente a trabajos previos en este tipo de fiestas.

 En otros, los hombres de vez en cuando intentaban flirtear con ella, pero nunca se había sentido incómoda o asustada. Comentó que (esta vez) le tocaron varias veces en el culo, cadera, estómago y piernas. Un invitado se lanzó sobre ella para besarla. Otro le invitó a que subiera a su habitación”.

A cierta hora, algunas chicas intentaban pasar el menor tiempo posible cerca de esos hombres. Personas de la organización se ocupaban de pasear por la sala para animarles a que volvieran a interactuar con los invitados. En los baños femeninos, las que pasaban demasiado tiempo eran advertidas para que volvieran a la fiesta, cuenta el artículo.

Resulta improbable que este ensayo de orgía se celebrara por primera vez de esta forma en 2018 y que los 32 años anteriores hubiera sido un oasis de buenas maneras. A cambio de esas donaciones tan cuantiosas, los millonarios invitados tenían permiso para tocar carne y, si tenían suerte, llevarse a alguna a la cama.

Ninguno de los asistentes al evento puede alegar sorpresa. Los organizadores, aún menos. La ratio era de una mujer por cada 2,7 hombres. La fiesta era sólo para hombres. No llevaban acompañamiento femenino. De eso se ocupaba la organización, que también se responsabilizaba del vestuario para las chicas que no estaban a la altura de lo que se esperaba de ellas.

“Lo pensé cuando nos dieron la ropa”, dijo una chica  en una entrevista con ITV News a la pregunta de cuándo empezó a sentirse incómoda. “Teníamos que entregar los móviles. Nos dieron un vestido con falda muy corta que mostraba mucho por los lados. Mostraba una parte de los pechos. Vi a una chica con el vestido puesto y me dejó en shock. Ahí fue cuando empecé a sentirme mal”.

La mayoría de los asistentes eran directivos empresariales o financieros, las piezas más codiciadas en una subasta benéfica ( aquí hay una lista con los nombres que tenían puesto reservado en las mesas). En cierto modo, una parte de la élite económica del país.
Ahora imaginemos que si ese es su comportamiento en público –aunque en un acto de asistencia reservada a invitados–, cuál será su actitud en sus respectivas compañías si surge alguna acusación de acoso sexual o conducta claramente inapropiada. 

Cuál será el ambiente de trabajo y qué normas, o ausencia de ellas, habrá ante cualquier situación conflictiva.

Entre los asistentes estaba el viceministro de Educación  Nadhim Zahawi, cuya responsabilidad, lo crean o no, reside en asuntos relacionados con la familia y la infancia. Afirma que abandonó el acto muy pronto molesto con el cariz que estaba tomando. De momento, sólo ha recibido una “reprimenda”. 

Luego dijo que condenaba los hechos y que  nunca volvería a asistir a un acto reservado sólo para hombres. Ha tardado mucho tiempo en darse cuenta de eso. 

Después de la publicación del artículo, la organización afirmó en un comunicado que sus responsables estaban “escandalizados” por lo ocurrido. “Esa conducta es totalmente inaceptable”. Lo que es increíble es que demuestren tanto descaro para descargar responsabilidad en un acto que se celebró exactamente como ellos habían previsto. Y por la cantidad recaudada, seguro que lo consideraron un éxito.

No es extraño que la repercusión obtenida por el artículo del FT haya hecho que el denominado The Presidents Club anuncie que pone fin a sus actividades.

“Lo que ocurrió fue que compraron a mujeres como cebo para hombres ricos a menos de una milla de donde estamos ahora como si eso fuera una conducta aceptable. Y es completamente inaceptable”, dijo en el Parlamento la diputada laborista Jess Phillips.

Las chicas tenían permiso para beber alcohol. Incluso les animaron a hacerlo si era necesario. Los hombres casi les obligaban a seguir bebiendo y unas cuantas acabaron completamente borrachas. Obviamente, eran más vulnerables en esos momentos. Todo estaba preparado para que se convirtieran en víctimas del acoso.

Por eso era una fiesta sólo para hombres."                   (Guerra eterna, 25/01/18)